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COCCION
DE ALIMENTOS
En la cocción de alimentos se consumen 1,2 millones de toneladas de
combustible convencional por año, necesidad que fue cubierta hasta
1989 mediante la importación de combustibles. En el 75-80% de las
viviendas se usó el queroseno que conjuntamente con el gas licuado
y el gas manufacturado cubrieron el 98%. A los precios actuales esto
significa unos 260 millones de dólares en combustibles importados,
anualmente.
En el sector estatal se generalizó el consumo de diesel, hasta algo
más del 50%.
La baja eficiencia de las cocinas de queroseno y diesel, 40%, sumada
al alto precio de estos combustibles, los hacen desventajosos con
relación al gas. Además, el mercado internacional del queroseno se
ha ido deprimiendo en razón de su no utilización, por loque para
este servicio se ha tenido que importar turbocombustible.
A esto hay que añadir unas 85 mil toneladas de alcohol como
combustible de precalentamiento, para cuya producción se requieren
425 mil toneladas de mieles, valoradas en unos 21 millones de dólares.
De 1989 al 92 se ha producido un descenso significativo en la
importación de los combustibles para la cocción, que se ha
enfrentado directamente por la población y las entidades mediante
la explotación indiscriminada del fondo verde y en cierta medida
con portadores energéticos destinados a otros usos.
Esta disminución de los combustibles de importación ha creado dos
problemas fundamentales, uno social, al haberse afectado
sensiblemente el nivel de vida, y otro ambiental, ya que el fondo
verde del país está siendo sobre-explotado en un grado
considerable.
La solución a los combustibles para la cocción de alimentos
constituye uno de los retos más graves y complejos que debemos
enfrentar, por la afectación a la población y el significativo
nivel de recursos que demanda.
No se vislumbra una solución única a este déficit de combustibles
en lo inmediato, sino mediante una acción integrada de los
esfuerzos hacia los principales factores que pueden posibilitar su
solución progresiva.
Todo indica que será necesario tratar de mantener disponibilidades
de queroseno y gas licuado de petróleo al menos en un monto similar
al de 1992, con el objetivo de asegurar un cierto nivel de
combustibles de uso tradicional.
Adicionalmente a esto habrá que trabajar de forma simultánea en el
incremento sostenido de la eficiencia energética en este servicio y
en la búsqueda de los posibles combustibles alternativos para los
territorios que no podrán ser abastecidos por los de importación.
ESTRUCTURA
DEL CONSUMO DE COMBUSTIBLES PARA COCCION
EN EL SECTOR RESIDENCIAL |
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Mediante el
incremento de la eficiencia energética en la cocción será posible
disminuir los niveles de importación o aumentar el servicio con la
misma disponibilidad de divisas, para lo cual los principales
factores a considerar son:
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Conversión
a los combustibles más eficientes.
-
Generalización
de las cocinas más eficientes para cada combustible.
-
Generalización
de ollas de presión
-
Niveles
adecuados de reparación, fabricación de piezas, regulación y
mantenimiento de las cocinas de gas licuado, gas manufacturado y
queroseno, y de las ollas de presión, así como de su reposición.
-
Lograr la
más alta participación posible de alimentos cocidos
industrialmente.
En cuanto a
los combustibles alternativos nacionales hay varios de considerable
potencial, pero no disponibles en gran escala a corto plazo.
La leña ha venido cubriendo el déficit actual de importación,
pero mediante la sobre-explotación del recurso.
La paja de caña presenta un notable potencial, aunque para su uso
masivo en la cocción se requiere de su densificación o
briqueteado, aspecto no despejado aún lo suficientemente. Este
combustible alternativo pudiera ser localmente el de participación
más cercana a gran escala, si su desarrollo se prioriza
consecuentemente.
La turba tiene también un gran potencial, tampoco disponible a
corto plazo. El biogás, el gas natural y otras biomasas residuales,
representan soluciones locales más inmediatas.
Las alternativas de posibles soluciones tendrán que ser
consideradas en el tiempo, sin perder de vista su proyección
perspectiva, en la cual tendrían que prevalecer las soluciones
energéticas más económicas y socialmente más convenientes. Por
ello se prevé la completa conversión del queroseno y el diesel a
gas.
Una acción en esto podría ser la progresiva conversión de
queroseno a gas licuado, comenzando en Ciudad de La Habana, así
como el incremento del servicio de gas manufacturado en la capital
hasta saturar las posibilidades de la red existente.
En la perspectiva también podría considerarse la posibilidad de ir
a la gasificación de la biomasa, o la turba, así como la
electrificación progresiva del servicio, cuando las condiciones lo
aconsejen.
En cada periodo será necesario considerar también la producción
nacional de las cocinas eficientes según el tipo de combustible
empleado y de sus componentes.
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