Los antioxidantes
y la alimentación

Roberto Mustelier Brossard
Estudiante de 5to. año
de Licenciatura en Ciencias Alimentarias, en el Instituto
de Farmacia y Alimentos,
de la Universidad de La Habana.

Desde la década de los setenta del pasado siglo se ha producido una verdadera eclosión en las áreas de investigación relativas a los radicales libres (RL) y los antioxidantes. Hoy día se ha demostrado la incidencia directa de estos elementos en la salud del hombre y la notable influencia del estilo de la dieta en este contexto.

El conocimiento de los procesos de la oxidación celular y los factores de su control para la prevención de algunas enfermedades degenerativas, resulta de gran significado en el campo de las ciencias médicas.

 

Se consideran RL a aquellas moléculas que en su estructura atómica presentan un electrón impar en el orbital externo, que les proporciona gran inestabilidad y como resultado se convierten en especies muy reactivas.

En nuestro organismo, de forma permanente, ocurre un gran número de reacciones y procesos bioquímicos que dan como resultado la formación de los RL. Dentro de estos procesos se encuentran, fundamentalmente, la respiración celular –que constituye la principal fuente de los RL–, así como la acción de los leucocitos (glóbulos blancos) del sistema inmunitario, que también genera este tipo de sustancia. De esta forma, en el cuerpo humano se produce diariamente una carga oxidante capaz de ocasionar daños a la salud y que, afortunadamente, se contrarresta con la acción de los antioxidantes.

Los antioxidantes son compuestos químicos presentes en el cuerpo humano, generalmente enzimas asociadas a otros cofactores (minerales dependientes), que al reaccionar con los RL disminuyen de forma notable su acción oxidativa y neutralizan su carácter agresivo, que puede implicar la aparición de una serie de trastornos orgánicos y enfermedades como la carcinogénesis, el envejecimiento temprano, el estrés oxidativo y algunas enfermedades oculares (polineuritis óptica, cataratas y otras).


La agricultura orgánica asegura la producción de hortalizas y vegetales,
libres de productos químicos que contaminan las cosechas.

La acción de los elementos antioxidantes se hace aún más necesaria si tenemos en cuenta otros factores externos que favorecen las reacciones de oxidación en el organismo humano, como por ejemplo, el tabaquismo, la contaminación y el tipo de alimentación.
Nuestro sistema biológico está preparado para mantener el equilibrio natural entre oxidantes y antioxidantes. Un adecuado estilo de vida posibilita el desarrollo de los procesos oxidativos dentro de los parámetros normales. Aquí la dieta desempeña un papel primordial.

El descubrimiento de la presencia de elementos antioxidantes en los vegetales ha tenido una enorme repercusión en el terreno de la nutrición humana y fortalece el criterio de la necesidad del consumo prioritario de estos recursos alimenticios. De esta forma, las características antioxidantes de los betacarotenos, las vitaminas C y E, así como algunos minerales que funcionan como cofactores de enzimas con actividad antioxidante, sitúan a los vegetales como elementos indispensables para la dieta en la vida moderna.

Para favorecer la presencia de estas sustancias deben consumirse los vegetales verdes y las semillas oleaginosas que son ricos en vitamina E (alfa-tocoferoles), los vegetales de la gama del amarillo al naranja, que son ricos en provitaminas A (betacarotenos, licopenos y xantofilas), así como los cítricos y algunas frutas abundantes en vitamina C (ácido ascórbico).


El consumo diario de frutas y vegetales permite incorporar
los antioxidantes que necesita el organismo.

Algunos consejos para prevenir la intensificación de los procesos oxidativos pueden ser:

* No realizar funciones con un alto gasto energético que conduzcan a una hiperfunción mitocondrial, como es el caso de los ejercicios extenuantes y la adopción de dietas hipercalóricas e hiperproteicas.
* Evitar la exposición a medios contaminados, respirar aire puro y propiciar el descanso en ambientes naturales.
* Suprimir el tabaquismo y el abuso del alcohol.
* Aumentar el consumo de vegetales.
* Evitar el consumo excesivo de productos fritos sensibles a las reacciones oxidativas.
* Consumir el aceite principalmente en calidad de aderezo de ensaladas.
* Disminuir el consumo de alimentos refinados, como el azúcar refino y las harinas blancas.

Es importante tener en cuenta estos aspectos si queremos propiciar el equilibrio en el organismo entre oxidantes y antioxidantes, y de esta manera evitar el riesgo de padecimientos profundamente asociados a estos factores como es el cáncer, que constituye una de las prinicipales causas de muerte en Cuba y el mundo. El conocimiento de estos nuevos enfoques referidos a la alimentación, avalados por los avances científicos, requiere de una sensibilidad especial que deviene compromiso para contribuir al mantenimiento de la especie humana, con un futuro promisorio.