|
|
El valor de los sitios sagrados
Por Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz y embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO.
No es casualidad que muchas
"áreas protegidas" sean zonas que han sido pobladas
y conservadas por indígenas, sostiene la Premio Nobel de la
Paz. "Desde nuestro origen y bajo cualquier latitud...
hemos considerado a la tierra como algo sagrado".
La madre tierra es para nosotros,
los pueblos indígenas, sinónimo de fuente de riqueza económica y
medio de subsistencia gracias a que nos da el maíz, elemento esencial
de nuestras vidas. Pero no sólo eso: la madre tierra también nos
permite concebir el mundo desde una perspectiva integral.
Desde nuestro origen y bajo cualquier latitud, los pueblos indígenas
hemos considerado a la tierra como algo sagrado. Ella nos da la vida y
es parte fundamental de nuestra cosmovisión, por lo que la respetamos
y la veneramos. Hemos heredado de nuestros abuelos una convivencia
armoniosa con la naturaleza, lejos de pretender someterla como si fuéramos
sus dueños.
La tierra es raíz y fuente de nuestra cultura, a la cual tenemos que
acudir diariamente para regenerarnos. Ella contiene nuestra memoria,
ella acoge a nuestros antepasados y requiere, por lo tanto, que la
honremos y le devolvamos con ternura y respeto los bienes que nos
brinda.
Hay que cuidar y guardar la madre tierra para que nuestros hijos y
nuestros nietos sigan percibiendo sus beneficios. Si el mundo no
aprende ahora a respetar la naturaleza ¿qué futuro tendrán las
nuevas generaciones?.
A lo largo de estos últimos años, nuestra madre naturaleza ha
sufrido un deterioro, en numerosos casos irreversible. La destrucción
de bosques, la contaminación de ríos, lagos y mares, el
calentamiento global se han convertido, en este naciente siglo XXI, en
una temática de carácter prioritario si no queremos vernos
convertidos en testigos de la lenta agonía de la Humanidad.
Sin embargo, a pesar de esa marcha acelerada de la todopoderosa
modernidad hambrienta de espacios y pulmones siempre menos vírgenes,
diversas iniciativas impulsadas por personas, instituciones y
movimientos interesados en la conservación de la vida han logrado, en
muchos casos, crear las llamadas áreas protegidas y frenar la
despiadada depredación que parecía encaminada hacia un trágico
destino. Esta comunidad "conservacionista" ha actuado de
manera paralela a la experiencia ancestral que han desarrollado
nuestros pueblos.
Desde siempre, los pueblos originarios han preservado entre sus
valores la importancia de mantener una convivencia armoniosa,
equilibrada, de respeto espiritual con la naturaleza.
Por ello es que muchos de los lugares que rodean las comunidades, la
tierra donde se siembra, los bosques, los cerros, los ríos, los lagos
y otros, tienen una dimensión espiritual mayor que los convierte en
“sitios sagrados”.
Esta práctica ancestral ha sido sistemáticamente olvidada por los
gobiernos y otros sectores de las grandes ciudades. Sin embargo,
durante los últimos años existe un creciente reconocimiento a la
importancia histórica que tienen los lugares sagrados y las prácticas
tradicionales de protección de las zonas naturales que han cultivado
los pueblos indígenas.
No es casualidad que muchas de las áreas protegidas por los
ambientalistas sean zonas que han sido pobladas, trabajadas y
conservadas por pueblos indígenas, los cuales, por medio de su
tradición, su cultura y sus propios contextos ambientales, han sabido
transmitir por generaciones el respeto a la madre tierra.
Muchos de las iniciativas de los gobiernos o las instituciones
nacionales e internacionales para conservar la naturaleza chocan con
los pueblos indígenas, ya que se desconoce el valor de sus lugares
sagrados y sus prácticas tradicionales.
Por eso es necesario impulsar nuevos procesos de intercambio de
experiencias y posteriores alianzas entre la comunidad interesada en
preservar la naturaleza y los pueblos indígenas.
Con una mejor comunicación, una disposición a escuchar, entender y
asimilar las prácticas ancestrales de los pueblos indígenas, los
organismos nacionales e internacionales genuinamente preocupados por
nuestra fauna y flora, enriquecerían sus estrategias para establecer
iniciativas viables y perdurables para revertir el terrible deterioro
ambiental. Eso permitiría además lograr la supervivencia y el manejo
efectivo de los sitios sagrados y tradicionales de nuestros pueblos.
Con iniciativas de este tipo podremos revertir, no sólo el deterioro
ambiental, sino asimismo otros aspectos discriminatorios del
conocimiento indígena.
Publicado
en Tierramérica ( IPS )

|
|