Parque Nacional Alejandro de Humboldt

 

Por Pablo Soroa Fernández y Jorge Luis Merencio Cautín
Períodico Venceremos, Guantánamo

 

El Parque Nacional Alejandro de Humboldt es el núcleo principal de la reserva de la biosfera Cuchillas del Toa, ese emporio natural lo comparten las provincias Guantánamo y Holguín. En sus 700 kilómetros cuadrados –apenas el 0,000002 por ciento de la extensión ocupada por las áreas protegidas en la superficie del planeta-, el Parque Nacional Alejandro de Humboldt(PNAH) atesora el dos por ciento de las especies de la flora mundial, la mayor densidad vegetal del archipiélago cubano, y del Caribe insular, que a su vez posee la mayor del mundo, y uno de los mayores endemismos del globo terráqueo.

Es la zona menos explorada del país y debe su nombre a ese eminente científico alemán –calificado por José de la Luz y Caballero como el Segundo Descubridor de Cuba- quien recorrió dos veces la isla: la primera entre el 24 de noviembre de 1800 y el 5 de marzo de l80l, en compañía del afamado botánico francés Aime Bopland, y la segunda en 1804 después de su larga excursión hacia el Nuevo Mundo. Núcleo principal de la reserva de la biosfera Cuchillas del Toa, ese emporio natural lo comparten las provincias Guantánamo y Holguín. En sus montañas, mesetas, caudalosos ríos, llanuras, bahías de bolsa, arrecifes coralinos y cayos habitan 905 endémicos de la flora –la tercera parte de los reportados en el archipiélago cubano-, muchos de ellos exclusivos de la región y en algunos casos circunscritos a localidades de sólo varias decenas de metros cuadrados.  

El parque constituye uno de los mayores y más complejos representantes de los bosques pluviales húmedos tropicales de las Antillas. Expertos indican que el parque es uno de los principales centros evolutivos, puente biogeográfico y sitio de refugio miocénico-pleistocénico (fundamentalmente en la época glacial) de la biota caribeña y americana, además de constituir uno de los mayores y más complejos representantes de los bosques pluviales húmedos tropicales de las Antillas.

En la I Conferencia Científica Internacional sobre el bicentenario de la primera visita de Alejandro de Humboldt a Cuba, celebrada en Baracoa, Primera Villa de Cuba, el profesor Doctor E. Kohler, de la Universidad Humboldt, de Berlín (colaboradora con la también alemana de Jena en el desarrollo del Parque), expuso que en éste se localizan "elementos de las floras más antiguas de Cuba, con importantes relictos como la Dracaena cubensis, el árbol dragón cubano, cuyos parientes encontramos en las Canarias, en Africa del Norte y Madagascar".

El científico germano es promotor de un proyecto de investigación (con estudiantes universitarios de carreras afines a Botánica, Zoología y Ecología) para inventariar esta biodiversidad y crear un herbario, por cuanto "las colecciones botánicas son archivos insustituibles del patrimonio natural nacional, pues documentan no sólo la diversidad sincrónica, sino también los cambios en el tiempo, los cuales no serían determinables sin tales pruebas".

El carpintero real. Los bosques del PNAH sirven de refugio a gran cantidad de especies endémicas, residentes y migratorias de aves (cotorras y cateyes, entre ellas), y la parte marina alberga una significativa colonia de manatíes. Anfibios, reptiles y peces valiosos no escasean, y entre los últimos descuella uno de los pocos endémicos de agua dulce de nuestro país: la Gambusia punctata.

Una investigación llevada a cabo por especialistas del propio Parque, del Instituto de Ecología y Sistemática y del Centro Nacional de Areas Protegidas concluye que “importantes aspectos sobre los mamíferos están pendientes de dilucidar, debido a la escasez de material óseo colectado.

La Fundación Alemana para la Conservación de Bosques Tropicales (ORO VERDE), aportó en los últimos años alrededor de cien mil dólares para fortalecer la infraestructura del parque nacional Alejandro de Humboldt, financiamiento que complementa felizmente el que garantizan el Estado cubano y la Sociedad Cubana para la Promoción de las Fuentes Renovables de Energía (CUBASOLAR).

Esa contribución permitió crear una parcela para colectar plantas y animales, una biblioteca, confortables cabañas, edificios socioadministrativos, y la adquisición de vehículos de montaña, medios computarizados, accesorios, materiales de oficina, además de ropa, calzado y otros bienes para científicos, técnicos, guardaparques y demás trabajadores de la entidad.

La bahía de Taco, en Baracoa, uno de los valores del Parque Nacional Alejandro de Humboldt. El ingeniero Rolando Villaverde, jefe del grupo técnico del PNHA, explicó a Venceremos que los estudios y monitoreos que ejecutan desde hace tres años y deberán concluir en el 200l, permitirán contar con un plan oficial de manejo, como establece el reglamen- to para áreas protegidas.

Precisa el entrevistado que desde 1995 trabajan mediante planes operativos anuales en los sectores Cupeyal del Norte y Ojito de Agua, que junto a La Melba y Baracoa, son los cuatro que conforman esta valiosa área protegida. En 1997 y l999, respectivamente, se incorporan los restantes.

Entre las tareas vencidas por este colectivo de trabajadores –60 en total, todos de la zona y la mitad guardaparques-, para conservar los valores de la región, figuran la plantación de más de 60 hectáreas con distintas especies de árboles en peligro de extinción (incienso, zapotillo, azulejo y ácana, entre otros) y el tratamiento silvicultural a una extensión casi similar, a la que se aplicó raleo, limpia, aclareo y corta sanitaria. Se aplicaron métodos antierosivos: barreras vivas y tranques, y corrección de las llamadas “cárcavas”, grandes zanjones provocados por la lluvia, inadecuados drenajes y otros factores naturales y antrópicos.

Trochas contra incendios surgieron en lugares inaccesibles, con el fin de preservar más de 14 mil hectáreas de bosques, que en época de sequía corren el riesgo de ser pasto de las llamas.

Más de 14 mil hectáreas de bosques tiene en su territorio el Parque Nacional Alejandro de Humboldt. Las 22 comunidades vinculadas al PNAH –siete de ellas dentro de sus límites- fueron en épocas pretéritas agentes involuntarios del deterioro de aquél, al practicar talas indiscriminadas y contribuir negligentemente a la proliferación de fuegos. Gracias al esfuerzo conservacionista al que asisten y a una respetable labor de educación ambiental –iniciada desde la escuela-, ellos constituyen hoy los celosos guardadores de este escenario natural que tanto atrae a los practicantes internacionales del llamado turismo de naturaleza y que todo cubano debería conocer, sin dilaciones de ninguna clase.

 

 
 

 
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