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El ciclo del hidrógeno
solar y los nuevos materiales
Elena Vigil.
Cátedra de Energía Solar, Instituto de Materiales y Reactivos,
Facultad de Física, Universidad de La Habana.
Resumen
Se calcula que las reservas conocidas y estimadas de petróleo y
gas natural serán suficientes sólo para una primera parte
de este siglo considerando el actual ritmo de crecimiento en su uso, por
lo que también los precios deben ir en aumento. Por otra parte,
la explotación de los combustibles fósiles debe frenarse
con urgencia por las afectaciones que origina al planeta. Por estas razones,
grandes cambios en la infraestructura del sistema energético están
llamados a ocurrir en el futuro no tan distante.
Dentro de este contexto, la energía solar debe desempeña
un papel preponderante.
Para el aprovechamiento de la energía solar de forma directa se
utilizan las conversiones térmica y fotovoltaica. Dado el carácter
no permanente de la radiación solar originado por las noches y
otros fenómenos climáticos no periódicos, se hace
indispensable contar con formas eficientes de almacenamiento y transporte
de la energía. En este sentido, el almacenamiento y uso del hidrógeno
como portador energético se avisora como solución óptima.
El perfeccionamiento y creación de sistemas para aprovechar la
energía solar, almacenarla y transportarla en forma de hidrógeno
pasa en todos los casos por el desarrollo de nuevos materiales. Con éstos
se logrará llevar a la práctica tecnologías hasta
hoy no rentables o desarrollos aún inexistentes.
En este trabajo se fundamenta la necesidad imperiosa de modificar nuestro
sistema energético basado en las energías fósiles
y se argumenta que es la energía solar la llamada a sustituirlas.
Después se analiza la importancia de los nuevos materiales para
llegar a lograr este objetivo y su "estado del arte", fundamentalmente
de los materiales para la utilización del hidrógeno como
portador energético.
I. Necesidad del
uso de la energía solar. Energías fósiles vs. energía
solar
Entre las ventajas de las llamadas "energías duras" están
su fácil almacenamiento y transportación, así como
las tecnologías ya maduras para su explotación. No por gusto
la utilización de combustibles fósiles (petróleo,
gas, carbón) cubre más del 80 % de la demanda mundial, y
la energía nuclear alrededor de 5 % [David, 1990]. Sin embargo,
todas ellas son extinguibles, fuertemente contaminantes, concentradas
en pocas regiones de la Tierra, en las manos de multinacionales y utilizadas
de forma ineficiente; su consumo se ha convertido en una fuerza destructiva.
Ya hoy los daños ecológicos y sociales son de grandes dimensiones
y están en continuo aumento [Bockris et al., 1991; Turrini, 1993].
Incremento en los
últimos decenios de la acidez de las lluvias en más
de un 10 %.
Los ácidos sulfúrico, nítrico y carbónico
en la lluvia, formados a partir de los óxidos correpondientes presentes
en la atmósfera producto de la combustión del petróleo,
son responsables de daños considerables a lagos, ríos, océanos,
bosques, plantaciones, edificaciones, animales, y humanos. Por ejemplo,
catorce mil lagos en Suecia se han adicificado y de ellos cuatro mil ya
no tienen peces. El costo anual para neutralizar la acidez de estos lagos
en Suecia fue calculado en 40 millones de dólares en 1985.
En Canadá muchos ríos ya no permiten la reproducción
del salmón. Se ha estimado que, de continuar el actual ritmo de
crecimiento de la acidez de los océanos, a mitad del próximo
siglo los sesenta metros superiores de agua no permitirán la vida
de especies debido a su acidez. Un estudio europeo muestra que el 15 %
de las reservas forestales están dañadas, daño seis
veces mayor que la tala anual de bosques. Se estimó que en 1984
las pérdidas agrícolas en los Estados Unidos debidas a las
lluvias ácidas fueron superior a los ocho mil millones de dólares.
La lluvia ácida corroe la piedra de los edificios, incluyendo lugares
como el Partenón en Grecia, el Coliseo en Roma, la Catedral de
Nuestra Señora de París, etc. Alemania está gastando
aproximadamente cuatro millones por año para reemplazar el trabajo
en piedra de la Catedral de Colonia.
En 1984 se estimó en ciento cuarenta mil millones de dólares
anuales el total de daños a edificios históricos, públicos
y viviendas; cifra que se eleva cada año con los aumentos en el
consumo de combustibles fósiles. Cientos de especies de animales
y plantas desaparecen cada año por el aumento de la acidez del
agua con que se alimentan. Esto también afecta a los humanos. Se
ha calculado que en los Estados Unidos los efectos de las lluvias ácidas
sobre la salud en 1985, fueron de ciento ochenta millones de dólares.
Esto, desde luego, no incluye el sufrimiento humano que los acompaña.
Aumento de la temperatura
media del planeta por el efecto invernadero.
Miles de millones de toneladas de CO2 se originan
anualmente por la combustión de portadores energéticos fósiles
y la cifra va en aumento. Su acumulación en la atmósfera
ha provocado un incremento de la temperatura media de la Tierra de 0,6
oC desde la revolución industrial hasta
hoy. De continuarse utilizando las energías fósiles, la
temperatura media al final del próximo siglo habría aumentado
en 5 oC, lo cual significaría una verdadera
catástrofe por el incremento del nivel del mar, el aumento de la
frecuencia y severidad de los huracanes, los cambios climáticos
anormales que originarían sequías en algunos lugares e inundaciones
en otros, y los efectos de esta variación de temperatura sobre
todos los organismos vivos.
Ya hoy, a pesar de ser pequeño el incremento de la temperatura
media, sufrimos cambios climáticos anormales que han causado grandes
afectaciones económicas y sociales. La situación del efecto
invernadero se agrava cada día debido a que la radiación
ultravioleta que pasa a través del hueco en la capa de ozono en
la estratosfera destruye el fitoplancton; éste y los bosques afectados
por las lluvias ácidas son los mayores consumidores de CO2
de la atmósfera.
La contaminación
ambiental.
Otros contaminantes presentes en el aire producto de la combustión
del petróleo que afectan directamente la salud del hombre y otros
seres vivos son el CO, el SO2, el NO, el NO2
, el benzopireno, el peroxiacilnitrato (PAN) y el "smog".
Otros daños ecológicos son producidos por los derrames de
crudo y la existencia de valores altos de radioactividad en determinadas
regiones.
Por otra parte, son graves los daños sociales derivados de la concentración
y el monopolio de las energías fósiles, lo cual genera conflictos
armados e injerencia extranjera. Todo esto obliga a volver la vista a
las energías renovables con tecnologías que aún deben
hacerse masivas y eficientes para que no resulten más costosas
que las energías fósiles. Incluso, hoy serían más
competitivas si se añadieran a los costos de las energías
duras, el precio que todos pagamos a posteriori por daños ecológicos
y sociales.
Para que los países menos desarrollados alcancen mejores niveles
de vida deben aumentar el consumo energético. La figura 1 [Veziroglu,
1991] evidencia que existe una gran diferencia entre los consumos de los
países menos desarrollados con respecto a los más desarrollados,
por lo que evidentemente el desarrollo de los primeros, basado en las
energías fósiles, incrementaría extraordinariamente
los efectos nocivos mencionados.
En la figura 2 se muestran las reservas existentes de petróleo,
gas natural y carbón [Fullerson et al., 1990]. Puede pronosticarse
un aumento de sus precios debido a la disminución constante de
las reservas, el incremento de las dificultades para extraer las que van
quedando y los costos añadidos si se convirtiera el carbón
en combustible líquido o gaseoso. Por otra parte, los países
desarrollados se preparan para los cambios que se avecinan. Es de esperarse
una variación de la infraestructura del consumo energético,
tanto del sector poblacional como industrial, propiciando la generación
de energía cerca de donde se consume, evitando la forma concentrada
de producción de energía como en las termoeléctricas,
que se origina por la economía de escala en la utilización
de combustibles fósiles. Inversiones en estos momentos en grandes
plantas generadoras de electricidad y redes de distribución por
parte de los países en vías de desarrollo, pueden ser tardías
y volverse obsoletas e incosteable su materia prima en un tiempo menor
al necesario para recuperar dicha inversión. Todo lo anterior indica
que se debe acelerar la introducción del uso de las energías
renovables. Para los países iberoamericanos resulta particularmente
importante la conversión directa de la energía solar por
la potencialidad grande que todos poseen por su situación geográfica.
La energía irradiada por el Sol sobre la Tierra anualmente corresponde
a 1,5.l018 kWh. Un cálculo sencillo, considerando un consumo por
habitante igual al promedio actual de los países desarrollados
y una eficiencia de conversión del 10 %, arroja que se necesita
menos de la centésima parte del área terrestre para cubrir
las necesidades de toda la humanidad, con un nivel de consumo promedio
igual al actual de los países desarrollados; área que resulta
inferior por cuanto las eficiencias de conversión son mayores.
La energía solar es accesible a todos, es limpia, está descentralizada
y es inagotable por millones de años. Resulta desventajoso su manifestación
no constante (noches, nubes) y su aparente no rentabilidad hasta el momento,
ya que tiene que competir con combustibles fósiles a los que no
se les recarga el daño ecológico que ocasionan. Además,
la adquisición de la instalación implica estar pagando por
adelantado todo el combustible que se compraría en un período
entre quince y veinte años, o sea, el gasto tiene un período
largo de amortización. Es el desarrollo de los nuevos materiales
y de sus tecnologías lo que solucionará las desventajas
de su manifestación no constante y su relativo alto costo en el
presente.
II. El desarrollo
de materiales para el aprovechamiento de la energía solar
Las formas de aprovechar la energía solar son diversas: conversión
fototérmica, fotovoltaica, arquitectura bioclimática, fotólisis,
biofotólisis, efecto fotosintético (biomasa), gradiente
de temperatura de los océanos, energía eólica, saltos
y corrientes de los ríos (hidroenergía). El desarrollo de
nuevos materiales tiene repercusión de una u otra forma en todas
ellas; en algunas, de forma más esencial que en otras. Por ejemplo,
para la conversión fototérmica se investiga tanto en las
propiedades ópticas y durabilidad de los materiales para las ventanas
transparentes de los colectores planos, como en materiales aislantes,
como en los utilizados para la absorción de la radiación
o para los espejos. La conversión térmica tiene gran importancia
por su rentabilidad ya en estos momentos y su alta eficiencia (puede llegar
a 60 %).
El desarrollo de la arquitectura bioclimática depende también
de los nuevos materiales y sus tecnologías. Esto es de gran importancia
para la solución de necesidades de los países iberoamericanos
con materias primas diversas para la industria de la construcción
[Justi, 1985]. No obstante, particularizaremos en los materiales de avanzada
para la conversión fotovoltaica y aquellos que se utilizan en las
distintas partes componentes del ciclo del hidrógeno solar. Los
materiales de avanzada para estos dos objetivos son de extrema importancia,
por cuanto garantizan la descentralización del sistema energético
a partir de la autonomía de las instalaciones; inclusive, las de
relativa baja potencia. El carácter modular, como se verá
más adelante, de varias de las partes componentes del sistema "energía
fotovoltaica-hidrógeno solar", hace que haya que cuestionarse
el paradigma de las grandes plantas productoras de energía eléctrica
con sus redes de distribución.
II.1 Materiales
necesarios para la energía fotovoltaica
El efecto fotovoltaico permite la conversión directa a electricidad
de la radiación solar de forma instantánea. Otras ventajas
son:
* La ausencia de partes mecánicas articuladas en los colectores
fotovoltaicos.
* Su carácter modular (los módulos de una instalación
de 1 MW son los mismos que los de una instalación mucho menor;
sólo varía el número de módulos).
* La fácil instalación.
* El corto tiempo de puesta en marcha, inclusive para centrales grandes.
* El muy bajo costo de mantenimiento.
* Su operación silenciosa.
* Su carácter no contaminante del medio ambiente.
* Su factibilidad de almacenamiento.
Los materiales necesarios para los paneles solares no sólo comprenden
a los materiales fotovoltaicos, sino también capas delgadas para
los contactos, capas antirreflectantes, materiales poliméricos
para la elaboración y encapsulado de los paneles, etc. Sin embargo,
el elemento clave donde se decide el costo del panel y la rentabilidad
de la energía fotovoltaica es la celda solar.
Los materiales fotovoltaicos tradicionales son los semiconductores inorgánicos.
El efecto fotovoltaico se reportó en 1839 por primera vez cuando
Edmond Becquerel observó que la iluminación de un electrodo
oxidado de platino, en un electrólito, provocaba un fotovoltaje.
En 1877 se observaron efectos similares en barreras sólidas de
selenio. En 1914, celdas solares basadas en selenio presentaban una eficiencia
del 1 % [Fahrenbruch y Bube, 1983; Solar Cells..., 1995; Boschloo, 1996].
Las celdas solares de silicio monocristalino se fabricaron por primera
vez en 1954, con una eficiencia del 6 % [Chaplin et al., 1954]. Actualmente
las celdas de silicio monocristalino obtenidas a nivel de laboratorio
han superado el 25 % de eficiencia sin concentración de la luz
solar [Boschloo, 1996; Swanson et al., 1992]. Las eficiencias más
altas a nivel comercial de los paneles, no obstante, están por
debajo del 20 %. Para aumentar la eficiencia y disminuir los costos, se
continúan las investigaciones en las celdas de silicio monocristalino
en los siguientes aspectos [Swanson et al, 1992].
* Pasivación de la superficie con estabilidad mejorada y recombinación
superficial reducida.
* Reducción de la resistencia mejorando la metalización.
* Emisores de avanzada (SiC, polisilicio, etc.).
* Proceso de fabricación para reducir costos.
* Estructuras sobre sustratos de menor calidad o más delgados.
* Obtención de sustratos de bajo costo con mayor calidad.
El desarrollo de materiales ha permitido reducir los costos con las celdas
solares de silicio policristalino de granos grandes (multisilicio) y de
silicio amorfo, que también se comercializan. Presentan menores
eficiencias que las de silicio monocristalino, pero esto se compensa por
su menor costo. Las de silicio amorfo se degradan con la radiación
fuerte de luz, por lo que se han utilizado relativamente muy poco para
convertir la radiación solar, comparado con su uso en relojes,
calculadoras, etc. Ya hoy en día se comercializan también
para uso exterior. La lucha por aumentar la eficiencia y reducir los costos
también abarca otros materiales, como los compuestos III-V (fundamentalmente
el GaAs junto con la solución sólida AlxGa1-xAs),
los II-VI (CdS, CuInSe2, CdTe).
Los valores más altos de eficiencia de conversión fotovoltaica
reportados corresponden a las celdas basadas en GaAs y sus compuestos,
pero también son las más costosas. Se han utilizado donde
el factor relevante es la eficiencia y no los costos, por ejemplo, en
satélites y naves espaciales. Las celdas de II-VI se basan en capas
delgadas policristalinas que se obtienen con tecnologías muy baratas.
Se han obtenido ya eficiencias superiores a 15 %. Se argumenta que desde
el punto de vista ecológico no son una buena opción, por
los componentes tóxicos que poseen [Moskowitz et al., 1990].
Por otra parte, las reservas de indio, selenio y teluro no abundan en
la naturaleza, y esto puede ser una dificultad para un uso en gran escala
de paneles fotovoltaicos [Alsena y Engelenburg, 1992]. Tienen gran interés
en la actualidad las celdas de capas finas CIS (cobre-indio-selenio) y
las CIGS (cobre-indio-galio y selenio o azufre).
Otra dirección de trabajo en el desarrollo de materiales para celdas
solares es la utilización de uniones múltiples de distintos
materiales, buscando un mejor aprovechamiento de la radiación en
todo el espectro solar y por tanto una mayor eficiencia: las llamadas
celdas tándem. En la tabla 1 se resumen algunos datos de las eficiencias
más altas alcanzadas, según el material [Green et al., 1997].
Tabla 1. Eficiencias
confirmadas para celdas solares terrestres medidas para el espectro global
AM1,5 (1 kW/ m2) a 25oC
(15).
|
Clasificación
|
Eficiencia
(%)
|
Lugar
de medición (fecha)
|
|
Silicio
monocristalino
|
24
|
Sandia
(9/94)
|
|
Silicio
multicristalino
|
18,6
|
NREL
(12/85)
|
|
Silicio
amorfo
(resultados no estables)
|
12,7
|
Japan
Quality Assurance (4/92)
|
|
Capa
delgada de silicio
(60 mm de Si sobre SiO2)
|
14,2
|
Japan
Quality Assurance (3/93)
|
|
GaAs
monocristalino
|
25,1
|
NREL
(3/90)
|
|
GaAs
multicristalino
(sobre sustrato de Ge)
|
18,2
|
NREL
(11/95)
|
|
Rtfgvb54
Capa
policristalina de CdTe
|
15,8
|
NREL
(6/92)
|
|
Capa
policristalina
de CuInGaSe2 (CIGS)
|
16,4
|
NREL
(11/94)
|
|
GaInP/GaAs
|
30,3
|
Japan
Quality Assurance (4/96)
|
|
GaAs/CuInSe
(CIS),
(capa delgada)
|
25,8
|
NREL
(11/89)
|
Todas las celdas anteriormente
descritas se basan en una barrera de potencial originada por un campo
eléctrico, que hace que no regresen a su estado inicial los electrones
excitados por la luz en el semiconductor dado. Estas barreras están
formadas por una unión p-n (semiconductor tipo p-semiconductor
tipo n), o una barrera Schottky (metal-semiconductor) o una estructura
MIS (metal-aislante-semiconductor). Se han reportado además las
barreras sólido-líquido o electrólito-semiconductor,
cuyo principio de funcionamiento también es la absorción
de la radiación por el semiconductor y separación de carga
por el campo eléctrico en la interfaz.
Estas son las llamadas celdas fotoelectroquímicas. Como se verá
más adelante, esta interfaz se ha investigado no sólo con
el objetivo de obtener un dispositivo fotovoltaico, sino también
para generar hidrógeno. Se han estudiado muchas diferentes combinaciones
de electrólito y semiconductor. Se han utilizado el silicio, el
germanio, los semiconductores II-VI, los III-V, los óxidos semiconductores
y otros compuestos [Chandra y Pendey, 1982]. Estas celdas presentan la
dificultad de ser inestables ante el electrólito y aquellos semiconductores
que son estables, como los óxidos, poseen una banda prohibida muy
grande.
El valor de la energía de la banda prohibida que caracteriza a
cada semiconductor determina la energía de los fotones que es capaz
de absorber el semiconductor en cuestión. Así, los óxidos
semiconductores sólo absorben la radiación solar en el ultravioleta
y parte del azul; esto representa un porcentaje muy pequeño de
la energía del espectro de radiación solar y hace que la
eficiencia de conversión sea extremadamente baja. Por otra parte,
algunos de estos óxidos además de ser estables son poco
costosos.
Con el objetivo de extender la absorción de la radiación
a la zona visible del espectro, se han investigado celdas fotoelectroquímicas
sensibilizadas mediante la unión al óxido que actúa
como fotoelectrodo de otro semiconductor, con una energía de la
banda prohibida menor o con un colorante. En este último caso el
colorante puede también estar disuelto en el electrólito.
El principio de funcionamiento de estas celdas fotoelectroquímicas
sensibilizadas se basa en la absorción de los fotones por la sustancia
sensibilizadora. La energía de los fotones es tomada por electrones
que van a un estado excitado.
La energía de este estado excitado coincide con la de algún
estado vacío en la banda de conducción del óxido
semiconductor, por lo que el electrón puede pasar sin dificultad
al óxido semiconductor y después al circuito externo, donde
su energía puede ser cedida y convertida en trabajo antes de regresar
al otro electrodo de la celda. En el otro electrodo este electrón
reduce especies oxidadas del electrólito. La sustancia sensibilizadora
que cedió un electrón al semiconductor lo repone aceptando
un electrón de las especies reducidas en el electrólito
que pasan a oxidadas, completándose así el ciclo.
Lamentablemente pueden producirse otras reacciones que disminuyen la eficiencia
de estas celdas: los electrones que se inyectan al semiconductor pueden
reaccionar con especies oxidadas en el electrólito; pueden de nuevo
ir al colorante; o puede que los electrones excitados en el colorante
no lleguen a transferirse al semiconductor y se recombinen radiativa o
no radiativamente. Como puede observarse, en este tipo de celda el efecto
fotovoltaico se produce por una transferencia de carga y no por separación
de carga por el campo eléctrico de la barrera [Bedja et al., 1990].
Se ha demostrado que éste no existe dadas las dimensiones nanométricas
de los cristales. Para aumentar la eficiencia del proceso de transferencia
de carga es necesario que la molécula de colorante esté
próxima al semiconductor [Boschloo, 1996].
Producto de las estudios anteriores, ha surgido un nuevo tipo de celda
solar basada en un fotoelectrodo de dióxido de titanio nanoestructurado
como semiconductor, cuyo principio de funcionamiento es la transferencia
de carga por una monocapa de la sustancia sensibilizadora del TiO2
[O'Reagan y Gratzel, 1991; Hagfeldt et al., 1994; Bard y Fox, 1995; Nazzeruddin
et al., 1993]. Se utilizan monocapas para lograr una transferencia de
carga más efectiva. Como la absorción de la radiación
en el espesor de una monocapa es pequeña, ésta se ha depositado
sobre el semiconductor nanoestructurado, que alcanza una superficie efectiva
cientos de veces superior al área visible. La luz es atrapada en
los poros del semiconductor y sufre reflexiones múltiples, aumentando
así la absorción en la monocapa de la sustancia sensibilizadora
que recubre el TiO2 nanocristalino. En estas
celdas se han alcanzado eficiencias superiores al 8 %.
Se ha iniciado su comercialización en Europa y se ha firmado un
acuerdo entre Sustainable Technologies Australia y la Academia de Ciencias
de China para establecer una planta de fabricación de paneles en
China [Photovoltaic..., 1997].
Como puede apreciarse de lo anterior, se investiga sostenidamente por
encontrar el material y la tecnología de la celda solar que haga
competitiva la energía fotovoltaica con los actuales precios de
las energías fósiles. Ya habíamos mencionado que
el elemento que decide el costo del sistema fotovoltaico es el de la celda
solar. En la actualidad, para lugares remotos donde no llegue la red eléctrica,
ya resulta más económica la alternativa fotovoltaica. El
mercado fotovoltaico mundial ha ido en aumento [Photovoltaic..., 1997],
incremento que no ha sido uniforme en los diferentes países, destacándose
Japón.
Se pronostica por el Canadian Centre for Mineral and Energy Technology
(CANMET), en "uno de los estudios de mercado más minuciosos
de la industria fotovoltaica que se haya realizado", según
[Photovoltaic..., 1997], que las ventas de módulos en el año
2010 estarán en el rango de 800 a 1 000 MW, o sea, del orden de
diez veces mayor con respecto a 1996. Una parte apreciable de las ventas
cubren necesidades en países subdesarrollados, donde las redes
de sus sistemas energéticos no abarcan todo el territorio nacional.
Sin embargo, los productores son los países más desarrollados.
Se hace necesario cambiar esta situación si aspiramos a que los
países en desarrollo no continúen siendo fundamentalmente
exportadores de materia prima e importadores de productos elaborados con
ellas. De no cambiarse, habría que comprar la energía fotovoltaica
a pesar de tener el sol. Es evidente la necesidad de trabajar en los materiales
para celdas solares.
II. 2. Almacenamiento
de la energía solar
La energía fotovoltaica necesita almacenarse para tener disponibilidad
de electricidad durante los períodos de "no sol". Puede
almacenarse en aire comprimido, bombeando agua, en baterías, utilizando
superconductividad o en forma de hidrógeno. Para los tres últimos,
las investigaciones sobre materiales tienen gran importancia y actualidad.
La utilización de almacenamiento de energía en superconductores
posibilita eficiencias de almacenamiento por encima de 90 %, mucho mayor
que las eficiencias de las restantes posibilidades mencionadas [Hubbard,
1989], pero las investigaciones en estos materiales aún no han
logrado que esta posibilidad pueda materializarse en la práctica.
El almacenamiento en baterías es hoy el más común
y frecuente. Existen las baterías secas a las que no se les repone
el electrólito, y las conocidas como "acumuladores".
El más conocido y utilizado es el de plomo ácido. Existen
también diferentes tipos de baterías alcalinas con electrodos
de Ni-Cd, Ni-Fe, Ag-Zn, Ag-Cd. Se trabaja en el desarrollo de los materiales
de los electrodos con el objetivo de aumentar el número de watt-hora
por unidad de peso de la batería (Wh/kg). Gran actualidad tienen
los estudios de la batería de Zn-aire para los vehículos
eléctricos. Estas alcanzan valores
de 200 Wh/kg, superiores a otras mencionadas, aunque no se recargan en
el auto y necesitan cambiarse en las estaciones de servicio (en lugar
de llenar el tanque con combustible). Las baterías basadas en elementos
inorgánicos son las que se han utilizado ampliamente hasta el momento,
pero se están desarrollando otras basadas en materiales poliméricos.
Se han desarrollado los poliorganodisulfuros que pueden actuar como electrólito
y electrodo redox al mismo tiempo, así como otros polímeros.
Hidrógeno
solar
En general, el almacenamiento en baterías es adecuado para valores
de potencia almacenada relativamente pequeños. Para poder lograr
sistemas autónomos descentralizados, no obstante, se necesita almacenar
cantidades superiores de energía; el almacenamiento en hidrógeno
se tiene en la perspectiva como el más promisorio por ofrecer muchas
ventajas:
* Se obtiene por descomposición del agua, que es abundante y asequible.
* No influye en el medio ambiente y sólo genera de nuevo agua cuando
cede la energía almacenada. O sea, es limpio y renovable.
* Es adecuado para el uso doméstico e industrial.
* Se transporta y almacena con pocas pérdidas.
El llamado ciclo del hidrógeno solar comprende:
* La obtención de hidrógeno utilizando energía solar
(fotovoltaica u otra).
* El almacenamiento de esta energía (que desde luego también
puede utilizarse directamente).
* La distribución o transportación del H2
(lo que es de menor peso relativo donde se tenga abundante sol y se pueda
descentralizar el sistema energético).
* La reconversión a otro tipo de energía útil (ya
sea eléctrica o calor en distintas formas).
II. 2.1. Obtención
de hidrógeno
El hidrógeno puede obtenerse de energía térmica,
eléctrica (electrolíticamente) o directamente.
Obtención
de hidrógeno utilizando energía térmica
Para la obtención de hidrógeno del agua utilizando energía
solar térmica pueden emplearse la descomposición directa
y el proceso termoquímico. En el primer caso se necesita del desarrollo
de materiales que puedan soportar más de 2 000 oC
de temperatura para disociar la molécula de agua por calor. En
el segundo caso puede usarse la descomposición termoquímica.
Se buscan materiales reciclables eficientes y que puedan soportar muchos
ciclos de oxidación-reducción. Por ejemplo, vapor de agua
a alta temperatura se hace circular a través de polvo de hierro;
este se oxidará tomando el oxígeno del vapor y quedando
libre el hidrógeno. Es necesario que el óxido de hierro
pueda de nuevo reducirse para repetir el ciclo. La instrumentación
práctica de estas posibilidades es lejana aún.
Obtención
de hidrógeno utilizando electricidad
La electricidad para la electrólisis puede obtenerse por diversas
vías a partir de la energía solar. Con la conversión
térmica, la energía eólica, la hidroenergía
y otras fuentes renovables puede producirse energía eléctrica.
Para convertir la energía eléctrica en hidrógeno
se necesitan los electrolizadores, que son equipos modulares, cuya unidad
es la celda electrolítica (un vaso). El escalado de sistemas modulares,
o sea, de aquellos donde se logra una mayor potencia incorporando un número
mayor de unidades, es más simple y constituye un factor importante.
En cada celda los elementos constituyentes son los electrodos y el electrólito.
Las reacciones que se producen en uno y otro electrodo son:
Reacciones en la electrólisis alcalina:
En el cátodo: 4H2O + 4 e- 2H2
+ 4OH-
En el ánodo: 4OH- 2H2O + O2
+ 4e-
Reacciones en la electrólisis ácida:
En el cátodo: 4H3O+ + 4 e- 4H2O
+ 2H2
En el ánodo: 6H2O 4H3O+
+ O2 + 4e-
Como se puede observar, en una y otra electrólisis el hidrógeno
se desprende en el cátodo y el oxígeno en el ánodo,
invirtiéndose la formación de agua que ocurre en el ánodo
en la alcalina y en el cátodo en la ácida.
En ambos casos ocurre la reacción neta:
2H2O + electricidad 2H2
+ O2 + calor
Los electrolizadores ácidos trabajan en condiciones más
agresivas y corrosivas para el cátodo, donde se desprende hidrógeno,
que los alcalinos [Savadogo, 1996].
Materiales para
celdas electrolíticas
Las celdas electrolíticas logran descomponer la molécula
de agua cuando se aplica un voltaje mayor que el mínimo indispensable
de 1,23 V. Se desarrollan materiales para electrodos con el objetivo de
que el voltaje necesario sea lo más cercano a este valor. No sólo
estos materiales son necesarios para la optimización de la celda,
también se utilizan y prueban diferentes electrocatalizadores,
así como los materiales de las membranas necesarias para mantener
sin mezclarse, el oxígeno e hidrógeno que se forman. Se
emplean tanto electrólitos ácidos como alcalinos y se trata
de encontrar las mayores eficiencias y durabilidad a los menores costos.
En la tabla 2 se muestran algunos materiales utilizados.
Tabla 2. Materiales
utilizados en celdas electrolíticas [Savadogo,
1996; Podestá y Piatti, 1997].
|
Material
|
Electrólisis
ácida
|
Electrólisis
alcalina
|
|
Para
cátodos
|
Platino; carbón con Pt; composites con Pt; Pd-P, Au-P y Co-P
amorfos
|
Níquel brillante o poroso (níquel-Raney)
|
|
Para
ánodos
|
RuO2
, IrO2 , óxido de Ru-Ir-Ta
|
Níquel brillante, CoNiO3, NiCo3O4
, espinelas con Co
|
|
Membranas
separadoras
|
Acido
sulfónico perfluorinado (polímero Nafion , polímeros
sulfonados poliaromáticos
|
Asbestos,
membranas orgánicas de polímeros (PTFE, FEP, PFA,
PPS, PETFCE, PSP); BaTiO3 , CaTiO3
|
|
Electrólitos
sólidos
|
Membranas poliméricas conductoras de protones (proton exchange
membrane, PEM)*
|
|
*Hasta el momento,
las membranas PEM desarrolladas que actúan como electrolito sólido
no pueden trabajar a temperaturas superiores a 180 oC,
lo cual sería una ventaja.
El lograr mayores
eficiencias, estabilidad y durabilidad a menor costo depende del desarrollo
futuro de los materiales necesarios para las partes componentes.
Obtención
directa de hidrógeno
Aunque el hidrógeno puede obtenerse según las variantes
analizadas, en la descomposición directa sólo hay una transformación
de energía y por lo tanto energéticamente es el camino mejor.
Se puede descomponer fotoquímicamente el agua utilizando biofotólisis
y fotólisis.
Las plantas y bacterias han resuelto de manera eficiente la descomposición
del agua; es el proceso denominado biofotólisis que forma parte
de la fotosíntesis. La planta utiliza los cuantos de luz para obtener
oxígeno e hidrógeno, aunque el último no se obtiene
en su forma molecular sino que pasa por otras reacciones a formar parte
de la biomasa que la planta sintetiza utilizando también CO2
del aire. La planta almacena la energía solar en la biomasa que
produce. Algunas algas en condiciones especiales pueden producir hidrógeno
molecular, y su cultivo es una vía de producir hidrógeno
utilizando la biofotólisis [Podestá y Piatti].
La fotólisis es el procedimiento empleado por el hombre para descomponer
directamente la molécula de agua mediante la radiación luminosa
en lugar de la electricidad. Este procedimiento está en desarrollo,
aún no se aplica en la práctica y se trabaja en los materiales
para lograrlo. Los sistemas utilizados hasta el momento se basan en la
interfase electrolito semiconductor al igual que las celdas fotovoltaicas
electroquímicas descritas anteriormente. Al principio de la década
del setenta, Fujishima y Honda [1971] demostraron el uso de fotoelectrodos
semiconductores para la descomposición fotoasistida de la molécula
de agua. Estos autores emplearon el dióxido de titanio como semiconductor.
El elemento clave para poder introducir en la práctica este tipo
de celda es el material para el fotoelectrodo. Su eficiencia de conversión
fotoquímica de la energía del espectro solar y su estabilidad
en el tiempo son factores críticos para determinar el buen comportamiento
y eficiencia de la celda.
En general, los diseños reportados pueden clasificarse en dos grupos:
aquellos en que tanto el cátodo como el ánodo están
en el mismo electrólito (celdas homogéneas), y las llamadas
celdas heterogéneas, que tienen compartimentos separados con diferentes
electrolitos para el cátodo y el ánodo con el objetivo de
producir una diferencia de voltaje adicional. Además, puede uno
sólo de los electrodos recibir la luz o ambos actuar como fotoelectrodos.
En estas celdas, como en las fotoelectroquímicas fotovoltaicas,
existen fotoelectrodos que se descomponen o degradan con la luz, y fotoelectrodos
estables pero poco eficientes, porque sólo absorben una pequeña
parte del espectro solar. Para extender la zona de absorción se
ha trabajado en dopar el semiconductor, así como en sensibilizar
el semiconductor o la solución electrolítica [Savadogo,
1971; Kikkawa et al., 1991; Gurunathan et al., 1993].
Se han reportado celdas fotoelectrolíticas para la obtención
de hidrógeno a partir de agua de mar [Goc y Tien, 1993; Ichikawa,
1997] Todas estas investigaciones están indisolublemente unidas
al estudio de nuevos materiales. Recientemente, en el National Renewable
Energy Laboratory de EE.UU. se ha obtenido una estructura en base a semiconductores
III-V, con la cual han logrado una eficiencia para la producción
fotolítica de hidrógeno superior al 10% por primera vez.
Llegar a las soluciones con los materiales que permitan introducir en
la práctica el proceso de fotólisis tendrá sin duda
grandes implicaciones.
II.2.2. Almacenamiento
de hidrógeno
El hidrógeno puede almacenarse como gas natural. La densidad energética
(energía almacenada por unidad de volumen) del hidrógeno
gaseoso, incluso comprimido, es baja. Por ello, esta forma de almacenamiento
no es adecuada para usos en el transporte por el espacio que requiere.
La mayor parte de las investigaciones en materiales para el almacenamiento
de hidrógeno tienen como objetivo su uso en el transporte con el
propósito de reducir las dimensiones del tanque de hidrógeno
necesario para garantizar los recorridos que se alcanzan actualmente con
la gasolina.
El hidrógeno puede combustionarse directamente; es posible convertir
los motores de los vehículos actuales para ello. Sin embargo, la
solución que parece más viable en la perspectiva es el uso
de motores eléctricos, más eficientes que los de combustión
interna, en los que la electricidad proviene de una celda de combustible
que transforma en electricidad la energía almacenada en el hidrógeno.
Este es un proceso limpio donde sólo se genera agua. Los materiales
que se investigan deben ser capaces de retener y expulsar el hidrógeno
con facilidad bajo la acción, por ejemplo, de variaciones de temperatura
y/o presión. Se busca también aumentar la relación
de masa de hidrógeno almacenada a volumen ocupado y disminuir el
peso total del "depósito". Se han utilizado y estudian
hidruros de compuestos intermetálicos, zeolitas y carbones superactivados
[Kronberger, 1996; Weitkamp et al., 1995].
También se investigan materiales compositos para lograr depósitos
de hidrógeno gaseoso a presión más ligeros que los
empleados normalmente [Chahine y Bose, 1996].
II.2.3. Generación
de energía a partir del hidrógeno
Del hidrógeno puede obtenerse energía térmica por
combustión o electricidad utilizando las celdas de combustible.
La conversión a energía térmica depende menos directamente
de los materiales, por lo que revisaremos la situación de las celdas
de combustible.
Las celdas de combustible se basan en el proceso inverso a la electrólisis
del agua.
O sea, en ella el hidrógeno y el oxígeno se recombinan para
dar agua. Esta es una reacción con desprendimiento de energía,
lo que se hace en forma de electricidad en estas celdas. Al igual que
en las celdas para la electrólisis del agua, los estudios para
el desarrollo de estas celdas abarcan tanto los materiales de los electrodos
y los electrólitos sólidos, como materiales y procesos catalizadores
de la reacción. En la tabla 3 se resumen los diferentes tipos de
celdas y sus características [Fuel Cell Sistems, 1993].
Tabla 3. Celdas
de combustible
|
Tipo
|
Eficiencia
|
Uso
|
Potencia
|
|
Alcalinas,
KOH 30 %
|
40-50
%
|
militar,
espacio
|
10-100
kW
|
|
Ácidas,
ácido fosfórico
|
40-45
%
|
cogeneración
durante "picos"
|
1
kW-5MW
|
|
Carbonato
fundido
|
45-60
%
|
gasificación
de carbón
|
1-100
MW
|
|
Óxidos
sólidos
|
45-60
%
|
cogeneración
|
0,1-100
MW
|
|
Polímero
(PEM)
|
45-50
%
|
transporte,
sistemas de energía autónomos
|
hasta
1 MW
|
Las celdas de combustible
tienen las ventajas de:
* Ser modulares.
* No tener partes móviles.
* No contaminar.
* No hacer ruido.
* Ser seguras.
* Tener altas eficiencia y densidad de energía.
* Ser de fácil mantenimiento.
Como en otras partes componentes del sistema del hidrógeno solar,
las investigaciones sobre los materiales están guiadas a reducir
los costos y aumentar la eficiencia.
Dos objetivos fundamentales dependen del desarrollo futuro de las celdas
de combustible y de los materiales que ellas utilizan: los sistemas de
energía autónomos basados en el ciclo del hidrógeno
y los vehículos eléctricos. En el caso de los vehículos
eléctricos sobre la base de celdas de combustible que se están
desarrollando por prácticamente todos los fabricantes de autos,
se está tratando de utilizar un combustible fósil y de él
obtener el hidrógeno. Por esta vía, por lo tanto, se siguen
enviando grandes cantidades de CO2 al medio
ambiente; aunque un poco menos dada la mayor eficiencia del motor eléctrico.
La opción verdaderamente limpia sería desarrollar la utilización
del hidrógeno; sin embargo, existen intereses de grandes consorcios
en mantener las redes de producción, distribución y venta
de combustibles fósiles.
Resumen y recomendaciones
De todo lo anterior se hace evidente la importancia para todos los países,
y en particular para aquellos en desarrollo, de prepararse para cambios
futuros en la infraestructura energética basados en una amplia
explotación de la energía solar y en la utilización
del hidrógeno como portador energético.
Los países desarrollados se preparan y tienen programas amplios
de desarrollo en materiales encaminados al aprovechamiento de la energía
solar fotovoltaica y la utilización de sistemas autónomos
basados en el ciclo del hidrógeno solar en los que participan numerosas
universidades.
Por ejemplo, en Alemania, en la Universidad de Stuttgart, se creó
el Centro SFB 270 para las investigaciones interdisciplinarias orientadas
a la utilización del hidrógeno como portador energético;
abarca doce institutos de la propia universidad además del Centro
de Investigaciones Aeroespaciales Alemán, el Instituto Max-Planck
de Investigaciones de Metales y el Instituto Gubernamental de Prueba de
Materiales [Hydrogen..., 1996]. Pero existen muchos otros proyectos y
grupos en ese país. Por ejemplo, el proyecto PHOEBUS de electrificación
de la Biblioteca Central del Centro de Investigaciones Jülich basado
en una instalación completamente autónoma que incluye energía
fotovoltaica, hidrógeno electrolítico y celdas combustibles
[Barthels et al., 1996]. Existe además el proyecto conjunto entre
Alemania y Arabia Saudita HYSOLAR, para el desarrollo del ciclo del hidrógeno
solar [Hug et al., 1996].
En Alemania se creó, en 1986, la empresa Solar-Wasserstoff-Bayern
GmbH (SWB) para probar a escala industrial las diferentes componentes
del ciclo del hidrógeno solar. Esta lleva a cabo el proyecto de
Newunburg vorm Wald que comprende un sistema fotovoltaico que es el segundo
en Alemania, 371 KWp [Dietsch, 1996]. Lo mencionado es sólo una
pequeña parte de las investigaciones en ese país, existen
muchísimos más proyectos [Wurster, 1997].
La situación de Alemania no es única, millones de dólares
se invierten en estas investigaciones también en Estados Unidos,
Japón, Suiza, Suecia, Holanda, etc. Estos datos señalan
la necesidad de priorizar también en los países menos desarrollados
las investigaciones para el aprovechamiento de la energía solar,
y en particular las de los materiales de avanzada necesarios, que como
se ha visto son los que determinan su introducción amplia, los
que pueden hacerla competitiva. Es fundamental crear conciencia de esta
necesidad. Para ello, debe promoverse el acceso a información actualizada
en estos temas por todas las vías. Es necesario fomentar proyectos
multidisciplinarios para el desarrollo de materiales y partes componentes
que los utilicen; que puedan incluso abarcar varios países promoviendo
el intercambio científico y cooperación con objetivos bien
definidos.
Debemos cuanto antes priorizar estos estudios y desarrollos para no tener
que comprar en el futuro nuestra energía solar, es decir tener
que importar los equipos y sistemas necesarios para su explotación.
A la ciencia de los materiales, y por tanto a los profesionales que a
ella se dedican, les cabe desempeñar un papel preponderante en
esto.
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