Por Orlando Sánchez Herrera
(Clínica de Medicina Tradicional Provincial)

Hablar de energía en el hombre no debe presuponer una distinción entre “el hombre” y “la energía”, en realidad todo cuanto ocurre en el ser humano es resultado de acciones e interacciones entre niveles de organización de la materia con distinta energía.

La forma visible (el cuerpo, el “soma”) es también un proceso. La sustancia que nos compone se mueve constantemente, cambiando regularmente la composición físico-química del organismo. Tampoco se debe confundir lo que las palabras pueden expresar con la realidad, la naturaleza no existe en palabras.

La palabra energía en sí proviene del griego energón y significa literalmente “la que hace el trabajo”, “la que se mueve”. La ciencia moderna la define como la medida del movimiento y su efecto se conoce como “trabajo”. A veces el uso de la palabra “fuerza” nos puede confundir cuando se usa erróneamente en lugar de energía.

El vocablo fuerza se utiliza en física en dos sentidos: uno como medida cuantitativa de la interacción entre dos cuerpos por ejemplo, en la rama de la mecánica se usa para determinar la medida de la interacción entre cuerpos macroscópicos como: planetas, automoviles y otros) y el otro sentido es cualitativo y designa la presencia de un tipo determinado de interacción física, de cuya medida cuantitativa solo puede servir la energía.

Se han descubierto cuatro tipos fundamentales de interacción en la naturaleza, que son también sinónimos de cuatro clases de “energías”, (a veces se les llaman fuerzas) estas son:

– Gravitacional.
– Electromagnética.
– Nuclear fuerte.
– Nuclear débil.

Las formas de energía que conocemos como: energía mecánica, energía cinética, energía potencial y energía interna son variantes expresivas de las interacciones electromagnéticas.
Nos preguntamos entonces. ¿y que hay del ser humano?
En el ser humano ocurren interacciones electromagnéticas, que son las principales responsables de las múltiples reacciones bioquímicas que caracterizan primariamente a la vida, y también de la conducción de los impulsos nerviosos.

Se producen interacciones débiles que son inherentes a todas las “partículas” elementales y que en nosotros se evidencian a través de la detección de hasta 200 000 desintegraciones por minuto, de isótopos como el K 40, y el C14.

Se ha señalado el posible papel de esta energía en el fenómeno de la predominancia, en la materia viva, de los isómeros levógiros de los aminoácidos. Las desintegraciones ß del C14 producen electrones levógiros que no destruyen a los isómeros de la misma simetría, conservándose entonces sólo los aminoácidos levógiros en los seres vivos.

Las interacciones nucleares son responsables de toda una gama de procesos como son las intertransformaciones de los bariones (ejemplo, protones en neutrones y otros); que ocurren en toda la materia con organización atómica y, por tanto, también en el hombre. Representan la excepción las emisiones de partículas alfa y la fisión y fusión nuclear. (aunque algunos plantean que pueden ocurrir reacciones de fusión fría en los organismos vivos).

La energía gravitacional es considerada por algunos un determinante de los cambios sutiles que se operan en los seres vivos durante las lunaciones, también se puede asociar al arte radioestético chino conocido como Fong-Shue, que pudiera estar basado, entre otras cosas, en la detección de pequeñas variaciones de la constante (G) de gravitación universal y otros solo le adjudican el honroso papel de mantenernos “amarrados” a la superficie del planeta. En resumen se puede decir que en el hombre se imbrican las cuatro energías básicas descubiertas por la ciencia, aunque sin completarse aún la discriminación de sus respectivas funciones.

¿Se quedarán tímidamente escondidas en el interior de los átomos, estas cuatro interacciones fundamentales, o pudieran ser la fuente de un sistema de organización no moleculary no atómico de la materia?

Como ha descubierto la ciencia, la energía solar se transfiere por medio de la fotosíntesis a las plantas, de estas a los animales y al hombre a través de la alimentación, lo que les aporta un influjo neto de negentropía; estos últimos extraen la energía solar contenida en los enlaces de los compuestos vegetales y las convierten en otras formas de energía.

¿Y qué sucede con las energías fundamentales; se incorporan solamente a través de la alimentación o se comienzan a desarrollar en el organismo desde el instante de la fecundación?

Hasta el momento las explicaciones energéticas de los fenómenos vitales se restringen en su mayoría a procesos electromagnéticos; solo algunos científicos osados como Roger Penrose, (promotor junto a Hawkins de la teoría de los agujeros negros) e Isaac Asimov ( bioquímico y famoso escritor de ciencia ficción) se han atrevido a postular el posible papel en los procesos psíquicos del resto de las interacciones o energías.

La visión aportada por nuestra ciencia ha sido la de averiguar de qué y cómo están compuestas “la maquinaria cósmica” y por extensión la humana. Esta aproximación llevada en exceso tiende a “cosificar” conceptualmente los fenómenos estudiados, al poner el énfasis en el “sustrato” material de los fenómenos, ha sido rechazada en diversos grados por físicos dedicados al estudio de los sucesos en los niveles cuánticos.

Algunos como David F.Bohm, Fritjof Capra, G. Chew han sugerido un enfoque complementario. Ellos plantean que es mas provechoso estudiar el “orden de como se mueve la materia” al “orden de la estructura”; representando así la visión opuesta en un conflicto inherente al pensamiento humano con milenios de historia.

Los avances de la física aplicada a los sistemas biológicos todavía requieren de mayor elaboración. La bioenergética resulta todavía muy restringida al campo de las interacciones electromagnéticas y la bioquímica de las reacciones, dejando fuera los fenómenos de la consciencia.

Es de esperar que en el futuro se comiencen a incluir el resto de las energías y que el progreso en otras ramas, como la genética humana, permita develar relaciones hasta ahora insospechadas.

Sin embargo una visión más integrada y pragmática de las energías humanas surgió en los sistemas de conocimiento del oriente antiguo. Estos modelos del universo se caracterizan por el lugar central que ocupa el hombre en el esquema de las energías universales.

Entre los mas destacados están el “hindú”, y el “chino”. En el Indostán surgieron muchas corrientes de pensamiento, como las diversas ramas del yoga. Estas coinciden en definir el termino prana como el agente del cambio en el organismo y en el universo. La palabra ha sido traducida habitualmente como “energía o aliento”. Este prana identifica tanto al “gran aliento Cósmico”, en su flujo y reflujo de Big Bangs y Big Crunchs, como a los alientos situados en el ser humano; que por este motivo se convierte en un “microcosmos” reflejo del mayor.

Por otra parte los antiguos sabios Chinos nos hablan del qi, (pronunciado “chi” ), y que es traducido también por energía, y por algunos como “los alientos”. Este qi existe en el cosmos y en el ser humano, siendo responsable de funciones, tanto somáticas como del ámbito de lo psicológico.

Lo realmente sorprendente de estos modelos es que el hombre en sus dimensiones tanto psíquicas como somáticas se presenta constituido por los mismos principios energéticos del cosmos, cabe recordar aquí a Carl Sagan quien nos recordó en su famosa serie televisiva Cosmos la conclusión planteada por el Astrónomo y filósofo Eddington “...somos polvo de estrellas...”
Los modelos chino e indostánico basan su aproximación a la realidad de las energías en el ser humano, en sistemas de entrenamiento psicofisiológicos que permiten tanto “sentir las energías” en su fluir y refluir, percibirlas de esta forma con el conocimiento sensorial, el racional y el integrativo-intuitivo. Y otorgar además al pensamiento la propiedad de dirigir y controlar dichas energías: allí donde va el pensamiento, va la energía.

Refiriéndonos concretamente a los modelos citados encontramos que el modelo “hindú” plantea que la variante de prana mas relacionada con la estructura somática se adquiere a través de la respiración y circula por unos conductos llamados nadis, cuyo número asciende a 72 000. Allí donde se cruzan las corrientes principales surgen unas estructuras llamadas chakras, (Sánscrito = ruedas), en las que se realiza el intercambio energético entre diversos niveles de energía. Aparecen así ilustrativos diagramas como en las figuras 1, 2 y 3.

Fig.1

Diagrama que muestra el posicionamiento en el plano frontal de los chakras.

Prana de esta categoría se subdivide en varios tipos, cada uno de ellos con una zona preferencial de localización corporal y funciones especificas; se describen los siguientes tipos:

Apana: Entra por el periné y se localiza en la región pélvica, tiene funciones reproductoras y excretoras.
Samana: Situado en la zona central del abdomen, irriga los órganos digestivos, participando en esta función.
Udana: Es un aliento “interno” tiene acción de expansión y contracción, circula asociado al sistema nervioso.
Vyana: También es un aliento “interno” que se mueve hacia arriba y está localizado en la garganta, interviene en el habla.
Finalmente, el subtipo Prana absorbido a través de la respiración pasa al área cardiaca para distribuirse luego desde allí al resto del organismo. Es una energía atractiva e integradora de la estructura física.

Los diversos estados de movimiento que alcanzan las energías en su desenvolvimiento se conocen como Tattvas, ocurriendo en el hombre, así como en el universo. Estos regímenes vibratorios se nombran: Tierra, Agua, Fuego, Aire y Eter. Todo un modelo más general compuesto por energías impulsoras o “emocionales”, más energías “pensantes”, e “integradoras” del hombre al universo, fue desarrollado por estos estudiosos (Fig. 4). El individuo consta en total de 7 niveles de organización de las energías, con 5 subtipos básicos.

El modelo chino de los alientos resulta en general más metafórico y menos analítico, pero no por ello menos racional que el hindú. Aquí las energías exhiben una gradación desde las más activas (Yang) hasta las menos móviles (Yin). Describiéndose en general 5 clases constituyentes del hombre.

Estas ostentan nombres poéticos como Ming (la vida, el impulso vital ), Po el espíritu oscuro (la mente discursiva), Shen el espíritu (las funciones superiores de la consciencia humana), Jing la esencia (el origen y soporte de toda existencia ) y Qi el aliento, traducido habitualmente como “energía”; es el que garantiza el funcionamiento somático.

  Dibujo de los chakras en vista lateral, en el que se aprecia
Fig.2
Dibujo de los chakras en vista lateral, en el que se aprecia sus característica forma de embudo.

El logro de la expresión de jing en el hombre como modulador del resto de las energías, se conoce como el cumplimiento del TAO (la vía, el camino); al ser este TAO aquello que existía por sí mismo antes de la diferenciación del universo.
Si nos referimos a Qi este también se mueve por una red de canales llamados “meridianos”, que conectan diversos puntos de la superficie corporal entre sí y con las estructuras orgánicas profundas.

Fig.3Diagrama tibetano en el que se expone el recorrido de varios "Nadis".
Diagrama tibetano en el que se expone el recorrido de varios "Nadis".
  Donde se reúnen los flujos energéticos principales se forman “nudos” energéticos conocidos como “mares de la energía”, existen 3 de estos; uno en el bajo abdomen, otro en el tórax y el restante en la cabeza.

Los puntos de la superficie corporal donde se produce el intercambio energético son los conocidos “ puntos vitales “ de las artes marciales o “puntos acupunturales” de la medicina tradicional china (es ahí donde nos ponen las “agujitas”).
El modelo chino de las 5 transiciones o 5 fases (Fuego, Tierra, Metal, Agua y Viento) resulta equivalente en esencia al de los tattvas hindúes.

Los antiguos asiáticos señalaron además como fuentes de energía humana: a la energía proveniente de los progenitores (ancestral u esencial) aportada por los padres en el instante de la concepción; la energía nutritiva, extraída activamente de los alimentos y el agua y la absorbida proveniente de las radiaciones cósmicas y el aire inspirado.

Ellos apuntaron varios subtipos de energía, cada uno responsable de una acción fisiológica; entre los mas significativos están: la energía esencial, la energía defensiva, la respiratoria y la nutritiva.

Estas energías entran, salen, suben y bajan por el organismo moviéndose a través del sistema de meridianos. Así, se diseñaron sistemas de ejercitación energética con fines marciales, terapéuticos y de crecimiento interior de los que hoy tenemos noticia en disciplinas como el Tai Chi Chuan y el Qi gong.

Es muy marcado el carácter dinámico que le imprimen los modelos orientales a la representación de los procesos energéticos, en los que se mencionan ciclos de creación, destrucción, control e intertransformacion energéticos, que nos recuerdan los diagramas obtenidos en la “física de partículas”; donde se plasman similares secuencias.
 

Distribución de las estructuras energéticas, según el modelo hindú.
Fig.4 Distribución de las estructuras energéticas, según el modelo hindú.


Diagrama en vista frontal con el recorrido
Fig.5 Diagrama en vista frontal con el recorrido de los "meridianos" o canales de acupuntura.

  Los modelos chino e indostánico nos presentan 5 tipos básicos de energía humana.(fig. 4). Por ello no deja de llamar poderosamente la atención el que la ciencia contemporánea refiera 4 tipos básicos de energía; que se incrementan a 5 si se les adiciona el estado energético reinante antes del Big-Bang, que también se conoce en física como Energía Unificada o Gran Unificación.

¿Fue casualidad el que los sabios de la antigüedad dispusieran su clasificación de las energías primarias sobre la base de 5?
Fue el azar el que hizo que sean equivalentes las etapas de diferenciación de las energías reflejadas en las antiguas cosmogonías con las descubiertas por los cosmólogos de hoy en día armados de potentes radiotelescopios y computadoras?


Teniendo en cuenta que la segunda ley de la termodinámica implica que el nivel de organización del materia con mayor orden actúa como una “energía” sobre el nivel mas desordenado, es que podemos vislumbrar el lugar del pensamiento en el ordenamiento de la sustancia somática y en la emocionante dinámica planteada por los modelos chino e hindú en sus proyecciones terapéuticas y de mejoramiento humano.

¿Desempeñarán en realidad tan importantes papeles en nuestras vidas las 5 energías fundamentales?