Uso racional
de los equipos electrodomésticos

 

Por
Pablo Roque Díaz*

Reflexiones sobre lo que puede y debe hacer la población cubana en relación con el uso racional de los equipos electrodomésticos.

 

Como parte de la revolución energética que se desarrolla en Cuba este año, se ha iniciado la distribución masiva en la población de equipos electrodomésticos destinados a sustituir los combustibles tradicionales en la economía doméstica, y en particular en la cocción y conservación de alimentos, en el calentamiento de agua para el aseo, en la iluminación y en otros usos que contribuyen a elevar el nivel de vida y bienestar del pueblo. Aunque han sido seleccionados entre las ofertas disponibles aquellos que resultan más eficientes, algunos de ellos trabajan con relativas altas demandas de potencia eléctrica que pueden ser en algunos casos cercanas o sobrepasar los 1 000 W, o sea, un kilowatt.

¿Cómo utilizarlos eficientemente y con seguridad?
A continuación se relacionan algunas ideas básicas y sugerencias que permitirán sacar el máximo provecho de cada uno de los equipos electrodomésticos, mientras se consume la menor cantidad posible de energía, se mantiene la seguridad de la operación y se incrementa la vida útil de los equipos.

Acomodo doméstico de carga
El acomodo de carga consiste en la planificación racional del momento en que se conectan y desconectan los equipos eléctricos, a fin de no sobrecargar las plantas generadoras, las líneas y sus componentes principales. Aunque es un concepto conocido y utilizado desde hace mucho tiempo en la práctica industrial y en otras actividades productivas y de servicios, resulta prácticamente desconocido en la actividad doméstica diaria. Algo se da a entender cuando en las campañas de divulgación y de educación nos orientan apagar las luces y otros equipos eléctricos innecesarios en el horario pico (entre 6:00 y 10:00 p.m., en dependencia de la época del año). Si hacemos eso, realmente estamos aplicando una medida elemental de acomodo de carga: retirar demanda eléctrica en el momento en que ésta resulta mayor en el país. Y si cumplimos esta orientación, si apagamos un bombillo de 60 W en cada uno de los más de dos millones y medio de hogares que hay en el país, reduciríamos la demanda nacional en ese momento en nada menos que 150 MW, que es aproximadamente la mitad de la conocida Central Termoeléctrica Antonio Guiteras.

También contribuimos a disminuir la demanda nacional en el horario pico si nos abstenemos de utilizar en ese tiempo los demás equipos eléctricos. Pero, dado que su objetivo es garantizar la comida de la familia, que precisamente casi siempre comienza a elaborarse después de la jornada laboral, en este caso probablemente la tendencia cada vez más creciente será incrementar el uso de estos equipos en ese horario. Por lo tanto, las primeras reglas de acomodo doméstico de carga serán:

Primero: Desconecte todos los equipos innecesarios en el horario pico.
Segundo: Si debe preparar comida para varios días (por ejemplo, frijoles), trate de hacerlo en otros horarios. Con este fin, las horas de madrugada son las más deseables, pues se produce un decrecimiento considerable de la demanda nacional (pico inverso o valle), que sería muy conveniente llenar con demanda adicional, ya que el costo de producción de la energía resulta mucho menor en ese horario.

Tercero: Si prepara algún alimento que ha de consumirse frío, trate de elaborarlo lo más temprano posible, fuera del horario pico. Reserve la cocción en horario pico para los alimentos que se sirven calientes.

Estas medidas contribuyen de manera eficaz a mantener las demandas máximas nacionales en límites racionales y son de aplicación general. Sin embargo, existen otras razones que justifican las medidas de acomodo más cercanas a nuestra propia realidad cotidiana. Éstas se refieren a los efectos negativos que tienen los elevados consumos de corriente eléctrica que acompañan a la operación de equipos de alta potencia. La corriente eléctrica se mide en ampere (A), y para muchos de los equipos de utilización doméstica puede calcularse dividiendo la potencia en watt (W) demandada por el equipo, por la tensión (conocida por voltaje) de trabajo de la línea (unos 110 V en nuestro país). Así, por ejemplo, una olla arrocera que demanda una potencia de 750 W hará conducir una intensidad de corriente de 750 W/110 V = 6,8 A.

Los conductores o cables eléctricos deben conducir estos amperes desde la línea hasta los equipos consumidores y regresar (generalmente van en pares); han de tener el grosor necesario según sea mayor o menor la corriente que deben transportar, lo que se mide mediante el calibre o diámetro del conductor. Cada conductor posee una capacidad segura de transporte de corriente que no debe sobrepasarse, pues en ese caso se produce un recalentamiento (elevación de la temperatura) del propio cable conductor, de su aislamiento y de los empalmes (los lugares donde se unen o conectan unos con otros). Cuanto más se sobrepase la capacidad de corriente de un conductor de determinado diámetro, más se calentará, lo que en casos extremos puede llevar a que se funda, interrumpiendo la alimentación del equipo. En ocasiones provocará otros daños, cuando el calentamiento de los contactos o empalmes pueda deteriorar los tomacorrientes, interruptores o sus partes plásticas, o incluso iniciar la combustión del forro aislante del cable o del material de las paredes o techo de la edificación por donde pasa, lo que puede dar lugar a un incendio.

Para evitar lo anterior, las líneas eléctricas generalmente poseen dispositivos de protección que interrumpen la alimentación de corriente cuando su valor sobrepasa el límite seguro, entre otros, los llamados «caballitos» de las líneas de distribución, y los fusibles o «breakers», que se disponen generalmente dentro de las instalaciones domésticas o industriales. La capacidad en ampere de cada uno de estos dispositivos, generalmente viene indicada en él. Sin embargo, en ocasiones se comete la imprudencia de sustituirlos por pedazos de alambre, de los cuales se desconoce su capacidad de corriente, que si bien permiten alimentar de corriente la línea que estamos utilizando, no brindan protección alguna contra su sobrecarga.

La corriente es aditiva, es decir, si se conectan varios equipos a un mismo conductor, la corriente que circulará será la suma de las que cada uno consumiría si trabajara solo. Y de esa manera, conectando varios equipos consumidores se puede sobrepasar la capacidad segura de la instalación eléctrica, lo que resulta más peligroso en instalaciones viejas o deterioradas, y en aquellas construcciones de madera o de otros materiales que por ser combustibles representan riesgos reales de incendio. Es cierto que entre los objetivos planteados de la remodelación del sistema hacia la electrificación doméstica, está la rehabilitación y modernización de las instalaciones eléctricas, pero en casos concretos la distribución masiva de equipos electrodomésticos se ha adelantado a la referida rehabilitación. Es por ello que la tendencia a utilizar simultáneamente los nuevos equipos representa un peligro real en muchos casos, que viene a sumar una razón más a la necesidad de apagar equipos eléctricos en el horario pico para su adecuación a las posibilidades del Sistema Electroenergético Nacional.

Una cuarta regla de acomodo de carga doméstica sería: No conecte simultáneamente varios equipos eléctricos de alta demanda de potencia. Es preferible escalonar su utilización en el tiempo, de manera que no se sobrecarguen las líneas de la instalación doméstica.

En particular, en los equipos de la cocina, si fuera necesario elaborar los alimentos en el menor tiempo posible, sería buena práctica preparar todos los ingredientes que se van a procesar, y después ir utilizando, por turno, cada uno de los equipos de cocción, tratando de no conectar varios de ellos simultáneamente a la misma línea.

Además, si hay operaciones que pueden realizarse en otro momento, como bombear agua o utilizar la lavadora o la licuadora, no dude en hacerlo antes o dejarlo para después.
E incluso, desconectar por un rato el equipo más crítico, el refrigerador o cualquier otro dispositivo consumidor que se encontrara trabajando en ese momento.

Efecto del crecimiento de la resistencia eléctrica con la temperatura
Casi todos los equipos de cocción o calentamiento actualmente en uso poseen una resistencia eléctrica como elemento activo de calentamiento. El calentamiento se produce por disipación de energía eléctrica en un conductor que por oponerse al paso de la corriente provoca una conversión de esa energía en calor o energía térmica. Como ya se expresó, la potencia eléctrica viene dada por el producto de la intensidad de corriente por la tensión (W = V x A); pero cuanto mayor es la resistencia, menor será la intensidad de corriente y, por lo tanto, la potencia consumida.

La resistencia de los equipos eléctricos de calentamiento aumenta con la temperatura a la que trabajan, por lo que en general consumirán más corriente cuando estén fríos que cuando se encuentren calientes a su temperatura normal de trabajo. La diferencia puede ser notable. Por lo tanto, cada vez que desconectamos un equipo de estos después de haber estado a su temperatura de trabajo, lo dejamos enfriar y lo conectamos de nuevo, estaremos pasando repetidamente por un régimen de trabajo (el calentamiento inicial) en el cual el equipo demanda más potencia y consume más intensidad de corriente.

Una quinta recomendación sería: Cuando realicemos varias operaciones de cocción con un mismo equipo, es preferible preparar todos los ingredientes y organizar todas las operaciones para que pueda comenzar la siguiente una vez concluida la anterior, sin pausas entre ellas, con lo cual tendrá una sola operación de calentamiento.
Estas reflexiones no agotan las probables recomendaciones en relación con la organización de la operación de los equipos electrodomésticos, pero las que aquí se aportan deben ser de utilidad. Y aunque algunos términos especializados pueden resultar confusos e incluso incomprensibles, probablemente miles de no especialistas tendrán que comenzar a emplearlos con mayor frecuencia, para poder adaptarse a la nueva situación energética del país, y en especial a la administración de la energía en el ámbito doméstico.

* Doctor en Ciencias Técnicas. Profesor de la Facultad de ingeniería Mecánica de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.
e-mail: proque@uclv.edu.cu