Círculo de coco-plátano- frutabomba-boniato

Por
Carmen Cabrera López*


Técnica eficiente para la protección de plantas.

   

Nuestro planeta está sufriendo cada vez con más intensidad y frecuencia los eventos climáticos extremos que, como ya sabemos, son atribuidos directa o indirectamente a la actividad humana, que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos comparables.

Los actuales estilos de vida derrochadores de recursos, y las prácticas negativas que las personas hemos establecido desde hace mucho tiempo, nos han llevado al cambio climático que acarrea muchos males, y para nosotros aún más, por la vulnerabilidad de los sistemas insulares.

Nadie está exento de responsabilidad, pues quien no ahorra el agua o la contamina, sin medir las consecuencias, tala o deja que talen injustificadamente un árbol, también tiene su cuota de «participación».

Lo cierto es que los huracanes seguirán siendo de gran intensidad, las lluvias muy fuertes, provocando inundaciones, o tan escasas que se impondrán sequías prolongadas. Lo que el sentido común nos indica es que tenemos que prepararnos para el cambio climático.
Se presenta ante nosotros un gran reto: ¿cómo podemos, con acciones de diseño en nuestras viviendas, fincas o huertos, aumentar la capacidad de prevenir al máximo y restaurar de inmediato las afectaciones, así como ocurre en un bosque natural?

Muchas, que forman parte de la cultura popular, son tan antiguas que parecen olvidadas, como los varaentierras que hacían y hacen los campesinos. Esta construcción rústica se convierte en un lugar seguro ante fuertes vientos, ya que queda pegado a la tierra y con una forma adecuada para no ofrecer resistencia a los vientos; en ella se pueden resguardar alimentos, animales y las propias personas. Este diseño puede aplicarse a las viviendas donde sea posible, pues los techos las protegen también del calor.

Otros diseños propios de lugares donde con frecuencia azotan fuertes vientos y prolongadas sequías (como en algunas islas del Pacífico), han servido de inspiración en otros sitios. Un ejemplo que expondremos en esta ocasión es del círculo de coco-plátano-frutabomba-boniato.

Este diseño clásico de permacultura llega de las islas polinesias, donde sus habitantes desde tiempos remotos han aprendido a vivir con los fuertes vientos que las azotan con frecuencia. El resultado es un círculo densamente habitado por cocoteros, frutabomba, ñame, boniato y gandul. El centro del círculo se convierte en un reservorio de humedad y materia orgánica para alimentar las plantas que lo forman y propiciar abundancia de alimentos en espacios reducidos.

Si pudiéramos observar estos círculos desde lo alto veríamos grandes montículos muy verdes, como manchas en un tapete, algo muy diferente a las hileras con plátanos o cocos que usualmente se ven en nuestro paisaje.

 

Esto hace una diferencia enorme, pues cuando el viento azota con fuerza esa formación circular muestra gran capacidad de resistencia, mientras las débiles filas no aguantan. Recordemos el refrán cubano que llama a los vientos ligeros «vientos plataneros». Desdichadamente estamos acostumbrados a que ante vientos un poco intensos los platanales se destruyan.

Comparando este círculo de plantas con nosotros los humanos, piensen que si estamos en un espacio abierto azotados por un fuerte viento, sin posibilidad de guarecernos, sentimos por instinto la necesidad de abrazarnos fuertemente en un círculo, para fortalecernos como grupo: «en la unión está la fuerza».

Hemos comprobado en nuestro clima el éxito de tal diseño, pues no solo protege de los vientos sino también de la sequía o fuertes lluvias. Las plantas no solo se unen en sus follajes, sino también se entrelazan sus raíces, quedando prácticamente ancladas.
Para desarrollar este práctico diseño en un espacio pequeño, comenzaremos por cavar un hoyo de 2 m de diámetro y 60 cm de profundidad. La tierra que sacamos del hoyo la utilizamos para crear un montículo alrededor del mismo, quedando este como un cráter lunar.

En el espacio cavado dibujamos un cuadrado, esto nos servirá de guía para sembrar en el montículo una planta de plátano en el sitio señalado por cada punta del cuadro, en total 4 plátanos. Las de frutabomba, que también son de 4 a 6, se siembran igualmente en el montículo entre plátano y plátano.

 

El centro se rellena con materia orgánica, dispuesta en capas, como para elaborar el compost. Podemos poner residuos de cosechas, de cáscaras de la cocina, un poco de estiércol vacuno, ovino, caprino, equino o de conejos. Al final se cubre de paja seca y hojarasca seca. En este espacio sembramos algunos bejucos de boniato, que al crecer rellenarán el espacio central y se enredarán en las plantas de frutabomba de la orilla. Para terminar regamos el círculo con abundante agua.

Después de creado, este círculo de plátano-frutabomba-boniato funciona prácticamente solo. El centro del círculo es el lugar donde se acumula poco a poco la materia orgánica producto de la descomposición de las hojas de plátano, frutabomba y boniato, lo que le permitirá a las plantas autoalimentarse. Este lugar central acumula además agua y la conserva, pues está sombreado por las plantas de la orilla. También puede servir de filtro de aguas grises, si desviamos hasta allí la salida del fregadero, la bañadera y el lavamanos de la casa (previa trampa de grasas).

Se le debe hacer una salida al círculo para evacuar el exceso de agua, tanto la proveniente de la casa como la de lluvia. Como señalamos anteriormente, este círculo puede ampliarse si el espacio es mayor y sembrar cocoteros, cuatro o cinco entre el plátano y la frutabomba; en ese caso el espacio central es mayor y acumula mucha más materia orgánica.

Si tenemos poco espacio hacemos un círculo, y en una finca o espacio abierto mayor ponemos tantos círculos como quepan. De esta manera tenemos un platanal, un cocal y una siembra de frutabomba circular que funciona muy bien, y los rendimientos son los mismos o mayores.

AlQueremos aclarar que las plantas mencionadas como acompañantes del coco, el plátano y la frutabomba no son las únicas; cada sitio puede acoger otro tipo de trepadora para poner en el centro, como espinaca de malabar o habichuela, además de establecer entre las frutabombas, gandul u otro arbusto de mediano tamaño.gunos campesinos de Viñales que probaron este diseño clásico de permacultura, pudieron disponer de plátanos después del paso de un devastador ciclón que los azotó.

Este conjunto de plantas crean un microclima favorable, fresco y húmedo, que cambia la temperatura del lugar, atrayendo la fauna silvestre, que encuentra un hogar agradable; tal es el caso de pequeños reptiles, ranas e insectos beneficiosos. Esto favorece la salud de las plantas que integran el círculo, y mejora el combate a las plagas, pues una planta protege y enmascara a las otras.

Nuestro trabajo se minimiza, pues como la naturaleza está a nuestro favor obtenemos alimentos sin desgastarnos en combatir a la yerba, además de ser motivador y puede este círculo convertirse en un lugar de descanso y clima agradable en el patio o la finca.
Algunas experiencias interesantes tienen en el centro de este tupido montículo de plantas, una parrilla de madera sobre el hoyo central y ahí colocan una manguera en forma de ducha para bañarse.

 

Con este sencillo procedimiento no solo se refrescan con un baño al aire libre, sino que el agua queda en el hoyo, aumentando la humedad y el riego de todas las plantas.

Todo lo que nos ayude a interiorizar valores esenciales para vivir un proceso de cambio hacia una vida sustentable, parece ser el único camino para salvar el planeta en que vivimos y vivirán las generaciones que nos sigan.

* Especialista de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, Cuba.
e-mail: delmis@infomed.sld.cu