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DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN. ¿COMERSE LA BIODIVERSIDAD?
Manuel Vázquez - Prensa Latina
Dicen los nutricionistas que uno es lo que come, lo cual desde cierto punto de vista es cierto. Ahora bien, si ello es así, ¿que son entonces los 840 millones de seres humanos que no tienen alimentos que llevarse a la boca?
¿Se atreverá alguien a asegurar, entonces, que no son nada?
Cualquiera que sea la respuesta, sin dudas puede hacer meditar sobre los preocupantes ritmos de disminución del hambre en el mundo, el cual deja mucho que desear, por lo cual durante los próximos decenios, y probablemente centurias, ese flagelo seguirá segando vidas en las naciones más pobres.
Simplificando, para ponerle fin deben combinarse adecuadamente dos condiciones sine qua non: a saber, el mejoramiento genético de cultivos existentes para la obtención de nuevas variedades más productivas, resistentes a plagas y a condiciones ambientales severas.
Además lograr una distribución justa y eficiente que haga llegar los nutrientes de forma aproximadamente pareja a todas las regiones del planeta sin excluir a ninguna comunidad.
En cuanto al primer punto, los expertos señalan preocupados como las reservas de plantas y animales que mayormente se emplean en la alimentación humana no se aprovechan adecuadamente. De hecho, de los cerca de 1,4 millones de especies vivas que existen, el hombre emplea sólo 14 de mamíferos y aves en su dieta.
Por mucho que sorprenda el dato, esa cifra palidece en cuanto a los recursos vegetales, pues apenas cuatro especies -el trigo, el maíz, el arroz, y las papas- proporcionan la mitad de la energía que la humanidad obtiene de las plantas.
Preocupante evidencia de cómo la agricultura moderna, heredera de aquella que hace 10 mil años empezó a cambiar el aspecto del planeta, ha alentado a muchos agricultores a adoptar sólo unos pocos tipos uniformes de plantas o animales de alto rendimiento.
Por si fuera poco, según un documento divulgado por la FAO en ocasión del Día Mundial de la Alimentación bajo el lema La biodiversidad al servicio de la seguridad alimentaria, en los últimos 100 años se han perdido unas tres cuartas partes de la diversidad genética de los cultivos agrícolas.
Y de seis mil 300 especies de animales, mil 350 están en peligro de extinción o ya han desaparecido.
Ante esos hechos, alerta esa organización, se hace evidente la importancia de mantener e incrementar la diversidad biológica, pues cuando se abandona su cuidado, las variedades vegetales y las razas pueden extinguirse.
Al mismo tiempo, disponer de una amplia variabilidad genética posibilita que los científicos produzcan cultivos y animales más productivas, incorporando eventualmente nuevas especies al menú humano.
La protección de la biodiversidad, de la cual formamos parte indisoluble, tiene otros aspectos menos visibles, pero no por ello de segundo nivel de importancia, pues todos los sistemas naturales están muy estrechamente entrelazados, y de afectarse uno de sus componentes, los otros sufrirán necesariamente.
La conservación de las plantas, los animales y su medio ambiente, contribuye a mantener una pluralidad de sistemas esenciales para la naturaleza.
Por ejemplo, el ganado, los insectos, los hongos, y los microorganismos descomponen la materia orgánica y transfieren los nutrientes al suelo. Asimismo, las abejas, mariposas, aves y murciélagos, polinizan los frutales, proceso sin el cual estos no existirían, y nadie pudiera saborear una nutritiva fruta.
Los pantanos, de poco atractivo entre quienes no conocen de su esencial papel en los diferentes ecosistemas naturales, entre otras capacidades, tienen la de filtrar los contaminantes.
Por otra parte, los bosques, cuya superficie a nivel mundial es cada vez menor, impiden las inundaciones y reducen la erosión. Por último, los depredadores naturales, con frecuencia perseguidos y eliminados por los agricultores, controlan el crecimiento de las poblaciones de aquellas especies de las cuales se alimentan.
De ahí la importancia, resalta este año la FAO, de mantener la biodiversidad en las granjas y la naturaleza, donde puede evolucionar y adaptarse a las nuevas condiciones, así como incrementar los esfuerzos para conservar plantas y animales en los bancos de genes, jardines botánicos, y zoológicos.
Por esa línea de acción, sin pensar en que deba preservarse el entorno como antes del surgimiento de la humanidad, puede avanzarse en la utilización sostenible de todos los recursos naturales, es decir, de un modo que no provoque la maldición de nuestros nietos por el estado en que le hemos dejado el planeta.
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