Combustibles sólidos de baja densidad (segunda parte)
La densificacion de la biomasa: briquetas, pellets, pacas.


Como se conoce, la mayoría de las desventajas que tiene el uso de la biomasa como combustible se derivan de su baja densidad física y energética. Por eso es tan importante su densificación.

La densificación de la biomasa se puede definir como su compresión o compactación, para disminuir los espacios vacíos entre las partículas y dentro de las partículas.

 

Productos compactados con menos de 30 mm de diámetro son considerados convencionalmente pellets y con diámetros mayores, briquetas. Los productos compactados no aglutinados son conocidos por bultos o pacas.

Inexplicablemente, aunque las tecnologías de densificación datan del siglo pasado, no existen en la literatura explicaciones y fundamentaciones precisas alrededor del tema y los procesos que intervienen en ellas.

La formación de briquetas, pellets, pacas, etc. se justifica no sólo por la reducción del volumen de los combustibles, sino también por la transformación de sus propiedades.

En densificar se piensa, únicamente, después de agotado el análisis técnico-económico del posible uso bien en forma original, secado o molido, en el lugar de recogida o en un radio de transportación en medios especiales que resulte económico, o también de conjunto con otros productos de mayor densidad específica (caña con paja, por ejemplo).

Una vez seleccionada la opción de densificar no hay que perder de vista varias cuestiones:

–Que los productos (pellets, briquetas, etc.) mantengan sus propiedades como sólidos compactados hasta que cumplan su función (durante su manipulación, transporte, almacenaje, dosificación y combustión).

–Que se comporten satisfactoriamente como combustibles, dentro de un sistema integral concebido.

Las biomasas como la paja de caña, más aún la cáscara de arroz, con su “elasticidad natural”, requieren para su densificación en briquetas, mayores presiones que los materiales inorgánicos, debido a la necesidad de romper las paredes celulares mediante presión y temperatura.

Idealmente, para concebir un proyecto de utilización, se analizan los requerimientos del transporte, manipulación, almacenaje y combustión, calidad del servicio energético, impactos al medio y sobre los productos, residuales y desechos, etc., y luego, a partir de las características físicas y químicas del combustible sólido de baja densidad disponible, se escoge el método de preparación y densificación óptima y la máquina capaz de lograrlo, la transportación y el almacenaje, el sistema de combustión, etc. En la práctica estos estudios raramente existen, o se impone su utilización como única alternativa.

La importancia del asunto

En una visita a una empresa española productora de briquetas y pellets de aserrín nos decían:

“El mayor enemigo que a las técnicas de densificación se les presenta es su aparente sencillez.” La gente le ve tal facilidad aparente que muchos, por ejemplo en España, han adquirido máquinas briqueteadoras o pelletizadoras estándar, de firmas reconocidas y “sencillamente” después de múltiples intentos la mayoría ha tenido que abandonar los proyectos, o ha quebrado.

El éxito de esta empresa lo fundamentan en dos conceptos:

–Tenacidad y confianza en la investigación aplicada.

–La integralidad del concepto. El combustible, la briqueta, es sólo una parte: el “portador”. Lo esencial es el servicio energético que se logre integralmente.

Vamos a analizar brevemente algunas de las características de estos combustibles, como materias primas para la densificación.
 

La humedad del material inicial

Por una parte a causa de las grandes presiones internas que se levantan en las prensas de pistón, sólo se pudieran “briquetear” combustibles relativamente secos. El incremento de la humedad causa mayor cantidad de vapor de agua que se genera durante la compresión, el cual o rompe la briqueta por su superficie al enfriarse o puede producir una explosión que lanza la briqueta como un proyectil. En el caso de un brusco incremento de la humedad en el material de la entrada, la explosión de vapor puede incluso dañar la prensa.

Por otra parte mientras menor sea la humedad del material inicial, la fricción en el proceso aumenta y con ello se incrementa la demanda de energía.

Los límites de humedad dependen del material y el tipo de “briqueteadora” que se utiliza, normalmente se acepta como humedad óptima alrededor de 7 %, permitiéndose como límite inferior 5 % y como superior 15 %. En algunos casos específicos se reporta hasta 20 % de humedad.

Estas limitaciones de humedad y el control de la homogeneidad del proceso, exigirían en muchos casos el secado como paso previo o al menos el control de la humedad.

Desde luego, en nuestro caso, para la paja de caña, la cáscara de arroz, etc., se trataría casi siempre de secado natural, solar, por nuestras condiciones climáticas. Esto siempre añade costos de inversión y manipulación.

Tamaño de las partículas, granulometría

En la formación de bultos o pacas, por lo general, el tamaño de la partícula tiene menor importancia y mientras más largas éstas sean se facilita el “amarre”o tejido.

Para la formación de briquetas se acepta que “sólo lo que puedas palear, lo podrás briquetear”.

En general, el material a “briquetear” idealmente deberá contener partículas largas y cortas. La longitud misma de la partícula dependerá del material y diámetro del “dado”.

Mientras mayor sea la máquina y el dado, mayor podrá ser la partícula, por ejemplo para dados de 125 mm de diámetro, la partícula más larga será de 15 mm.

En muchos casos esta restricción obliga a introducir la molienda previa del material, obviamente la paja de caña requerirá de su molienda previa para la producción de briquetas y pellets, pero no será útil para la producción de pacas.

La densificación que se produce durante la “pelletización” o la formación de briquetas comprende dos procesos bien definidos:

–La compactación volumétrica bajo presión del material disperso que aumenta su densidad.
–La aglomeración o aglutinación del material que permite que el mismo mantenga su compactación como producto.

Tres factores inciden y regulan este proceso:

–La composición física y química del material.
–La presión dinámica.
–La temperatura interna del proceso y externa (en el dado).

Por lo general, las biomasas residuales como compuestos ligno-celulósicos, aportan la lignina propia como aglutinante.
La lignina definida como un polímero termoplástico y otros fenoles, gomas y ceras se reblandecen a temperaturas superiores. El reblandecimiento de la lignina y su endurecimiento posterior a causa de su enfriamiento, mientras que el material está aún bajo presión, es el factor clave para la formación de la briqueta.

Es un proceso físico dependiente de la temperatura, la presión y el contenido de lignina del material. Envuelve de hecho compresión, fricción entre partículas, deformación y rompimientos celulares, aglutinamientos entre las partículas adyacentes
Las superficies de las partículas entran en contacto interno y la lignina, las ceras y los fenoles reblandecidos térmicamente permiten la adherencia entre las partículas vecinas.

La temperatura, dependiendo de la briqueteadora, se relaciona con la presión debido a la fricción interna entre las partículas y con la pared del dado y algunas veces se usan fuentes externas de calor (se calienta el dado en su sección de entrada).
El que se use un aglutinante externo o no depende de la briqueteadora que se utilice y del material original.

En máquinas de alta presión (>100 MPa), raramente se usa aglutinante externo, en medias presiones (5-100 MPa) depende del material y su compactación, en bajas presiones hasta 5 MPa siempre es necesario añadir aglutinante. Por ejemplo, cuando se calienta la madera sobre su rango de temperatura de plasticidad (165 oC) se pierde su elasticidad y se comprime más fácilmente.

La humedad, repetimos, desempeña un importante papel en la densificación, ayuda a la transferencia del calor y mejora la plasticidad del material. Si el material está muy húmedo o muy seco las presiones necesarias se incrementan drásticamente.
 

Algunas veces se usan aditivos para facilitar el encendido, perfumar, dar color uniforme y mejorar las características del combustible.

El uso de la biomasa como combustible no es una necesidad de los países pobres y subdesarrollados, sino de todos los países del mundo en la lucha contra la contaminación y por lograr el desarrollo sostenible de la vida humana.