El calor de combustión y el ahorro de energía

Ovidio Pérez Ruiz
Alfredo Villegas Sáez
Instituto Superior Pedagógico
Carlos Manuel de Céspedes,
Isla de la Juventud.


El conocimiento del calor específico de combustión
de los combustibles permite asumir las formas y los métodos
más eficientes para su utilización.
 

Los fenómenos térmicos son aquellos que están relacionados con la emisión y la absorción del calor. Estos fenómenos pueden ser encontrados en cada actividad que el hombre realiza diariamente: el calentamiento de la atmósfera por la radiación solar, la climatización de los locales por medio del aire acondicionado, la cocción de los alimentos y su refrigeración.

Una característica general de los fenómenos térmicos es que existen cuerpos que ceden energía en forma de calor, y otros que son capaces de absorber dicha energía. Con el objetivo de caracterizar cuantitativamente la emisión o la absorción del calor, se ha establecido el concepto cantidad de calor.

La cantidad de calor (Q) se define como la energía cedida o absorbida por un cuerpo de masa (m), cuando su temperatura varía en un número determinado de grados. La cantidad de calor (Q) está relacionada directamente con la naturaleza de la sustancia que compone el cuerpo. La dependencia de la cantidad de calor con la naturaleza de la sustancia se caracteriza por una magnitud denominada calor específico de la sustancia.

El calor específico de la sustancia se representa con la letra C y se define como la cantidad de calor requerida por la unidad de masa de una sustancia para variar su temperatura en 1 °C. El calor específico (C) se expresa en unidades de energía [joule (J), kilocaloría (kcal), caloría (cal), etc.)] por unidades de masa [(gramo (g), kilogramo (kg), libra (lb), etc.] y temperatura [grado centígrado (°C)].

La fórmula que permite determinar la cantidad de calor (Q) cedida o absorbida por un cuerpo de masa (m) y calor específico (C), cuando su temperatura inicial (ti) varía hasta la temperatura final (tf,), se puede calcular mediante la fórmula: Q = C m (tf - ti ).

En esta fórmula, el resultado numérico de la cantidad de calor (Q) se expresa en unidades de energía: J, kcal o cal. A partir de esta fórmula es posible apreciar que la cantidad de calor (Q) es directamente proporcional a la masa (m) del cuerpo, su calor específico (C) y a la diferencia de temperaturas: (tf - ti).

Un cuerpo de masa (m) puede variar su temperatura inicial mediante un fenómeno térmico si absorbe o cede cierta cantidad de calor (Q). Al considerar que la energía no puede ser creada ni destruida de acuerdo con la ley de conservación de la energía, entonces la energía absorbida (o cedida) por un cuerpo debe, en principio, ser cedida (o absorbida) por otro cuerpo. En estos procesos de emisión y absorción de energía desempeña un papel muy importante el proceso de combustión, ya que en un número considerable de fenómenos térmicos se logra el desprendimiento de energía de los cuerpos, mediante su combustión.

Durante la combustión de los cuerpos, el desprendimiento de calor se realiza de forma diferente de acuerdo con las características físicas y químicas del cuerpo en cuestión. Una magnitud que permite caracterizar cuantitativamente el desprendimiento de calor de los cuerpos durante la combustión, es el denominado calor específico de combustión, que se representa con la letra l.

Se define el calor específico de combustión (l) como la cantidad de calor (Q) que cede la unidad de masa del cuerpo al quemarse totalmente. El calor específico de combustión (l) se expresa en unidades de energía (J) por unidades de masa (kg) y depende del tipo de combustible. Iguales masas de combustibles diferentes, desprenden diferentes cantidades de calor (Q) al quemarse totalmente. De otro modo, masas diferentes del mismo combustible desprenden, también, diferentes cantidades de calor (Q). La cantidad de calor (Q) desprendida por cierta masa (m) de combustible, al quemarse totalmente, puede ser calculada mediante la fórmula: Q = l m.

El calor específico de combustión generalmente se relaciona con los materiales considerados como combustibles tradicionales (petróleo, carbón, alcohol, leña, etc.), pero también puede ser asociado con los combustibles alternativos; por lo que es importante conocer las potencialidades combustibles de diferentes materiales que no se emplean con frecuencia en la combustión, mediante el conocimiento de sus calores específicos de combustión.

Para poder apreciar con más claridad las potencialidades combustibles de los materiales que se emplean en la combustión para lograr el desprendimiento de energía térmica, resulta posible iniciar el análisis con el conocimiento de los calores específicos de combustión de dichos materiales (ver tabla).

Tabla comparativa con los calores específicos de combustión
de diversos materiales que pueden ser empleados como combustibles
en procesos térmicos, donde sea necesario liberar energía en forma de calor.

Material combustible

Calor especifico de combustión(MJ/kg)

Hidrógeno
Gas metano
Gasolina
Petróleo crudo
Queroseno
Carbón
bituminoso
Antracita
Coque
Alcohol etílico
Carbón vegetal
Alcohol metílico
Madera de pino
Cascarón de coco
Turba seca
Leña seca
Turba húmeda
Aserrín seco
Cáscara de arroz
Lignito
Bagazo
de caña seco
Leña verde
Planta
de maíz seca
Aserrín húmedo

142
55
47
47
46
36

35
34
30
30
22
21
20
20
18
16
15
15
13
9

9
9

8

Cuando se estudian los valores relativos a los calores específicos de combustión de los combustibles, se pueden extraer algunas conclusiones de relevante importancia para lograr mayor eficiencia en su empleo.

Resulta interesante apreciar cómo el calor de combustión de la leña seca es el doble del correspondiente a la leña verde. Este hecho nos conduce a concluir que si cierta masa (m) de leña húmeda desprende una cantidad de calor (Q) al quemarse totalmente, entonces, cuando quemamos una masa (m/2) de leña seca podemos obtener la misma cantidad de calor. En otras palabras, al utilizar la leña seca se ahorra la mitad de la madera que se quema. Esto nos indica que durante la utilización de la madera como combustible siempre será más conveniente emplear la leña seca, en consideración a su calor de combustión. En los fogones que emplean leña se puede incrementar la eficiencia de estos, mediante la sustitución del empleo de la leña verde por leña seca.

Si por otro lado se comparan los valores del calor de combustión del carbón vegetal y de la leña seca, se puede concluir que el valor del primero es aproximadamente 1,7 veces mayor. De aquí que la opción de utilizar el carbón vegetal en sustitución de la leña no sea despreciable en términos de eficiencia. Por otra parte, la combustión del carbón vegetal resulta mucho menos contaminante que la combustión de la leña seca. Estos datos demuestran que en lugar de continuar el empleo de la leña en los fogones, sería recomendable incrementar la fabricación del carbón, que es más eficiente por su potencia calorífica y más ecológico como combustible.

Los calores de combustión de la cáscara del arroz y del cascarón de coco muestran que estos residuos tienen propiedades combustibles apreciables. Su combustión debe siempre estar vinculada con procesos productivos, ya que su quema indiscriminada representa la pérdida de grandes cantidades de energía. El calor desprendido al quemar una tonelada de cáscara de arroz, es equivalente a la combustión de 320 kg de petróleo crudo.

Entre los combustibles relacionados en la tabla se destaca el significativo valor del calor de combustión del hidrógeno. Este gas tiene propiedades muy importantes como portador energético y sus potencialidades de obtención a partir de la reconversión de la energía solar están dando resultados muy satisfactorios en la actualidad.

Otro gas, en este caso el metano, tiene también un valor de calor de combustión considerable. El metano, que puede ser obtenido fácilmente mediante la fermentación de la biomasa en los digestores y con un bajo costo de producción, tiene una amplia utilización práctica como combustible, tanto doméstico como en la industria. Su alto poder de combustión indica que el incremento en su producción debe ser un objetivo para garantizar una fuente estable de energía a partir de los residuales de la biomasa.