|
|
Todo lo que se relaciona o interactúa con nuestra persona, o sea, nuestro medio ambiente, no es sólo el aire que nos rodea, las plantas, los animales, los ríos y los mares, las casas, las fábricas, los equipos, la radiación solar, la radiación cósmica, etc. Para nosotros, el elemento más importante de nuestro medio ambiente, por su gran influencia interactiva, son los seres humanos que nos rodean, con su forma de pensar y actuar.
Se habla mucho sobre la contaminación ambiental en su aspecto físico. La destrucción de la capa de ozono. La desertificación de las tierras. El calentamiento global. La destrucción de las cuencas hidrográficas, de los bosques, de las tierras fértiles, la contaminación de los ríos y los mares, de la atmósfera, etc. Pero se habla poco sobre la contaminación ambiental en su aspecto espiritual o mental.
Sin embargo, si profundizamos, vemos que la causa principal de la contaminación física del medio ambiente, está en la contaminación mental.
Cuando un ser humano contamina indiscriminadamente el medio ambiente, está manifestando carga energética negativa, su egoísmo, su individualismo, su incapacidad de pensar en los demás, ni en el presente ni en el futuro. Está demostrando su contaminación mental.
Cuando familiares, maestros u otros adultos con mentes corrompidas, tratan de formar a los niños en el consumismo, el individualismo, el egoísmo, el odio a los pobres, la discriminación racial o de cualquier tipo, están contaminando una de las cosas más preciadas de nuestro medio: los niños.
Cuando estos niños con mentes contaminadas crecen pueden llegar a ser monstruos de mentes corruptas portadoras de tanta energía negativa, suficiente para acabar con pueblos enteros, como los que exterminaron millones de seres humanos en la Segunda Guerra Mundial, los que tiraron las bombas en Hiroshima y Nagasaki, los que hicieron la guerra en Vietnam, en el Medio Oriente, en Yugoslavia.
Monstruos que se enriquecen cada vez más a costa de la droga, de la prostitución, y del trabajo de los humildes sin importarle que, debido a la política impuesta con el poder del dinero, de las armas y de la mentira, mueran millones de niños y adultos cada año de hambre y enfermedades curables.
Monstruos que son capaces de comprar niños robados, principalmente en países pobres, para usarlos en la prostitución infantil o extraerles sus órganos e injertarlos en los futuros monstruos que están criando.
Monstruos como los que secuestraron al niño cubano Eliancito en la guarida miamense de los mafiosos anticubano-americanos. Los que volaron en pleno vuelo el avión de Cubana en Barbados. Los que prohiben la venta de todo producto a Cuba, incluyendo medicinas y alimentos para intentar doblegar a nuestro pueblo por hambre y enfermedades. Los que han hecho y siguen haciendo todo lo posible por exterminar al pueblo cubano.
¡En cuál medio ambiente quieren que viva Eliancito!
¿Qué será de ese niño si se forma dentro de esa contaminación?
¡Qué diferencia tan grande con el que tiene Eliancito en Cuba: Sano, lleno de humildad, de bondad, de humanidad, de amor!
¡Cuánta energía positiva han demostrado tener su padre, sus abuelas, sus abuelos, su bisabuela, su maestra, sus amiguitos! ¡Cuánta energía positiva ha demostrado tener el pueblo de Cuba!
Este, y no otro, es el medio ambiente que queremos para Eliancito y para todos los niños del mundo.
Tomado de la revista Energía y Tú, Número 9. Enero-Marzo del 2000

|
|