Etapas de la electrificación en Cuba

(segunda parte)

Por José Altshuler

Ilustraciones: Archivo del autor

 

Luego de establecido en La Habana, Cárdenas, Camagüey y Matanzas el servicio eléctrico, éste se fue introduciendo paulatinamente en otras ciudades cubanas importantes, aunque a menudo en escala muy modesta.

 

El nuevo servicio se inauguró en 1892 en Cienfuegos y Sagua la Grande; en 1893 en Pinar del Río; en 1895 en Santa Clara, Regla y Caibarién, y en 1897 en Santiago de Cuba, la segunda ciudad de mayor población en Cuba.

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Ni que decir tiene que fue grande el efecto de la llegada de la luz eléctrica sobre los habitantes de las principales ciudades cubanas; pero sobre los hombres más humildes del campo, que constituyeron el grueso del Ejército Libertador entre 1895 y 1898, su impacto fue mayor aún.

Así, al referirse a las acciones de la tropa del lugarteniente general Antonio Maceo durante la campaña de la invasión del occidente de la Isla, su ayudante, el general José Miró Argenter, relata que una noche, a comienzos del año 1896, se llegó tan cerca de la ciudad de La Habana que

... los resplandores de la luz artificial alumbraban el camino. [...] Acampamos en el ingenio Maurín [...] á una hora muy avanzada de la noche; sin embargo, la tropa vivaqueó alegremente, cautivada por los mágicos destellos de la luz eléctrica, y feliz, con la ilusión de que un día ú otro pasearía por las ramblas de la gran ciudad.8

Con todo, el servicio resultaba bastante limitado por aquel entonces, como puede deducirse, por ejemplo, de una nota publicada a fines de 1901 en un periódico habanero, donde se anuncia que a partir de ese día, la empresa eléctrica de la capital "ampliará la duración de la corriente eléctrica de los circuitos de las diez y media a la una de la madrugada, hasta las once y la una y media respectivamente; y que los consumidores que [deseen el servicio] hasta más tarde, deberán solicitarlo".

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            Sala de máquinas de la central eléctrica de Santiago de Cuba (1908)

Añádase a esto que todavía en 1917-1918, por cada lámpara eléctrica incandescente o de arco utilizada en el alumbrado público, funcionaban casi cinco mecheros de gas, modernizados con la adición de camisetas incandescentes, en el núcleo urbanizado de La Habana, mientras que en la periferia todavía se utilizaban faroles con lámparas de alcohol y de petróleo.

Proliferación de las empresas eléctricas

La guerra de independencia de Cuba, iniciada a comienzos de 1895, y la consiguiente situación económica desastrosa imperante en el país desalentaron, en general, las inversiones del capital privado para la creación de nuevos servicios eléctricos.

No obstante, las empresas establecidas lograron mantenerse. En particular, la Spanish-American, que monopolizaba por entonces el servicio eléctrico y de gas en La Habana y Matanzas, consiguió consolidar su posición entre las principales propiedades norteamericanas en la Isla.

Al cesar la dominación colonial española en Cuba e iniciarse una era de paz con la ocupación militar norteamericana del país el 1 de enero de 1899, se abrieron nuevas perspectivas a las inversiones en los negocios, cuyo resultado más importante en la rama eléctrica fue el establecimiento de un moderno servicio de tranvías en la capital a partir de 1901, precedido significativamente por la creación, el año anterior, de una cátedra de Ingeniería Eléctrica en la Universidad de La Habana9.

Con la inauguración, el 20 de mayo de 1902, de la república mediatizada que siguió a la ocupación norteamericana, proliferaron extraordinariamente las solicitudes de autorización para establecer nuevos servicios públicos de suministro de energía eléctrica.

En 1902 se autorizó a la Compañía de Electricidad de Cuba, que representaba los intereses de un sindicato de capitalistas británicos, la construcción y explotación de un sistema de servicio público destinado a suministrar energía eléctrica "para alumbrado, fuerza motriz y calefacción" al barrio habanero del Vedado.

Su planta eléctrica, que utilizaba unidades generadoras de corriente alterna a 50 Hz, de fabricación alemana, entró en servicio a comienzos de 1905.

Poco después lo hizo la planta de la Compañía de Electricidad de Marianao, destinada a prestar servicio al municipio del mismo nombre, próximo a la capital, que actualmente forma parte del área metropolitana de ésta.

Pero tanto, el servicio eléctrico como el de gas suministrados a la zona más importante de la ciudad continuaba en manos de la antigua Spanish-American, reorganizada en 1904 bajo la denominación de Compañía de Gas y Electricidad de La Habana.

Forzada por la competencia, ésta decidió modernizar la central de Tallapiedra reemplazando las viejas máquinas de vapor allí instaladas con turbinas Curtis e instalando alternadores trifásicos y otros equipos fabricados por la General Electric.

Además, comenzó a introducir el mechero Auer en el sistema de alumbrado por gas de la ciudad, que habría de mantenerse en servicio otros veinte años.

Nuevos sistemas electroenergéticos de servicio público se establecieron en varias ciudades del interior del país durante la primera década del siglo xx.

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Planta eléctrica

de los tranvías eléctricos

habaneros a comienzos del siglo XX

Así, un grupo de empresarios locales, con el apoyo financiero del Banco Español de la Isla de Cuba, organizaron en 1906 la Compañía de Alumbrado y Tracción de Santiago, dedicada a manejar el negocio de la electricidad comercial y los tranvías en Santiago de Cuba, cuyas nuevas instalaciones, provistas de alternadores trifásicos norteamericanos a 60 Hz, entraron en servicio en 1908.

Por la misma época, una empresa similar, pero canadiense, la Camagüey Electric Company, Ltd., adquirió el control del servicio de alumbrado y de tranvías en la ciudad de Camagüey, donde estableció un sistema de corriente alterna bifásica.

Los sistemas eléctricos de Matanzas y Cárdenas pasaron, entre 1907 y 1908, a manos de una empresa alemana, la Compañía Anónima Eléctrica Alemana Cubana. En 1910 un ciudadano norteamericano, ex cónsul de los Estados Unidos en Caibarién, decidió radicarse en esta villa portuaria para emprender allí las más variadas actividades comerciales.

Comenzó organizando una empresa de servicio eléctrico y adquirió la vieja planta local, cuya capacidad amplió considerablemente en 1910 para extender el servicio hasta la cercana villa de Remedios.

No fue sino hacia el año 1910 cuando la electricidad sustituyó al gas en la iluminación de los parques y plazas de la importante ciudad de Cienfuegos, si bien el alumbrado eléctrico a particulares, servido por una pequeña planta, databa de 1892.

El servicio mejoró y se amplió considerablemente en 1913, cuando entró en funcionamiento la planta hidroeléctrica del río Mataguá, propiedad de un capitalista local.

Cinco años después, este servicio pasaría a manos de una compañía norteamericana, la Cienfuegos, Palmira and Cruces Electric Railway & Power Company. Por entonces, ésta controlaba el tranvía en la ciudad y pueblos cercanos, y explotaba al efecto una planta hidroeléctrica en el río Hanabanilla, de suerte que en la práctica se hizo del monopolio de los servicios de tracción y alumbrado eléctricos en la zona.

Por la misma época, en la capital del país otra compañía norteamericana, la Havana Electric Railway, Light & Power Company, también pasó a controlar tanto los tranvías, como el servicio público de electricidad, la totalidad de cuya capacidad de generación se concentró en una única central termoeléctrica de nueva construcción.

Enclavada ésta en la zona de Tallapiedra, al igual que la antigua de la Spanish-American, pero mucho mayor y más moderna, a comienzos de 1915 entró en servicio con tres turbo-alternadores trifásicos Westinghouse a 60 Hz, cada uno de los cuales tenía una capacidad nominal de 12,5 MW.

Electrificación del transporte público

Como sucedió en otros países, después del alumbrado el siguiente uso importante que se dio en Cuba a la energía eléctrica generada industrialmente fue su aplicación al transporte terrestre. La primera línea de tranvías eléctricos, de unos 4 kilómetros de longitud, que conectaba las villas de Regla y Guanabacoa, situadas del lado oriental de la bahía habanera, comenzó a funcionar en marzo del año 1900, durante la ocupación militar norteamericana.

Un año después, en marzo de 1901, se inauguró la primera línea de los tranvías eléctricos de La Habana, cuya planta, enclavada en plena ciudad, generaba la totalidad de la energía de corriente continua requerida. Por entonces, la capital contaba con más de 240 000 habitantes y las viejas líneas de los tranvías de tracción animal (inauguradas en 1860) no sólo resultaban insuficientes, sino que se hallaban extraordinariamente deterioradas.

Poco a poco, las nuevas líneas se extendieron por toda la ciudad, cuya fisonomía quedó marcada ostensiblemente por las construcciones vinculadas con el tranvía eléctrico.

Éste se encontraba en manos de la Havana Electric Railway Company, una empresa fundada en 1899 por un grupo de capitalistas de Montreal, con aportes de capital cubano, español y norteamericano.

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            Tranvía de acumuladores eléctricos de Cárdenas, hacia 1915.

Pero la política de dicha compañía de distribuir sus acciones entre cubanos y españoles irritó a los norteamericanos, representados por el cónsul general de los Estados Unidos en Cuba, Frank Steinhart. Interesado personalmente en el asunto, Steinhart logró conseguir en Nueva York el apoyo financiero del arzobispo de la ciudad y de la banca Speyer, y en 1907 renunció a su puesto diplomático para hacerse cargo de la compañía.

Gracias a su hábil gestión y a sus relaciones personales, el servicio público de los tranvías habaneros se convirtió en un jugoso negocio, y él mismo en uno de los magnates industriales más notorios de los primeros tiempos de la república mediatizada.

Durante una década llegó a tener, además, el control absoluto del servicio público de electricidad en la ciudad de La Habana, a través de la ya mencionada Havana Electric Railway, Light & Power Company, empresa que había constituido en los Estados Unidos en 1912. (Los tranvías continuaron circulando en la capital hasta comienzos del decenio de 1950, cuando fueron sustituidos por un servicio de autobuses.)

En 1906-1907, la Havana Central Railroad Company vinculada entonces a la Havana Electric, y absorbida posteriormente por una empresa ferroviaria británica construyó una línea de ferrocarril eléctrico interurbano (la primera de su tipo en América Latina) que conectaba las cercanas villas de Güines y Guanajay con su planta generadora, erigida en Rincón de Melones, junto a la bahía habanera.

Se aprovechó la línea eléctrica tendida para llevar el servicio de electricidad a numerosos pueblos de campo alejados hasta unos 40 ó 45 km de la capital.

En 1908 se inauguraron sendos servicios de transporte eléctrico en las ciudades de Santiago de Cuba y Camagüey, el primero a cargo de una compañía organizada por empresarios cubanos, y el segundo a cargo de una empresa canadiense, como ya se ha visto.

Ambos sistemas eran similares al de doble trole instalado en La Habana, si bien desde el comienzo funcionaron con la energía suministrada por la central eléctrica de la ciudad, al igual que habría de ocurrir con el sistema de la capital a partir de 1915.

A propósito, es bueno recordar que desde el punto de vista económico, resultaba muy ventajoso combinar la carga del alumbrado con la de los tranvías, pues esta última constituía una "carga diurna" importante, que permitía que las plantas pudieran trabajar no sólo durante las horas nocturnas, como requería esencialmente el servicio de alumbrado, sino durante el resto del día, haciendo de esta manera más eficiente la generación eléctrica.

Éste no fue al menos hasta el decenio de 1920 el caso de las ciudades de Cienfuegos, Cárdenas y Matanzas, donde se introdujo, entre 1913 y 1918, un servicio de transporte eléctrico urbano bastante problemático y poco eficiente, que utilizaba tranvías de acumuladores eléctricos, los cuales debían recargar-se periódicamente.

* Adaptación del artículo del autor publicado en el No. 8 (1 de abril de 1998) de la revista Scripta Nova de la Universidad de Barcelona (Internet: http://www.ub.es/geocrit/nova.htm) con el título "Impacto social y espacial de las redes eléctricas en Cuba".

8 Miró Argenter, J. (1909): Cuba: Crónicas de la guerra - Las campañas de Invasión y de Occidente 1895-1896. Ed. Ciencias Sociales, pp. 252-253 ,La Habana, 1970.

9 Altshuler, J. (1989): "La especialización en telecomunicaciones y la reforma del 1960 del plan de estudios de Ingeniería Eléctrica en la Universidad de La Habana". En CEHOC: Estudios de Historia de la Ciencia y la Tecnología, pp. 11-49. Ed. Academia, La Habana, 1994.