|
Todo nuestro pueblo, todos
los trabajadores, todos nuestros jóvenes,
nuestros estudiantes. Incluso, nuestros
pioneros tienen que tomar conciencia
de la energía, de sus perspectivas futuras.
...mientras no seamos un pueblo realmente
ahorrativo, que sepamos emplear con sabiduría y
con responsabilidad cada recurso,
no nos podremos llamar un pueblo enteramente
revolucionario.
Fidel Castro Ruz
Clausura I Forum Nacional de Energía
Diciembre de 1984
|

|
La importancia estratégica de la energía para nuestro país se hizo patente desde los primeros momentos
de la Revolución, cuando los Estados Unidos la utilizaron como arma para tratar de ahogarla, cortando el
suministro de petróleo.
Comenzamos entonces a recibirlo de la antigua Unión Soviética en cantidad suficiente y en condiciones de
intercambio mutuamente ventajosas, situación que en general prevaleció hasta los últimos años.
Ante la llamada crisis del petróleo de 1973, en los países industrializados comenzó a desarrollarse una
política en varios sentidos simultáneos, entre los que están el potenciar la búsqueda de fuentes energéticas
alternativas al petróleo y el incremento máximo de la eficiencia en el uso de todas las formas de energía,
especialmente con el desarrollo de tecnologías y equipos de uso final de una alta eficiencia energética,
técnicas fuertemente controladas por las transnacionales.
Coincidentemente con esto, en estas dos últimas décadas también se ha desarrollado la conciencia en torno
a los serios problemas del medio ambiente, cuyo deterioro ha estado muy vinculado al uso desmedido de los
combustibles fósiles en los países industrializados.
Esta creciente importancia ambiental, que se ha llegado a convertir en un factor político, le adicionó
un peso aún mayor a la necesidad de buscar alternativas a los combustibles fósiles y al desarrollo de la
eficiencia energética, con el objetivo de alcanzar los mayores resultados socioeconómicos posibles con
energías limpias y con un mínimo consumo.
La realidad histórica es que nuestro país no se vio afectado por la crisis petrolera de 1973, ni por las
subsiguientes, lo que nos permitió, en esos años de crisis para muchos países, continuar nuestro desarrollo
en forma sostenida.
No obstante esa estabilidad, esa seguridad, desde los primeros años de la década del 80 el país se planteó
la necesitad de establecer una política energética orientada a alcanzar una máxima eficiencia y ahorro de
energía, especialmente en el petróleo y sus derivados, así como a intensificar el aprovechamiento de los
recursos energéticos nacionales.
En su discurso de clausura del Primer Forum Nacional de Energía, en 1984, el Comandante en Jefe Fidel
Castro Ruz trazó las líneas estratégicas de nuestra política energética, que conservan toda su vigencia
y que han servido de guía para el trabajo en este campo en todos estos años.
Consecuentemente, en esa etapa se comenzó a adoptar una serie de medidas dirigidas al reforzamiento
integral de la actividad y muchas instituciones de investigación inscribieron la energía entre sus
actividades priorizadas.
Producir o prestar servicios con un menor consumo de energía pasó a ser un objetivo de creciente
importancia en las instituciones del Estado; en la Industria Azucarera se eliminó el uso del petróleo
combustible en la producción de azúcar crudo y los índices de consumos energéticos en sus producciones
de derivados disminuyeron sensiblemente, lo que también se logró en la generación de electricidad en las
plantas térmicas, en la producción de cemento, tejidos y muchas otras actividades.
En correspondencia con ese enfoque, durante los años subsiguientes se fue acumulando una sólida base
de conocimientos y experiencias en esta esfera que resultó después decisiva ante la brusca disminución
de la importación de combustibles que hemos sufrido en el último periodo. En prácticamente 2 años el país
tuvo que reducir sus importaciones de combustibles a la mitad a lucha por las soluciones energéticas
pasaron al centro de los esfuerzos de todos los organismos y los territorios, de numerosos especialistas,
técnicos y trabajadores.
La experiencia adquirida en todo ese proceso está plasmada en el presente Programa, cuya elaboración
ha sido el resultado de una amplia concertación de criterios entre los organismos, los gobiernos de las
provincias y el Municipio Especial Isla de la Juventud.
Su realización ha sido posible a partir del análisis de las potencialidades de las fuentes nacionales de
energía y de su participación creciente en la solución de los problemas energéticos. A los efectos de su
estudio, dichas fuentes se estructuraron en 8 grupos, entre los que se consideró la eficiencia energética
en razón de su potencialidad.
El incremento de la eficiencia es un objetivo permanente a perseguir en el uso de todas las formas de
energía la y es particularmente importante en la utilización de los combustibles importados derivados
del petróleo, que seguirán estando presentes en el balance energético del país y por tanto en nuestras
erogaciones de divisas.
El objetivo central de el Programa es precisamente trabajar por la reducción progresiva de esa importación,
hasta llevarla a la mínima expresión técnica y económicamente más conveniente, por medio de su uso más eficiente
y su sustitución por fuentes nacionales e energía.
El Programa no agota el análisis de dichas fuentes en extensión ni en profundidad. Las ideas en él contenidas
formarán parte del futuro programa energético del país, que deberá contemplar otros aspectos relativos a nuestra
política energética.
Razones prácticas aconsejaron dedicar particular atención a aquellas ideas y posibilidades de efecto más inmediato
en una primera etapa, período más claro en cuanto a las posibles tareas a acometer.
En etapas posteriores el Programa plantea fundamentalmente líneas por las que se deberá continuar el desarrollo
en la búsqueda de soluciones energéticas nacionales, cuya consecución tendría un notable efecto socioeconómico y
político, principalmente por su contribución a la estabilidad y aseguramiento energético del país y al desarrollo
de la economía sobre una base más eficiente.
Producto de la difícil situación económica actual, las etapas del Programa no pudieron enmarcarse en plazos de
tiempo, como se pretendió. No obstante, su identificación permite dar una idea de la secuencia que deberán tener
los esfuerzos que hagamos, particularmente los esenciales.
La primera etapa corresponde al periodo en que el aporte anual de las fuentes nacionales de energía logre alcanzar
un peso similar, dentro del balance total de los consumos energéticos, al de los combustibles importados en 1992.
A partir de ese momento la segunda etapa sería el periodo en el cual dicho aporte anual llegara a duplicar el peso
que tuvo en 1992, es decir, hasta alcanzar el equivalente a unos 8 millones de toneladas de combustible convencional,
lo cual, sumado a los combustibles importados al nivel de 1992, permitiría contar con una cobertura energética similar
a la de 1989 y con una eficiencia energética de la economía mucho mayor.
La etapa más perspectiva sería a partir de alcanzarse ese objetivo.
Las limitaciones existentes impiden disponer de inmediato de todos 1os recursos que la ejecución del Programa impone,
así como establecer compromisos cuyo aseguramiento ulterior hoy tampoco pueda definirse; no obstante, las líneas de
acción acordadas serán válidas y conservarán su vigencia independientemente del momento en que pudieran acometerse.
De hecho, en la medida de las posibilidades se han estado dedicando recursos a varios de los objetivos, como son
los programas petrolero, de la Agroindustria Azucarera, de los bosques energéticos y de las micro, mini y pequeñas
centrales hidroeléctricas, la importación y fabricación de bicicletas, la fabricación de molinos de viento y la
construcción de plantas de biogás, a lo que se agregan los trabajos de investigación y desarrollo del aprovechamiento
de los residuos cañeros, la turba y de la energía solar, entre otros.
Por otra parte, disponer de este Programa nos permitirá determinar con mayor precisión las prioridades del uso de
los recursos que podamos ir teniendo en cada momento, avanzar aceleradamente en aquellas acciones que dependen de
nosotros mismos sin necesidad de inversiones y orientar la inteligencia y el esfuerzo de nuestro pueblo hacia aquellos
objetivos que mayor contribución puedan aportar.
Es necesario tener presente que de acuerdo a los avances tecnológicos que se están produciendo en el campo de la
energía, se requiere mantener la máxima atención a la investigación y al seguimiento e incorporación de los que sean
aplicables a nuestras condiciones, como es el caso del hidrógeno, la más amplia utilización de la energía solar, la
gasificación de la biomasa, la diferencia de temperatura de las aguas del mar próximas a nuestras costas y otros.
Adicionalmente al estudio de las fuentes energéticas, sus potencialidades y requerimientos, el Programa se orientó
también hacia la búsqueda de soluciones a problemas concretos de la economía o de tipo social, como el de los
combustibles para la cocción de alimentos, el transporte y la producción de materiales de construcción, entre
otros.
El Programa será objeto de un seguimiento sistemático a fin de permitir su ajuste a las realidades de cada momento
y a las nuevas posibilidades que vayan surgiendo, mediante un Método de Control basado en análisis desde la base,
hasta los informes periódicos que han de rendirse al Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.
Si bien corresponde a los especialistas, técnicos y trabajadores de la energía mantenerse como hasta ahora en el
centro de este enorme esfuerzo, el empeño ha de envolver a toda la nación para que sea con la amplitud y la permanencia
requeridas.
El desafío energético que enfrenta el país rebasa lo puramente tecnológico. Los aspectos educativos y la divulgación
por los medios masivos han de jugar un rol decisivo en el necesario desarrollo de la cultura de toda la población sobre
la energía.
Las acciones que en medida creciente se han venido desplegando en relación con los problemas energéticos, demandan,
a la par que de un sostenido aliento y estimulo, de la necesaria orientación. El carácter tan complejo y variado de
las tareas energéticas y la dimensión de los esfuerzos a que estamos urgidos, exige un trabajo sistemático que vaya
creando y sedimentando no solo la conciencia en torno a este tema, sino también el conocimiento, la experiencia, el
dominio de las distintas manifestaciones de la energía, todo lo cual aconseja disponer de este Programa para poder
orientar, concertar y organizar esos esfuerzos en la dirección más adecuada.
Es de la máxima importancia la prioridad que brindan a las tareas energéticas el movimiento del Forum de la Ciencia
y la Técnica, los Innovadores y Racionalizado-res, las B.T.J., los sindicatos, las organizaciones de masas y la propia
población, que ha demostrado una altísima sensibilidad comprensión y espíritu de colaboración ante estos problemas.
Por estar fuertemente basado en el incremento de la eficiencia energética y del uso de las fuentes renovables, este
Programa tiene también una connotación ambiental muy positiva y su progresiva materialización se inscribe entre las
acciones más significativas de Cuba en esta esfera.
El conjunto de las líneas de trabajo contenidas en el Programa de Desarrollo de las Fuentes Nacionales de Energía,
aprobado por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, fue elaborado por un grupo de trabajo presidido por la
Comisión Nacional de Energía, en coordinación con la Junta Central de Planificación y la Academia de Ciencias, e
integrado por organismos de la Administración Central del Estado, con la activa participación de los territorios
y de cientos de especialistas y técnicos.
La compleja situación internacional y el bloqueo que mantienen los Estados Unidos contra nuestro país, dificultan
el acceso a las fuentes de financiamiento, suministro y tecnologías, indispensables para su materialización.
No obstante esas realidades, el continuar esforzándonos por aprovechar al máximo los recursos energéticos con
que contamos, con eficiencia, inteligencia y tenacidad, es parte esencial de la batalla que libramos en defensa
de nuestra Revolución.
|
|