Energía y paz
Por Angelo Baracca (Universidad de Florencia, Italia)
| Es interesante analizar las fuentes energéticas por su intrínseca
potencialidad o vocación, pacífica o militar. Hablo de "pacífica", y no de
"civil", y veremos que es importante: las sociedades dichas
"civiles" no suelen ser "pacificas". Además, el término paz
tiene que ser generalizado.
La guerra suele referirse a enfrentamientos sangrientos entre seres humanos, pero hay muchas víctimas humanas sin guerras: creo que la mayoría puede atribuirse a los comercios ilegales (de hombres, mercancías o droga) o a enormes intereses económicos, donde no son extrañas las fuentes energéticas. |
![]() |
Por otro lado, parece cada vez más claro que no puede haber paz entre los hombres y perspectiva sostenible e igualitaria (las dos cosas me parecen estrechamente enlazadas) si no se establece una "paz", una relación de armonía y equilibrio, con la naturaleza y sus recursos:
Veamos los diferentes aspectos que consideran las fuentes de energía y el tratamiento de los recursos
Las fuentes fósiles son instrumentos de poder económico y político. El italiano Enrico Mattei fue asesinado en 1962 por su intento de establecer una relación directa con los países productores de petróleo.
En 1973 estalló la crisis petrolífera. Tras las guerras económicas para el control de las fuentes de energía, la guerra contra Iraq estalló en 1991, seguida por un bloqueo que ha causado cientos de miles de víctimas, en su mayoría niños, y por la voluntad actual de EE.UU. de realizar otro ataque militar (cuando, por otra parte, Israel se niega impunemente, después de decenios, a aplicar las resoluciones de la ONU).
Sin mencionar la situación que se ha creado en Cuba con el derrumbe del campo socialista. Por último, hace falta recordar la insostenibilidad ambiental de las fuentes fósiles, la agresión al medio ambiente que se manifiesta en los problemas locales y globales.
El análisis debería integrar los abonos químicos, y otros aditivos que deberían aumentar y mejorar la producción agrícola. Se conoce el fracaso de las "revoluciones verdes" basadas en la química, el empobrecimiento del suelo, los procesos de desertificación.
Tragedias como la de Bophal, India en la década de los setenta, recuerdan que una forma de explotación del imperialismo es la de transferir las producciones peligrosas a países subdesarrollados.
Añádase que la naturaleza y el ciclo productivo de varios abonos se diferencian muy poco de los de varios agentes químicos militares: la conexión con la guerra es más directa de lo que se piensa. En 1996 se logró un acuerdo mundial de desarme químico, pero muchas potencias no lo firmaron, y ¡hay muchas plantas químicas "civiles" que pueden transformarse muy fácilmente en productoras de agentes de muerte!
Es necesario hablar de basura y desechos, en su mayoría productos de la sociedad de consumo y el despilfarro. Los desechos tóxicos y peligrosos están sujetos a comercios ilegales, de los que resultan agresiones a los países pobres.
La solución al problema reside en primer lugar en limitar la producción de basura, con leyes sobre la confección de los productos (aunque cho-quen con el mercado), y a continuación considerar la basura como un recurso: recolección diferenciada, recuperación, reciclaje, producción de abono a partir de la componente orgánica e incineración de una componente controlada con recuperación de energía. Por ejemplo, las latas de bebidas son un grave problema no sólo en Cuba.
Como último aspecto veamos la energía nuclear: yo creo que la producción de energía nuclear es una tecnología intrínsecamente no pacífica.

A pesar de las opiniones sobre la seguridad y rentabilidad de las plantas electronucleares y la posibilidad de gestionar los deshechos, se tiene que admitir que ¡si se han producido casi 100 000 bombas nucleares, no se ha logrado construir un gran numero de centrales! Ni vale tampoco referirse a la oposición de las poblaciones: ¡la gente no es menos desfavorable a las bombas! Hay que reconocer que hay problemas intrínsecos.
Una planta nuclear "civil", por su naturaleza, necesita de una organización y de un control que se parecen más a los de estructuras militares, y que chocan con un control democrático.
Cada tipo de instalación nuclear necesita en realidad de un control autoritario: se pueden aceptar sólo usos que sean limitados y controlados, sanitarios o técnicos.
Por fin, en cada planta electronuclear se producen grandes cantidades de plutonio, el explosivo nuclear ideal (con cualquier tipo de plutonio, aún no de tipo militar, es posible construir bombas).
Existen enormes cantidades de plutonio el elemento más tóxico conocido, prácticamente ineliminable que tiene un período de semidesintegración de 24 000 años! Dejaremos este problema no sólo a nuestros hijos, sino a más de 4 000 generaciones de descendientes.
En contraposición con las examinadas, las fuentes renovables tienen una vocación de uso pacifico que no hace falta discutir en detalle, porque es el tema central en Energía y Tú.
Pero hay el peligro de control y explotación de esas fuentes bajo una lógica de ganancia y de mercado capitalista, que aumenta el costo y limita las inversiones.
En este sentido Cuba es un ejemplo para todo el mundo. Me parece fundamental criticar el concepto de tecnologías avanzadas, y substituirlo con el de tecnologías apropiadas: la nuclear se consideraba avanzada, mientras que pienso que solo es "complicada".
Las tecnologías "avanzadas" sirven para conquistar mercados, desarrollar consumos, asustar a los países débiles. Cada país debería elegir y desarrollar tecnologías apropiadas a sus necesidades, sus recursos, su medio ambiente, su crecimiento equilibrado: y así podría también liberarse de la dependencia económica y técnica. Esto es lo que demuestra Cuba.
Po eso creo que el término desarrollo, y su contraparte subdesarrollo, tendrían que ser sustituidos con términos más adecuados: los términos no son "neutros", y a menudo traicionan una subalternidad conceptual o ideológica al orden existente, sumado a nuestra incapacidad de concebir algo realmente independiente de ello.
Cuando hablamos de "desarrollo", aún si agregamos "sostenible", me parece que siempre pensamos, por lo menos implícitamente, en un crecimiento de los bienes materiales, o sea en última instancia en análisis comerciales, mercancías: pero el mercado inevitablemente implica acumulación de capitales, control económico, explotación, despilfarro de recursos.
Recuperemos el concepto marxista de valor de uso, definamos los bienes (humanos y naturales) que son verdaderamente necesarios para el bienestar, los bienes no necesarios y las prioridades entre ellos.
No podemos pensar en un desarrollo basado en un aumento del producto bruto: !un verdadero "desarrollo sostenible" no permitiría un aumento ilimitado del producto bruto mundial!
Por supuesto los niveles de bienestar tendrán que crecer, pero según otros parámetros: entre ellos el equilibrio y la armonía con la naturaleza y sus recursos (humanos y materia-les; lo que está estrechamente relacionado con el concepto general de paz que discutía).
Deberíamos buscar un término, un concepto, ya por sí mismo independientes de los valores del mercado, del modelo de los países "desarrollados occidentales".
Una posible idea es el término de "crecimiento", con la especificación de "equilibrado", o "armónico". Cada país tiene en primer lugar que recuperar sus propios recursos, valorizar sus tradiciones: no para pararse en ellas y con ellas, sino para aumentar la riqueza de valores de uso en la medida que lo permita la naturaleza.
En segundo lugar deviene importante el intercambio paritario, igualitario y solidario de bienes que un país tiene y otro no, pero sin ningún espíritu de dominación, de "colonización", ni de ganancia.