Manejo ecológico de suelos
y cuencas hidrográficas

 

Francisco González López
General de Brigada (R). Investigador Adjunto del Ministerio de Ciencia,
Tecnología y Medio Ambiente.
Miembro de CUBASOLAR.

Como parte de la contribución cubana
a la celebración de la Convención
de las Naciones Unidas de Lucha contra
la Desertificación en los Países Afectados por Sequía Grave o Desertificación,
en particular África, Energía y tú reproduce varios materiales sobre
la temática.

 

La ciencia clásica da la impresión de considerar el suelo como un soporte inmutable y estático. Sin embargo, este es un complejo natural viviente y constituye el nexo entre lo orgánico y lo inorgánico; como recurso puede ser manejado y modificado, pero estos cambios siempre deberán tener presente las leyes de su funcionamiento interno y desarrollo como un sistema. La experiencia en el uso y manejo del suelo ha demostrado que si se modifica un solo factor del complejo ecológico «suelo», inmediatamente cambian los demás factores al variar el equilibrio del sistema en el que está incluido el factor modificado.

Generalidades del suelo y las cuencas hidrográficas
En la degradación y desaprovechamiento de los suelos influyen varios factores, entre ellos las pronunciadas sequías, la tala y quema indiscriminada de los bosques, el mal uso de los suelos, los torrenciales aguaceros, las inundaciones, la erosión, la compactación y la formación de costras en la superficie de la tierra producto de las lluvias, el pastoreo en algunos terrenos no apropiados para ello y el sobrepastoreo.

Estos y otros factores, junto a la acción irresponsable del hombre, son los causantes de que el mundo sufra el deterioro de los suelos y la pérdida de su calidad, en especial los asociados a las cuencas hidrográficas.

Los principios básicos de la producción vegetal son los mismos en cualquier parte del mundo, pero un manejo errado de los suelos o el empleo inadecuado de la tecnología de los cultivos puede hacer fracasar la economía agropecuaria de la finca, región o el país.

En la formación y conservación de los suelos influyen algunos aspectos que pueden ser establecidos y mantenidos en climas tropicales para posibilitar una producción semejante a la de suelos vírgenes, siempre y cuando se tenga en cuenta la recuperación y manutención de una bioestructura grumosa del suelo, la fertilización orgánica y/o mineral módica y equilibrada, el sombreado del suelo con una cobertura muerta o una capa vegetal densa, el buen sistema radicular de las plantas y el restablecimiento de áreas suficientemente grandes reforestadas, diques y contravientos para estabilizar la temperatura de la región.

 


Dos caras del mismo planeta: zona semidesértica
del valle de San Antonio del Sur, en Guantánamo,
e instalaciones de la hidroeléctrica del Guaso a orillas
del río homónimo, también en la más oriental provincia cubana.

¿Qué es la bioestructura del suelo?
La bioestructura del suelo se aprecia en su forma grumosa, estable al agua, en la capa comprendida entre 0 y 20 cm de profundidad. Puede haber una buena agregación en la capa más baja, pero como esta no es estable al agua se deshace cuando entra en contacto con el agua de lluvia.

Los agregados de formación química son agregados secundarios cuya estabilidad depende de la presencia de materia orgánica. Se denomina agregado a todo agrupamiento de partículas del suelo entre 0,5 y 5 mm de tamaño, independientemente de su densidad, porosidad, presencia de materia orgánica y microvida, así como de su estabilidad o no a la acción de las lluvias.

Esta estructura, formada por grumos o agregados estables al agua, depende de las sustancias y efectos producidos por bacterias, filamentos, algas e hifas de hongos. Por lo tanto, es temporal y requiere de su periódica renovación.

En algunas regiones llaman «gordura de la tierra» a su apariencia grumosa, mientras que denominan «suelos fríos» al suelo compactado.

Como la bioestructura en décadas pasadas no era considerada como factor de producción ni su manejo fue incluido en los paquetes tecnológicos, permanece al mínimo el importante aporte de este factor, lo que limita la producción agrícola en muchas partes del mundo.
El conocimiento de que la «tierra fofa» es fértil y productiva es tan viejo como la historia de la agricultura, de ahí que podamos afirmar que los pueblos que no tratan adecuadamente sus tierras tienen que incorporar a sus cultivos cantidades excesivas de fertilizantes, plaguicidas, mejoradores y laboreos. Por eso la agricultura se torna insegura e ingrata y hasta peligrosa.

Se le llama productivo al suelo que con suficiente agua y nutrientes es capaz de producir cosechas abundantes. Cuando el suelo se «raja» con algunos pocos días de sol, o cuando hay que desechar los terrones, no necesariamente requiere de irrigación porque esté muy seco, sino porque necesita la recuperación de su sistema poroso, de su bioestructura, para que el agua de lluvia pueda infiltrarse.

La erosión
Cuando desaparece la bioestructura se crean condiciones favorables a la erosión, las crecientes y, consecuentemente, la sequía. El origen de estas catástrofes naturales es tan sutil que por mucho tiempo pasa inadvertido. Un suelo desnudo, una tierra seca o la existencia de grumos mal cimentados por falta de materia orgánica revelan la necesidad de actuar constantemente.

Hace más de cincuenta años se descubrió que el verdadero origen de la erosión es la infiltración deficiente del agua en el suelo. Según investigaciones realizadas la cantidad de agua que se infiltra en tres minutos en un suelo selvático nativo puede necesitar hasta doscientos cuarenta minutos en un suelo rastrillado, en un bananal o en un granero.
El agua no permanece mucho tiempo detenida sobre la tierra hasta conseguir infiltrarse, sino se escurre. Por ello es necesario construir terrazas que permitan el escurrimiento moderado del agua; se debe lograr la mejora biofísica e hidrofísica del suelo para controlar las causas de la erosión, la infiltración y el escurrimiento paulatino del agua, es decir, sin violencia.

Sequías y crecientes
Donde existen capas compactadas o densificadas en la superficie del suelo o en poca profundidad, y donde hay costras superficiales el agua de lluvia se escurre en su mayor parte, lo cual provoca la erosión y las crecidas, pues en muy poco tiempo se va escurriendo por el terreno hacia los ríos y causa las más pavorosas inundaciones.
El cultivo de la tierra, la introducción de maquinarias, la construcción de viales mal proyectados y la explotación indiscriminada de los bosques con fines comerciales provocaron que los ríos se fueran azolvando como consecuencia de la gran erosión; los puentes fueron llevados por las aguas debido a la fuerza de las crecientes producto de que los cauces naturales se fueron rellenando.


Cada vez son más frecuentes los fenómenos atmosféricos que devastan zonas boscosas,
como consecuencia de la agresión del medio ambiente por los conocidos
fenómenos del efecto invernadero y el calentamiento de atmósfera.

En un suelo protegido, donde la lluvia no golpea sobre los grumos, sino sobre una cobertura muerta de aproximadamente 5 cm de espesor, más el techado que forman las plantaciones comestibles, nunca habrá escurrimiento ni erosión y se podrán infiltrar 100 mm de lluvia en cinco o seis minutos, lo que será más que suficiente para evitar crecientes e inundaciones.

Hasta el momento el hombre moderno ha tratado de dominar la naturaleza en vez de manejarla. Y la consecuencia es que el medio ambiente se está deteriorando peligrosamente porque todos los factores de un lugar deben constituir un conjunto armonioso. Ningún síntoma es algo aislado, siempre habrá una causa, en la que estará incluido localmente un conjunto de factores que tal vez parezcan aislados, pero en verdad nunca lo están.

Donde hay crecientes, fácilmente hay inundaciones. Estas últimas se tornan cada año más peligrosas, como las ocurridas producto del huracán Mitch.
Desde hace décadas nadie ha visto un río con aguas cristalinas inundar campos y ciudades, porque ya no existen tales ríos.

Los ríos causantes de las inundaciones son turbios, pues arrastran el lodo de la erosión. La inundación lo cubre todo con una capa de limo, que puede ser fértil y posibilitar buenas cosechas durante corto tiempo; pero también puede arrastrar residuos, basura, gran cantidad de piedras y arena, y soterrar cultivos, casas y hasta ciudades, como ocurrió en Centroamérica y el Caribe el pasado año.

Cuando pasan las crecidas de los ríos y las inundaciones, creando cada vez más flagelos, sobreviene imperiosamente la sequía, pues el agua de lluvia no penetró en el suelo, ni aumentó los niveles freáticos, ni alimentó las cuencas nacientes, simplemente se escurrió.
La rectificación de los ríos puede llevar el agua de la erosión y de las crecientes más rápidamente hacia el mar, evitando así las inundaciones, pero nunca podrá evitar las sequías, restituir los niveles subterráneos de agua, hacer brotar las nacientes y mojar la tierra.

Se debe recordar que la modificación de un factor del ambiente modifica a todos. De esta manera la vegetación que crece en suelos severamente compactados o densificados es paupérrima y raquítica, de un xeromorfismo pronunciado, ya que ese suelo es seco, aunque exista un régimen fluvial bastante satisfactorio. Consecuentemente, esa vegetación raquítica no consigue formar las nubes a partir de la humedad atmosférica acumulada, como lo hace el bosque, y se produce la sequía.

¡Sólo el agua que se infiltra puede hacer crecer las plantas! Las precipitaciones tienen muy poco efecto cuando se escurren, y la distribución de la lluvia ayuda también muy poco cuando el agua no puede penetrar en el suelo.

En ocasiones, para mejorar las condiciones del suelo y del ambiente se realizan grandes esfuerzos y gastos mediante la construcción de obras de irrigación que muchas veces traen la posterior salinización de los suelos y su pérdida definitiva, en lugar de las ventajas deseadas.

Conservación del suelo y sistemas de producción
La conservación de los suelos ha de ser considerada como un programa de gran importancia para el país. Por ello resulta necesario desarrollar, en dos vertientes, una adecuada filosofía al respecto.

La primera debe asumirse donde la erosión se manifiesta en gran escala, es decir, en las zonas de desprendimientos de montaña y suelos devastados de las partes menos pendientes; aquí se forman grandes arrastres que rellenan los cauces de los ríos y arroyos, lo que da lugar a que ocupen nuevos cursos y dañen comunidades y áreas fértiles para el cultivo. Para evitar esto hay que realizar inversiones de gran envergadura, pues se necesita utilizar maquinarias adecuadas y un considerable volumen de fuerza técnico-laboral, lo cual debe ser financiado o asumido centralmente.


Nuevos árboles frutales crecen junto al henequén
en la franja costera sur de Guantánamo, una de las más afectadas
por la desertificación y la sequía en Cuba.

La segunda vertiente está dirigida a efectuar un trabajo educativo, con sólido respaldo económico, para convencer a los tenedores de tierra de la necesidad de realizar las prácticas de manejo ecológico del suelo.

En las prácticas y medidas de conservación de suelos se deben tener en cuenta todas las tierras empleadas en el laboreo, e incluir no sólo aspectos forestales, pecuarios y agronómicos, sino las condiciones económicas, sociales y culturales de los agricultores, que comprenden, entre otros aspectos, un inventario de los medios de producción con que cuenta la granja, finca, cooperativa, etc. (tierra, mano de obra, ganado, vegetación, agua, capital, conocimientos...); determinar la posibilidad de cumplir los objetivos de la producción con los recursos disponibles; establecer los

objetivos de la producción (autoconsumo, para la venta, eventos culturales, recreativos...) y llevar un plan que optimice los recursos de la granja, finca, cooperativa..., en el cumplimiento a largo plazo de los objetivos de producción, sin causar el deterioro de la capacidad productiva.

Dentro de este marco, las prácticas y obras de conservación de suelos pueden cumplir las siguientes funciones: permitir la producción sostenida de una actividad rentable y mantener la fertilidad del suelo, y rehabilitar los suelos para facilitar su uso original o uno nuevo. También deben ser considerados cuidadosamente los proyectos de construcción de viales y obras de infraestructuras.


Las fincas de permacultura constituyen
una técnica de probada eficacia para el mejoramiento de los suelos.

Cada productor, estatal o privado, debe incluir en los planes de su granja o finca las medidas apropiadas que garanticen la humedad del suelo, eviten las pérdidas y mantengan la capacidad productiva de la tierra. Estas prácticas contribuirán al aumento de la rentabilidad del cultivo y a la reducción de los riesgos y de las necesidades de mano de obra.

Las fincas y cooperativas constituirían un elemento de gran importancia en el desarrollo rural, a partir de que en ellas se reconozca la existencia de intereses aguas abajo como parte de la ordenación de la cuenca hidrográfica.

La función de las agencias de gobierno, de acuerdo con esta filosofía, cambia: pasa de ser mayormente ejecutora a poner mayor énfasis en la capacitación rural y modificar la actitud de los productores agrícolas y pecuarios.

Estas agencias en el futuro, más que en el pasado, tendrán necesidad de personal adecuadamente capacitado y de fondos para realizar una eficiente labor de extensionismo.

Obras mecánicas de conservación de suelos
Como obras mecánicas de conservación de suelos se consideran las medidas que incluyen movimiento de tierra, construcción de desa-gües, canales de desviación, obras de contención y otras. Su función principal es cortar y modificar la pendiente y absorber o drenar el agua precipitada que sobrepasa la capacidad de infiltración del suelo.

Según alguien expresó «las obras mecánicas de conservación de suelos son parecidas al fundamento de una casa, que no son productivas en sí, pero resultan necesarias para que la parte útil esté asegurada»; sin embargo, permiten que la inversión en semillas y suelos mejorados sea rentable. Para tierras fuertemente inclinadas, de 15 a 50 %, es la única manera de asegurar la agricultura sostenida, y en estos casos se puede decir que las terrazas de bancos crean tierras cultivables, las cuales en cuencas hidrográficas de montaña, con una densidad de población alta, pueden ser indispensables.
Desde hace siglos en distintas partes del mundo hay mucha experiencia en la construcción de terrazas de banco, cuyas tierras aún están productivas.

Prácticas agronómicas de conservación de suelos
Las prácticas agronómicas para conservar los suelos son las que se aplican para mejorar su capacidad de infiltración, asegurar una cobertura adecuada y mantener una buena estructura biofísica. Esto al mismo tiempo aumenta la capacidad productiva de los cultivos, la cual a su vez es la mejor manera de asegurar una buena cobertura vegetal.
Las prácticas agronómicas son efectivas donde la tierra se emplea dentro de su capacidad de uso.

La conservación del suelo
en el ordenamiento de cuencas hidrográficas

La conservación del suelo en las tierras agrícolas de una cuenca hidrográfica tiene implicaciones mucho más allá de la parcela misma, no solamente aguas abajo, sino a nivel del uso de la tierra en la cuenca en general.

Para ilustrar esta importancia es suficiente considerar lo que generalmente ocurre sin estas prácticas, sobre todo en situaciones donde se practica la agricultura de barbecho, una agricultura que no mantiene la capacidad productiva de las tierras cultivables y está en constante necesidad de expansión de las fronteras agrícolas para producir la misma cantidad de alimentos.

Esta expansión va dirigida principalmente hacia las tierras forestales, cada vez más presionadas y marginadas.

Solamente si las tierras agrícolas producen de una manera sostenida puede tener éxito un plan de ordenamiento de la cuenca. Las tierras declaradas de protección forestal sólo se protegen asegurando una buena producción agropecuaria y forestal.

Sistemas silvopastoriles
La agrosilvicultura, en el sentido amplio de la palabra, cubre desde técnicas específicas de cultivos asociados hasta el aseguramiento en general del uso óptimo y sostenido de la tierra por medio de la integración de la agricultura, la ganadería y la silvicultura.
Definida estrictamente, la agrosilvicultura comprende sistemas de uso y manejo de la tierra que incluyen, en la misma parcela simultáneamente o en secuencia, arboles forestales y cultivos agrícolas (sistemas silvopastoriles), o los tres tipos básicos de productos: cultivos agrícolas, forraje animal y productos forestales (sistemas agrosilvopastoriles).

La agrosilvicultura como concepto no debe confundirse con otros términos, como por ejemplo influencias forestales, que cubren todos los efectos que tienen los bosques y los árboles sobre el medio ambiente y sobre la agricultura en particular, y los aspectos socioeconómicos de la producción forestal por los tenedores de tierra.


La introducción de cada nueva especie debe realizarse a partir
de un estudio integral de las implicaciones medioambientales y productivas.

La agrosilvicultura forma parte del concepto de actividad forestal en el uso de la tierra y en el ordenamiento del territorio. Sin embargo, no cualquier tipo de combinación de árboles forestales, pastos y cultivos agrícolas se califican como sistemas agroforestales. Se requiere además quesu combinación sea efectuada consecuentemente en forma sistemática y con el propósito de producir varios tipos de productos; que el sistema sea el resultado de una interacción importante, tanto ecológica como económica entre varios tipos de cultivos; y que el sistema mantenga o en lo posible mejore la capacidad productiva de la tierra.


En el manejo integral de las cuencas hidrográficas debe potenciarse
la diversidad biológica.

Por otro lado, tanto los sistemas tradicionales como los nuevos sistemas pueden tener las características necesarias para ser identificados como agroforestales. En efecto, una gran parte de los esfuerzos de científicos agroforestales, desde la concepción de la agrosilvicultura como una ciencia moderna, han estado dedicados a intervenir, describir y analizar los sistemas tradicionales de uso, a veces durante siglos.

Consideraciones básicas ecológicas
La vegetación natural de los trópicos se caracteriza generalmente por su gran variedad de especies, capaces de utilizar eficientemente el potencial productivo que ofrece la región, en cuanto a energía solar, precipitaciones y profundidad y fertilidad del suelo.

El cultivo en limpio de granos básicos, tubérculos y otros cultivos anuales en forma de monocultivo crea una situación en la cual el suelo queda expuesto a la erosión, por el agua o por el viento; los rayos del sol calientan y secan la superficie del suelo y forman una crema; el cultivo puede hacer pleno uso de las precipitaciones solamente un corto tiempo, entre los 40 o 50 días, la profundidad de las raíces en algunos cultivos es uniforme y a veces solamente superficial. Todas las plantas necesitan el mismo tipo de nutrientes.
La agrosilvicultura busca las ventajas de la diversidad de especies combinadas con cierto arreglo sistemático, que permitan una producción práctica y rentable.

Los sistemas que se seleccionan para los ensayos y las investigaciones son los que prometen combinar árboles forestales con cultivos agrícolas o especies forrajeras, mantienen el suelo cubierto con residuos de hojarascas; lo protegen contra el viento y el sol con raíces a diferentes profundidades, con exigencias distintas de nutrientes, y permiten el paso de la maquinaria agrícola, a la vez que facilitan el control de plagas y malas hierbas.

Se entiende fácilmente que este propósito se logra muy pocas veces y la ciencia agroforestal por el momento se encuentra en una situación donde abundan las propuestas teóricas, que muchas veces resultan demasiado complicadas, o simplemente sobreoptimistas, para la puesta en práctica de este proyecto de manera rentable por los tenedores de tierra.

Consideraciones básicas sobre cuencas hidrográficas
Nuestros bosques tropicales representan los ecosistemas de mayor diversidad ecológica del planeta, los más productivos si se manejan adecuadamente sus suelos, los más importantes para el mantenimiento del equilibrio ecológico entre los sistemas vivientes, y los que hacen los mayores aportes para la estabilidad ambiental del planeta.

Dada la interrelación existente entre la conservación de suelos y las cuencas hidrográficas, sólo queda destacar que en las cuencas hidrográficas de montaña o cuencas altas, y en particular en las laderas cuya aptitud natural resulta la del bosque, es donde se aprecian las mayores degradaciones producto de la destrucción de la cobertura vegetal, entre otras causas, por la pérdida de suelos, la inestabilidad de las laderas y en el régimen de las aguas, lo que provoca grandes arrastres que bajan por las laderas sin nada que los contenga, y que inexorablemente bajan a los ríos y ocasionan los desastres a los que nos hemos referido anteriormente.

Causas que originan la degradación
Las causas naturales son las pendientes fuertes, la deleznabilidad litológica, la agresividad climática, la erosionabilidad de los suelos, el escurrimiento superficial, la torrenciabilidad pluviométrica y otras.

Las causas sociales-económicas resultan la deficiente organización social, la alta densidad poblacional en las vertientes, el uso de tecnologías inapropiadas, las prácticas agrícolas adaptadas a condiciones que ya no existen, los bajos niveles de empleo e ingresos, la falta de incentivos que conduzcan al hombre de campo a cambiar su mentalidad, los inadecuados mecanismos de comercialización y la escasez de recursos financieros, entre otras.


Justo en el límite entre la franja de suelo ésteril
del Consejo Popular Yateritas y una nueva zona verde, los pobladores
conformaron con piedras una frase simbólica: Bosque de la amistad.

¿Qué hacer?
Para contrarrestar las causas de esa degradación hay que intervenir con una política conservacionista, aunque es bueno alertar que se requiere para su éxito de plazos de tiempo prolongados y del aporte de recursos materiales por parte de los gobiernos.
Se hace necesario tomar una serie de medidas para mejorar la decadente situación de las cuencas hidrográficas, entre ellas:

* Frenar urgentemente la tala y quema indiscriminada de los bosques, por las consecuencias conocidas.
*l Crear nuevos bosques en las laderas ya degradadas con asociación de árboles nativos.
* Formar especialistas y naturalistas-conservacionistas en las universidades y centros politécnicos y especializados.
*Los gobiernos deben prestar mayor atención y brindar recursos para frenar el gradual incremento de la degradación de las cuencas hidrográficas y las pérdidas de suelo en todo el mundo.

Ante nosotros está la terrible situación de destrucción de nuestro planeta, si no somos capaces de frenar a tiempo el acelerado deterioro de los ecosistemas. La máxima es pensar de manera global y actuar de manera puntual.