Residuos sólidos urbanos

 

Por
Roberto Pérez Morán

La mal llamada «basura» puede
y debe convertirse en un eje temático omnipresente en la educación ambiental de la población.

 

El mal manejo de los residuos sólidos urbanos (RSU) constituye en la actualidad uno de los problemas ambientales que afectan a la gran mayoría de los países del mundo, por la cantidad de recursos económicos y tecnológicos que son necesario invertir para evacuarlos hacia lugares adecuados, así como por las grandes extensiones de terreno que se necesitan para estos fines, entre otras complicaciones, como la peligrosidad de algunas de sus fracciones.

En Cuba el manejo de los residuos sólidos urbanos constituye también un problema aún no resuelto que se acrecienta por las limitaciones económicas propias de los países del Tercer Mundo, y de modo muy especial por ser un país bloqueado económica y tecnológicamente; no obstante, se han logrado discretos resultados en la recuperación, reuso y reciclaje de desechos industriales, tanto en el sector comercial como en la población.

Por lo general, cuando se aborda esta problemática es para hacer alusión a los problemas ambientales que provocan su mal manejo y a las cada vez mayores extensiones de tierra necesarias para la construcción de «basureros», o tal vez para lamentar los elevados volúmenes de materias primas que se entierran. Pocas veces se piensa en los recursos energéticos necesarios para su transportación desde el lugar de origen hasta su destino final tradicional y, por lo tanto, en el ahorro de energía que podría alcanzarse si se realizara una recogida selectiva de ellos, para su posterior reutilización o reciclaje.

Para iniciar estas reflexiones se hace necesario definir algunos conceptos y referir algunos datos estimados que puedan acercarnos a esta problemática en Cuba.

Residuos sólidos urbanos: Son aquellos que resultan del consumo ordinario en las casas, escuelas, comercios y otros centros de servicios, siempre y cuando esos residuos no tengan la calificación de peligrosos.

Fracciones de los RSU: Se refiere a los diferentes componentes que los integran; se diferencian por su origen, ya sea orgánico o inorgánico. Entre las fracciones más comunes se destacan los compuestos orgánicos, el papel, el vidrio y el plástico.

Los últimos estudios realizados en Cuba plantean una generación diaria de
4 000 toneladas, para un promedio de 0,5 kg por habitante cada día, con la siguiente composición en Ciudad de La Habana: residuos orgánicos (59,45 %), papel y
cartón (20,34 %), vidrio (3,62 %), metales (6,23 %), plástico (1,68 %), textiles (3,36 %),
madera (0,6 %), cuero y hueso (0,44 %) y otros (3,19 %).

Tomando como referencia estos datos, y a pesar de los esfuerzos que realiza cada año la Empresa de Recuperación de Materias Primas mediante sus más de 240 casas de compras, el Movimiento Estudiantil Recuperadores del Futuro y las diferentes campañas masivas de recogida de materias primas en diferentes fechas señaladas, se dejan de recuperar aproximadamente más de doce mil toneladas de papel y cartón, tres mil toneladas de vidrio, seis mil toneladas de metales y otros desechos reciclables, para los cuales se requiere de una costosa tecnología, mientras que más de 60 % de los residuos sólidos que se generan corresponden a la fracción orgánica que puede ser reciclada mediante económicos procesos de compostaje familiares y municipales, lo cual contribuiría a disminuir los volúmenes de RSU que se transportan hacia los vertederos,
lo que permitiría prolongar su vida útil y disminuir el área física.

Al menos en Ciudad de La Habana se generan como promedio 1 100 t/día de RSU, los cuales son necesario transportar hacia los diferentes vertederos oficialmente establecidos, con el correspondiente esfuerzo de cientos de trabajadores de los Servicios Comunales, así como el gasto de combustibles fósiles de los diferentes medios que se utilizan.
Para fundamentar nuestras reflexiones en datos numéricos nos basamos en la cantidad de habitantes de Ciudad de La Habana, considerando el promedio de RSU que genera cada ciudadano, así como los porcentajes que representan sus diferentes fracciones.

La ciudad de La Habana posee actualmente una población de 2 200 000 habitantes, que como se planteó anteriormente generan 0,5 kg de RSU por persona cada día, lo que equivale a 1 100 t/día.

Los medios de transporte que se utilizan en Cuba son muy variados, tales como equipos de tracción animal y vehículos motorizados que consumen gasolina o petróleo. Tomando como hipótesis que estos vehículos posean una capacidad para transportar once toneladas de RSU, con un consumo de siete litros de combustible promedio, tendremos que se necesitarán cien viajes diarios para trasladar los RSU hasta los vertederos establecidos, con un consumo de 700 L de combustible. Además, esta actividad repercute en la contaminación atmosférica de nuestras ciudades y campos, ya que la combustión de cada litro de petróleo que se consume genera más de 800 g de CO2, que si lo multiplicamos por la cantidad de combustible fósil que es necesario consumir diariamente para la transportación de más de cuatro mil toneladas diarias en todo el país constituyen volúmenes considerables.

Residuos orgánicos
Como se expresó, en Ciudad de La Habana los residuos orgánicos constituyen 60 % del total de los RSU, lo que significa en términos numéricos 660 toneladas diarias. Si lográramos separar todos los residuos orgánicos se necesitarían sesenta viajes para su transportación y un gasto de 420 L diarios de combustible.

De este modo, la mayoría de los viajes que se realizan en la ciudad para deshacernos de la mal llamada «basura», en su gran mayoría van cargados de residuos orgánicos que bien separados de las restantes fracciones constituyen la materia prima para desarrollar un proceso milenario llamado compostaje, que permitiría fabricar un importante abono natural para nuestros huertos y parcelas.

En algunos países desarrollados ya se practica esta técnica a gran escala. A pesar de sus grandes beneficios su instrumentación masiva es muy costosa, pero cada ciudadano que tenga condiciones en su vivienda puede practicarlo con un mínimo de recursos materiales y económicos.

Papel y cartón
El 20,34 % de los RSU en Ciudad de La Habana pertenece a esta fracción, lo que en términos numéricos puede representar la generación de 220 toneladas diarias como promedio y, por tanto, para ello se necesitan realizar veinte viajes con los medios antes mencionados y con un consumo energético de 140 L de combustible.


Una tonelada de papel que se recicla evita la tala de diecisiete árboles de diez años de madurez; por tanto, si no logramos reciclar esas 220 t/día será necesario talar
3 740 árboles/día en Cuba o en otro lugar del mundo.

Además, por cada tonelada de papel que se recupera se ahorra 61 % del agua y 3 %
de la energía que se consume durante el proceso con el material virgen.

Hace pocas décadas estas realidades pasaban inadvertidas por los medios de prensa
y los ciudadanos en general. Pero la necesidad de promover un importante componente
de la educación integral de los ciudadanos, que es la educación ambiental, hace que hoy miles de niños, jóvenes, profesionales, científicos y estadistas en todo el mundo, y en nuestro país, piensen y participen en la solución de esta importante problemática ambiental.

Y para esta gran batalla, además de grandes recursos tecnológicos y económicos, se necesita concebir instrumentos educativos más eficientes e integrar cada vez más
la dimensión ambiental para un desarrollo sostenible, tomando con mayor intensidad la problemática de los residuos sólidos urbanos como eje temático en los diferentes subsistemas de enseñanza, desde la preescolar hasta la universitaria.

Debemos enseñarle a los niños y niñas, a los jóvenes, a las amas de casa, al trabajador
y a todos los ciudadanos cómo darle solución de una forma práctica a los residuos que generan sus actividades diarias, tales como la separación en el hogar, en el centro de estudio o de trabajo, de las diferentes fracciones de dichos residuos; cómo hacer un compostero, cómo identificar y clasificar los diferentes tipos de plásticos o cómo obtener papel manufacturado, entre otras actividades.

En todas estas acciones se debe procurar integrar los diferentes protagonistas de la educación general que pueden converger en este eje temático, tales como el energético,
el ambiental, el de salud, el patriótico, el ético, entre otros, sobre la base de satisfacer hoy nuestras necesidades básicas de una forma digna y solidaria para que las generaciones futuras no tengan que sufrir la irracionalidad y la falta de humanismo de esta «era tecnológica».