Patrimonio cultural
y sustancias tóxicas

Por Beatriz Moreno Masó

El hombre, en su afán de preservar su herencia cultural, aplica
diversas técnicas de conservación-restauración, pero debe prever el correcto uso de las sustancias tóxicas que utiliza en esos procesos.

 

El inexorable paso del tiempo genera en los bienes culturales los mismos problemas que en los objetos de cualquier tipo: se ensucian, se corroen, pierden solidez y colorido. También son atacados por un sinnúmero de plagas irrespetuosas. En su afán de conservar el patrimonio cultural e histórico, nuestros especialistas emplean un conjunto de sustancias y reactivos que en ocasiones afectan su salud y contaminan el medio ambiente. El propósito de este trabajo es dar a conocer algunos elementos de esta problemática, así como las medidas que se toman para evitar males mayores.

¿Cómo se pueden presentar estas sustancias tóxicas y afectar al conservador-restaurador?

Las sustancias tóxicas pueden presentarse en las más diversas formas: polvos, humos, vapores y gases. Las vías por las que penetran a nuestro organismo son varias: a través
de la piel, por las vías respiratorias y la gastrointestinal. Se asume que en nuestro caso esta última variante es muy poco probable. Por lo tanto, los accesos principales de las sustancias tóxicas al organismo ya están definidas. Otro aspecto sobre el que se debe estar claro es que el efecto tóxico de una sustancia está relacionado con la exposición
a esta. Esto es lo que plantea la Ley de Hober: exposición = concentración x tiempo.

Esta ley debe tomarse con precaución, ya que no es recomendable exponerse a concentraciones elevadas ni siquiera en tiempos muy cortos. No obstante, resulta imprescindible pensar en ella, pues nos pone de manifiesto que aún concentraciones pequeñas pueden hacernos daño si nos exponemos demasiado tiempo.

Los factores que determinan el grado de intoxicación resultante de una exposición se relacionan con la afinidad del tejido humano con la sustancia dada, por lo que existen diferencias notables entre individuos. El cuerpo tiene defensas, como las membranas mucosas que interceptan sustancias a la entrada de las vías respiratorias. Pero estas defensas no actúan por igual en todos los individuos. No obstante, se trabaja usualmente con valores umbral de concentración permisible, que son valores promedio recomendados por los especialistas sobre la base de estudios realizados en un gran número de casos.

Estos valores umbral se expresan en ppm (partes por millón) para gases y vapores, y en mg/m3 para polvos. Sin embargo, es necesario destacar que se trata de valores determinados para exposiciones a una sustancia tóxica particular, y no a un conjunto de ellas que actúan simultáneamente. En un taller de conservación-restauración es usual que estén presentes varias sustancias tóxicas, y la posibilidad de la existencia de efectos sinérgicos que resultan de la combinación de todas ellas es elevada, aunque la concentración de cada una esté por debajo de los valores permisibles.

Sustancias usadas en la conservación-restauración

Existen seis grandes grupos de sustancias utilizadas en la conservación-restauración: agentes de limpieza, adhesivos y consolidantes, anticorrosivos y controladores de pH, materiales pictóricos, plaguicidas y otros.

El carácter obviamente tóxico de los plaguicidas hace que sean utilizados con suma precaución por todos los conservadores-restauradores, ya que resulta natural pensar que una sustancia capaz de matar a un ser vivo puede hacernos daño. Por este motivo, se trabaja en cámaras de fumigación con medidas de seguridad que no sean violadas conscientemente. También se han desarrollado métodos no químicos para la destrucción de las plagas, que no se describen en este artículo. Tampoco se analizan los materiales pictóricos.

A continuación haremos una breve descripción de las acciones maléficas de algunas sustancias de uso común en nuestros talleres.

Agentes de limpieza
La limpieza es uno de los puntos más controvertidos de la conservación-restauración,
y constituye objeto de profundos ensayos filosóficos. Es de esperar que un objeto antiguo no puede relucir como recién salido de la mano del hombre, sino que debe estar afectado por la pátina del tiempo, lo cual le da autenticidad y le imprime un goce estético incomparable. No obstante, existe un total acuerdo acerca de que si la suciedad no permite una lectura racional del objeto, entonces es preciso acometer una limpieza que satisfaga las ansias de disfrute del objeto patrimonial. Del conservador-restaurador es la responsabilidad de definir el punto crítico de este proceso. Además, existen pátinas destructoras que deberán ser eliminadas en su totalidad, para ser sustituidas por pátinas adecuadas para la estética de la pieza y que no comprometan su estabilidad futura. Un ejemplo de esta problemática es la limpieza de la pintura de caballete por la oxidación de los barnices.

Todos hemos visto pinturas antiguas en las cuales se dificulta la visión de lo pintado debido al oscurecimiento del barniz. El proceso de eliminación de estos barnices es una operación de sumo cuidado en la cual interviene un proceso de investigación previa que tiene por objeto determinar cuál es el disolvente más adecuado para llevar a cabo este proceso sin afectar la capa pictórica, que naturalmente es sagrada.

En el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM) se imparte anualmente un curso de esta cuestión y mediante su profesora principal, la licenciada Zaida Sarol, se pueden conocer las soluciones recomendadas para la eliminación de barnices resinosos. Dentro de los componentes utilizados se encuentran el isopropanol y el tolueno. El isopropanol es un irritante local y en altas concentraciones se comporta como un narcótico, y puede causar lesiones en la córnea y daños en la vista, nariz y garganta si la concentración sobrepasa 400 ppm. El tolueno puede traer benceno como impureza. Si la concentración es elevada genera falta de coordinación y aumenta el tiempo de respuesta. Si la concentración es elevada puede narcotizar y generar el estado de coma. Entre los 200 a 500 ppm puede dar dolor de cabeza, náusea, falta de apetito, mal sabor en la boca y otros problemas. Naturalmente, los profesores están conscientes de estos problemas y recomiendan siempre el uso de los medios de seguridad pertinentes, pero esto no significa que siempre se tomen en cuenta.

Adhesivos y consolidantes
Es evidente que al fracturarse una pieza, el deseo del conservador-restaurador es poner todos los pedazos en su sitio. Para ello cuidadosamente unirá los fragmentos teniendo
en cuenta los parámetros del sistema de tensiones que se forma en la unión adhesiva.
Una de las resinas más populares en estos procesos son las epóxicas, que son sustancias de alto peso molecular. Sus propiedades fantásticas como adhesivos se evidencian cuando reaccionan con agentes curantes que las convierten en polímeros mecánica y químicamente muy fuertes. Estos agentes son, por lo general, aminas alifáticas y aromáticas. Pero estas sustancias tan útiles, aún estando curadas, pueden contener residuos de agentes tóxicos como las mencionadas aminas orgánicas. Además, si se eleva la temperatura, los humos pueden resultar altamente tóxicos. Pueden causar irritaciones y reacciones alérgicas. Se ha demostrado en animales que han perturbado la formación de la sangre.

Controlador de Ph
Uno de los factores fundamentales del deterioro del papel es el elevado grado de acidez, que llega a tornar quebradizas las hojas, fenómeno que resulta muy acuciante sobre todo
a partir del comienzo de la fabricación del papel en forma industrial. Es interesante notar que los papeles más antiguos, hechos a mano en el siglo XVII o antes, tienen mejor estado de conservación que las publicaciones del XXI y el XX. Por este motivo, los procesos de deacidificación forman parte de la rutina diaria del conservador-restaurador.

El producto Book Keeper es un spray a base de hidróxido de magnesio, cuya función es precisamente disminuir la acidez, elevar el pH de los papeles y, además, crear una reserva alcalina en el material, previendo el futuro. Este producto tiene la bondad de actuar como consolidante. Sin embargo, el hidróxido de magnesio es un irritante de la piel y puede causar severos problemas si no se toman las medidas pertinentes. Una orientación adecuada del viento en el local de trabajo puede ser una solución para este problema.

Combate de la corrosión
La limpieza de objetos metálicos oxidados con ácidos es algo que no es muy recomendado por los especialistas en la materia, y deben usarse métodos alternativos.
No obstante, si se trata de piezas que no tienen ese valor extraordinario, suelen usarse ácidos muy diluidos y posteriormente se lleva a cabo un proceso de neutralización para evitar males mayores. En muchos casos se limpian piezas metálicas con ácido nítrico diluido.

Este producto crea vapores cuya composición está formada por varios óxidos de nitrógeno, así como de ácido nítrico. El resultado es una atmósfera altamente tóxica capaz de irritar severamente las membranas mucosas de los ojos, las vías respiratorias y la piel. También afecta los dientes.

Otro producto muy utilizado en compresas sobre el bronce corroído es el agua amoniacal. Esto no es más que hidróxido de amonio diluido. Su vapor es altamente tóxico e irritante,
y puede causar quemaduras en forma líquida.

Medidas de protección e higiene
Estas medidas de protección e higienes ante las sustancias tóxicas pueden clasificarse
en dos grandes grupos: las de carácter ingenieril y las personales.

Dentro del primer grupo, la primera variante es la sustitución de las sustancias tóxicas por otras que cumplan el mismo cometido con igual efectividad, eficiencia económica y accesibilidad, y que no sea nociva. Esto no resulta nada fácil, ya que a los requerimientos normales de todo proceso, en conservación-restauración es preciso tener en cuenta la reversibilidad de nuestras acciones sobre los bienes culturales y el enorme valor que poseen. La otra variante es el trabajo en campana. Estas instalaciones debían ser más abundantes en nuestros talleres, porque no son tan caras de construir y poseen muchas bondades. Además, una ventilación adecuada, ya sea local o general, puede ser una excelente solución a muchos problemas sin generar gastos adicionales.

Dentro de las medidas personales, la primera de todas es la educación del personal en todo lo referente a la protección e higiene del trabajo. Además, se deben realizar exámenes médicos periódicos a los trabajadores expuestos. Los equipos de protección
e higiene sólo deben ser utilizados cuando las medidas de protección ingenieril sean inaplicables. Las máscaras de protección sólo deberán utilizarse cuando las exposiciones sean cortas (minutos) y de baja frecuencia (unas diez veces al día). Es preciso que los filtros se renueven periódicamente.

Sólo una formación sólida en la disciplina de protección e higiene del trabajo permitirá que nuestros restauradores se mantengan saludables durante su vida laboral.

Es lamentable tener que señalarlo, pero no en todos los lugares en que se acometen estas importantes tareas se cumplen las más elementales normas para resguardar la salud de nuestros trabajadores. Además, también se conocen casos en que existiendo los equipos necesarios, no son utilizados por dejadez de los trabajadores y falta de exigencia por parte de los directivos. También son ya frecuentes dentro de la esfera de la restauración, especialistas aquejados de alergias, dermatitis y otras enfermedades.

Está claro que existen regulaciones arquitectónicas para los edificios históricos que impiden la instalación de extractores en lugares visibles y otro tipo de soluciones para la existencia de un aire más limpio dentro de los talleres de restauración. No obstante, si existen tantos talleres de esta actividad en La Habana Vieja, los arquitectos pueden encontrar soluciones viables para la adecuación de los locales en donde trabajan nuestros especialistas. Un ejemplo de ello es el proyecto de la Casa de la Obrapía, en donde se restauran importantes obras del casco histórico habanero (allí, se restauraron las gigantes piezas de Vermay que hoy están en el Templete).

Después de un profundo estudio de las moléculas nocivas que allí se encontraban se determinaron las características del sistema que se debería instrumentar. Es interesante saber que la presión interior de estos locales debe superar ligeramente a la exterior para favorecer la salida de los gases. Ya pasaron de la fase de diseño del sistema y está en vías de instalación un sistema de extracción de los agentes contaminantes para lograr que se trabaje en una atmósfera limpia y saludable, para el arte y los seres humanos.