El juego como vía
de educación ambiental

Por
Leida Santamarina Valdés*

La Educación Ambiental no es aún en nuestras escuelas una asignatura específica, de impartición especializada. No obstante, como esfera del conocimiento hoy en día necesaria, se ha orientado que sea abordada dentro de las asignaturas afines con el tema, es decir, en aquellas en las que la inserción ambiental resulte coherente. Esto es conveniente, sin duda, pero insuficiente, puesto que la temática ambiental queda en definitiva rezagada, condicionada a los espacios que el maestro decida abrirle dentro de su asignatura específica. Aparición que resultaría dispersa, o inclusive atomizada, de una forma nada pedagógica.

 

La conciencia ambiental en lo concerniente a la ecología, la protección y conservación de la biodiversidad y los ecosistemas, el desarrollo sostenible y otros temas decisivos en el mundo de hoy, y más aún para el de mañana, no puede depender de ese insuficiente soporte educacional; además, por sus características temáticas y connotaciones prácticas, para su formación y desarrollo también resulta necesario rebasar el sistema de enseñanza basado en el método exposición/análisis, que en este caso conduciría a una teorización superficial. No se ha de apurar el camino para hacer de este tema una asignatura, pero ello tampoco deberá impedir que se realicen, desde ahora, acciones concretas que contribuyan a su comprensión.

Para la formación de la conciencia ambiental, sobre todo en los jóvenes, resulta de gran utilidad la realización de actividades prácticas que les propicien su interacción con el entorno; acciones que los sensibilicen con realidades perceptibles del medio que los rodea, con sus componentes visibles y sus afectaciones también reales.

Está demostrado pedagógicamente que las técnicas educativas de participación activa de los estudiantes, en las clases y actividades docentes, contribuyen muy significativamente a fijar en ellos los contenidos temáticos. Por otra parte, los mensajes televisivos, animados o reales, los afiches, los artículos e inclusive los escritos realizados por los propios alumnos sobre los problemas ambientales y sus posibles soluciones, todos ellos herramientas de reconocida utilidad, resultan también insuficientes, acorde con la importancia del asunto y la creciente gravedad de las afectaciones.

Ante tales realidades, es conveniente considerar y poner en práctica, científica y educacionalmente, ese reconocido instrumento pedagógico que es el juego, en este caso concebido, diseñado y ejercitado con finalidad docente cognoscitiva, y mantenerle su carácter entretenido y recreativo, tan necesario para los jóvenes. De faltar éste, el propósito educativo se frustraría.

Los juegos didácticos de participación grupal arrojan resultados cognoscitivos elevados, si son portadores de esos conocimientos y están enfocados hacia ese fin. Es bueno recordar que el juego les significa y aporta a los niños y jóvenes lo que la actividad laboral al adulto: la aprehensión íntima y práctica de la experiencia vivencial. Mientras más pequeños son los individuos que lo realizan, niñas y niños, el juego adquiere mayor significado y relevancia, de ahí que las escuelas primarias lo utilicen como una de sus herramientas pedagógicas principales.

La necesidad de jugar surge en el niño por instinto, como manifestación natural de su necesidad de vincularse con las personas y los objetos que lo rodean; es, por tanto, una expresión temprana de su inteligencia y vocación participativa, así como también una forma de expresar sentimientos, deseos y estados de ánimo. La potencialidad educacional del juego para el desarrollo pleno de los infantes es inmensa, invaluable.

En la medida en que se desarrolla la persona, esta va transformando al juego y lo complejiza; por lo general, tiende a reforzar sus rasgos de actividad grupal, a la par que acrecienta también su carácter de vehículo para interpretar roles e interactuar con el entorno, sin dejar por ello de seguir siendo una manera de lograr recreación y esparcimiento.

A partir de la espontaneidad del juego para niños y jóvenes, y de su necesidad como actividad vital, los adultos, padres y maestros, pueden y deben aprovecharlo para desarrollar en aquellos facultades como la imaginación y la observación, la creatividad y la destreza, preparando con ello su incorporación social de forma natural y equilibrada, decidida y responsable.

Las actividades concebidas para un fin específico, en este caso las de Educación Ambiental, resultan más efectivas cuando el sujeto participa activamente en ellas, o en todo caso, cuando las mismas se simulan de forma comprensible y vívida para el participante. Mediante su acción el sujeto forma parte de esa realidad, y ante ella asume roles y responsabilidades; además, al tratarse de una actividad grupal está expuesto a comentarios de variado tipo, favorables o no a su desempeño, todo lo cual acrecienta su grado de compromiso con el asunto en cuestión.

Una persona aprende más sobre determinada materia cuando está rodeado de otras igualmente interesadas, siempre que el aprendizaje sea vivencial y le resulte agradable y creativo; también se acrecienta su interés si durante el proceso el sujeto recibe determinados estímulos, lo cual es un recurso muy eficaz y frecuentemente utilizado.

Por medio de juegos y actividades dinámicas se pueden lograr excelentes resultados en la educación ambiental, comenzando por la etapa o fase de la familiarización con el tema, centrada en la asimilación de los conceptos básicos y necesarios para la formación de la cultura ambiental. Le continúa la fase de reproducción de los conocimientos adquiridos, y eventualmente, según las características del sujeto, la de producción de conocimientos propios, fase en la que también se pone de manifiesto, junto a la iniciativa individual, el grado de conciencia ambiental que se vaya alcanzando a lo largo del proceso. Por último, se llega a la fase de conformación de alternativas de posibles soluciones al problema dado, como máxima expresión de los conocimientos alcanzados.

Este artículo es realmente la introducción al tema que indica su título. A partir del próximo número de Energía y tú, y en los siguientes, expondremos un proyecto de educación ambiental dirigido a los jóvenes, concebido para las condiciones de Cuba y que puede realizarse en nuestras escuelas del nivel medio de enseñanza. Este proyecto se desarrolla mediante juegos y actividades prácticas concebidas pedagógicamente, manteniendo la dinámica recreativa y la secuencia de etapas o fases mencionadas con anterioridad. Por su concepción y características, el proyecto actúa también, simultáneamente, como estimulador del desempeño intelectual del joven participante.

* Licenciada en Educación Laboral e Informática.
Profesora General Integral del IPVCE Lenin, Ciudad de La Habana.