LAS ONGS CUBANAS E INTERNACIONALES
RADICADAS EN CUBA ANTE LA CUMBRE MUNDIAL SOBRE DESARROLLO SOSTENIBLE

CONTRIBUCIÓN AL FORO GLOBAL

Johannesburgo, Agosto 19 a Septiembre 4 del 2002.
 

 


INTRODUCCIÓN

El propósito esencial de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, a efectuarse próximamente en Johannesburgo, es revisar el cumplimiento de las metas y compromisos contraídos en la llamada Cumbre de la Tierra, efectuada en Brasil en 1992, centrando su atención en el programa de trabajo conocido como la Agenda 21, cuyo objetivo es lograr que el desarrollo del mundo se realice sobre bases de sostenibilidad y en esa forma salvar al planeta de su ya evidente proceso de destrucción, alcanzando a la vez una distribución de la riqueza que sea justa y equitativa para los pueblos víctimas del subdesarrollo y la explotación.

La situación mundial hoy día, dista mucha de la que existía diez años atrás, cuando un espíritu de cooperación y concientización ante los problemas de la humanidad parecía emerger sobre las actitudes egoístas e irresponsables de la mayor parte de los causantes principales de ese estado de cosas. Las realidades del mundo unipolar del presente, lejos de fortalecer y estimular una concertación universal para avanzar sobre aquel camino, tornan más trágico y sombrío el cuadro que ahora se muestra para nuestro análisis. Los países desarrollados, de espaldas nuevamente a la dura realidad económica, social y ambiental del planeta, se resisten a cumplir los compromisos que contrajeron entonces, rechazando incluso acuerdos anteriores adoptados con iguales propósitos. El bloque integrado por Canadá, Japón, Australia, Noruega y Nueva Zelanda, bajo el liderazgo de los Estados Unidos de América, no respalda la identificación de las necesidades de recursos financieros, ni la transferencia de tecnologías, sobre bases preferenciales y pugna por la reducción o la negación de la asistencia técnica, sin tener en cuenta los efectos de tal actitud en cuestiones vitales como el medio ambiente o de orden social como la pobreza o las enfermedades. Otros países desarrollados acompañan en muchos aspectos posiciones tan negativas y peligrosas.

La sociedad civil tiene ante sí un reto de cuyo resultado dependerá también su propia suerte, pues el cuidado de la naturaleza y la preservación de la Tierra y la especia humana atañe a todos, sin distinción de ricos y pobres. Los problemas ambientales ponen en peligro el mañana de la humanidad. Los pueblos del Tercer Mundo, principales víctimas de la explotación y el hambre, alzan su voz para demandar un nuevo orden mundial que ponga fin a la demencia que hoy amenaza al mundo.

En Sudáfrica debe adoptarse un plan que agilice la puesta en práctica de la Agenda 21 y que identifique de manera clara los términos referidos al cumplimiento de las acciones previstas, así como sus costos, fuentes de financiamiento y los responsables.

Con el propósito de contribuir al debate que nos conduzca a tales resultados en esta Cumbre Mundial, las ONGs cubanas e internacionales radicadas en Cuba, han consensuado el presente documento, en el que analizamos cada punto de la agenda a debatir y fijamos las posiciones ante ellos.
 

1.- IMPLEMENTACIÓN, MONITOREO Y CUMPLIMIENTO DE LOS OBJETIVOS MEDIOAMBIENTALES

Las ONGs cubanas que participaron en el Forum del Milenio (Nueva York, mayo del 2000), en el documento conjunto que elaboraron para dicha ocasión, referían cómo la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, celebrada en 1995 en Copenhague, consideró la erradicación de la pobreza como un imperativo ético, social, político y económico de la humanidad, y reafirmó, realzándolos, los criterios sobre el desarrollo sostenible y el medio ambiente que la Conferencia de las Naciones Unidas para estos temas efectuada en Río de Janeiro, Brasil, en el año 1992, había ya dejado sentados como resultados de aquella reunión, plasmados en la Agenda 21.

En el Forum del Milenio, realizado ocho años después de la Conferencia de Río de Janeiro, la gran mayoría de las ONGs de los países del Tercer Mundo coincidieron en destacar que si bien la Agenda 21 significó un paso de avance importante en la lucha de los países subdesarrollados por alcanzar un mundo más justo y equitativo, no era menos cierto que las metas propuestas en ella no habían alcanzado su materialización más efectiva. Esta valoración resulta totalmente vigente, pues al cabo de diez años de aquella Conferencia se advierte con preocupación el peligro que acecha en esta Cumbre Mundial de Johannesburgo de que los avances logrados diez años atrás puedan sufrir un golpe sensible, al constatar cómo la situación internacional se muestra mucho más compleja y adversa para la realización de aquellas aspiraciones.

Al inicio de la década que analizamos a partir de la Conferencia de Río, observamos que múltiples gobiernos, en el plano nacional, asumieron los objetivos fijados para el desarrollo sostenible, y al efecto multiplicaron la institucionalidad ambiental, promulgando leyes que recogían varios de estos objetivos. En el plano internacional suscribieron o ratificaron distintos convenios relacionados con la protección al medio ambiente.

La agudización de las crisis económicas en varios países y la inseguridad que ello conlleva para el resto de los países en un mundo globalizado bajo el signo neoliberal, han devenido factores negativos que frenan o impiden la aplicación de políticas de desarrollo sostenible que propicien el desarrollo económico, la igualdad social y la protección al medio ambiente. Más bien, han favorecido la tolerancia de los gobiernos y la complicidad con las prácticas depredatorias que históricamente han caracterizado la actuación de las empresas transnacionales, en alianza con las oligarquías nacionales, con su secuela de inequidad social.

El bloque de países desarrollados, al imponer a los países subdesarrollados su escala de valores, su sistema económico y sus formas de gobierno, expande también por el mundo sus hábitos depredadores de producción y consumo. Como consecuencia, la deforestación elimina cada año millones de hectáreas de bosques, la erosión del suelo ha destruido millones de toneladas métricas de la capa vegetal y la creciente desertificación afecta millones de hectáreas de suelos. Una considerable parte de todas las especies podrían desaparecer en los próximos años, lo que constituye una grave amenaza para la biodiversidad. La contaminación del aire, el agua, los ríos y los mares, pone en peligro la vida de poblaciones enteras.

Este cuadro alarmante, presentado por las ONGs cubanas ante el Forum del Milenio hace dos años, se ha agravado. Los países desarrollados, máximos responsables de las afectaciones del planeta, al imponer la globalización neoliberal han producido en la práctica la imposibilidad de que países con una mayor voluntad política y sensibilidad ante los problemas ambientales puedan poner en práctica sus estrategias sobre este tema.

Los efectos negativos del reforzamiento del efecto invernadero y el cambio climático ya se han dejado sentir en las regiones más vulnerables del planeta, incluidos pequeños estados insulares, algunos de los cuales como las Islas Maldivas y Tuvalu, podrían desaparecer como consecuencia de la elevación del nivel del mar. Estados Unidos de América, que encabeza el bloque de países desarrollados, hoy por hoy, es el más influyente promotor de las posiciones que impiden una solución justa y razonable que ponga fin a la destrucción paulatina del planeta. No obstante que resulta el país más contaminador, responsable directo del 25 por ciento de los gases efecto invernadero que se lanzan al espacio, ha renunciado a ratificar el Protocolo de Kyoto. La insensibilidad con que se manifiesta la actual administración norteamericana, que tolera la actividad indiscriminada de industrias petroleras, incluso en zonas protegidas de su territorio nacional como Alaska, pone en una grave situación al mundo entero.

La influencia política y económica de EE.UU. y otros países desarrollados sobre instituciones multilaterales como son el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha sido un factor negativo, al utilizar dichas instituciones como instrumentos de imposición a los países subdesarrollados de la globalización neoliberal, con el consecuente resultado de comprometer el cumplimiento de los acuerdos de la Agenda 21, bien sea al debilitar la autoridad de sus mecanismos de implementación internacional o al reducir los fondos indispensables para su materialización.

Las fuerzas hegemónicas devenidas en centro de poder universal, aspiran a que, a través del modelo neoliberal que solo beneficia a las grandes transnacionales, se logre un mundo homogeneizado que haga más viable su control, indiferente a los peligros que acechan al planeta y a los grave problemas que ocasiona a la humanidad. Johannesburgo constituye un nuevo escenario de la batalla que libran las fuerzas progresistas y conscientes de la sociedad civil, frente a esta diabólica pretensión de los que solo toman en cuenta los intereses lucrativos de sus empresas multimillonarias. En esta Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible habrá que defender el compromiso nacido de la Agenda 21 y no permitir que la amenaza o la fuerza de los poderosos nos impongan sus valores, cuestionables por la distorsión y la doble moral con que los aplican dichos promotores.

Estamos convencidos de que las iniciativas y alianzas bilaterales o subregionales, si bien son estimuladoras de las acciones para lograr un desarrollo sostenible, no deben suplantar el rol y liderazgo de los gobiernos ni de las organizaciones internacionales, de las cuales los Estados son miembros, ni diluir el papel de la cooperación internacional multilateral. Johannesburgo en ningún caso debe ser la Cumbre de las Iniciativas de Tipo II, en la que se mezclan de manera desregulada los gobiernos, las ONGs y el sector privado.

Las ONGs cubanas defendemos el multilateralismo como el mecanismo idóneo para alcanzar las metas del Derecho Sostenible.

Los Estados miembros no deberían respaldar decisiones como las que afloraron en Monterrey, en la Cumbre de Financiamiento al Desarrollo, que evaden adoptar metas concretas o desarrollar estrategias que conduzcan a la verdadera solución de los problemas planteados al respecto. Sin un Plan de Acción adecuado, los propósitos para enfrentarlos no serán más que inútiles declaraciones de buena voluntad.

Los países desarrollados, lejos de transferir y compartir sus conocimientos y tecnologías de punta, sostenibles y limpias, a favor de los más necesitados, vienen actuando de modo tal que la actividad científica y sus resultados en los países subdesarrollados son objeto de crecientes medidas de protección y privatización a favor de aquellos y de las grandes corporaciones transnacionales. La pretensión de imponer su manejo como simples mercancías, aleja la posibilidad de su utilización debida en favor de la solución de los problemas ecológicos más graves y de las necesidades concretas del desarrollo sostenible para todos los países. En el Tercer Mundo, difícilmente se mejoraran los índices de contaminación ambiental si no se dispone de los recursos financieros y la tecnología ambientalmente idónea para avanzar en esa dirección. En efecto, el proceso de negociación desarrollado a nivel gubernamental a lo largo de estos dos últimos años para llegar a Johannesburgo, ha puesto al desnudo las aspiraciones de muchos gobiernos de los países desarrollados que impulsan políticas neoliberales, de consolidar esta práctica.

La Conferencia de Naciones Unidas en Estocolmo en 1972 sobre el Medio Humano, que marcó las primeras pautas para el desarrollo sostenible, es hoy ya una lejana referencia. La Agenda 21, acordada en Río de Janeiro en 1992, es realmente el único punto de partida posible para revertir la realidad de los países subdesarrollados. Las Naciones Unidas resultan el lugar indicado para las negociaciones globales sobre el medio ambiente. Las ONGs cubanas reiteran su apoyo al principio de responsabilidad común, pero diferenciada y el reconocimiento de la deuda ecológica del mundo industrializado.

Por otra parte, los gobiernos de la mayoría de los países desarrollados están intentando privilegiar la iniciativa privada y el mercado como mecanismo "mágico", capaz de dar un nuevo y mayor impulso a la implementación de los acuerdos que se deriven de la Cumbre de Johannesburgo, relegando la responsabilidad que deben contraer los Estados de modo ineludible, a fin de alcanzar el desarrollo sostenible. Corresponde a esta Cumbre promover acciones políticas efectivas para resolver los más graves problemas ambientales y sociales, y enfrentar la actividad de las Transnacionales, y no edulcorar la imagen de estas empresas dándoles mayor protagonismo a las iniciativas conocidas como de Tipo II o Acuerdos de Asociaciones públicas y privadas.

Las corporaciones transnacionales han logrado en estos 10 años de globalización neoliberal un poder económico y político que las ha convertido en las artífices de las políticas de los países desarrollados. A través de los gobiernos de sus respectivos países han alcanzado un poder de influencia prácticamente ilimitada en los principales organismos económicos y financieros internacionales. Con agresivas campañas de marketing para sus iniciativas, han logrado eliminar la posibilidad de que se adopten regulaciones obligatorias para sus actividades y ser presentadas como un factor clave en la solución de los problemas de los países subdesarrollados, haciendo desaparecer toda sospecha de su responsabilidad en la agudización de los problemas sociales y económicos, de violaciones masivas de derechos humanos y de la degradación del medio ambiente.

 
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