Alí Wattwatt y el humo negro

Por Bruno Henríquez

Ilustración: Anto

 

  En la soleada ciudad donde vive Alí el transporte es un gran problema por eso para recorrer distancias que no eran muy grandes y después de su experiencia con los ómnibus y camellos decidió salir en la bicicleta.

Como persona cuidadosa y dada a buscar la máxima eficiencia tomo todas sus medidas de seguridad, incluso llevaba en su bolsa una recámara de repuesto por si acaso se ponchaba.

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El humo de los camiones y automóviles le golpeaba el rostro, restandole visibilidad y provocándole una insoportable tos que le hacía llorar.

Cuando conversó con los choferes, muchos de ellos tenían la equivocada idea de que cuando más humo salía por el tubo de escape, el vehículo avanzaba más rápido, o lo que es lo mismo, que su fuerza era superior.

Esa idea errónea había sido propagada por los agentes de la banda de la Entropía. Por eso los propietarios y conductores de vehículos automotores no se preocupaban por que sus carros estuvieran afinados. De esta forma, se utiliza más combustible recorriendo menos distancia, mientras el aire se contamina poco a poco. Nadie prestaba atención al hecho de que el aire envenenado por los gases de escape atenta contra todos, no sólo de los ciclistas y peatones.

Alí se fue a visitar a su amiga Silvia Rodríguez , especialista en estas cuestiones. Ella le entregó un ejemplar del número 3 de la revista Energía y tú, donde ella explicaba que el humo de los carros significaba más un derroche que un signo de desarrollo.

Las vías respiratorias de los ciclistas, los peatones, y demás seres humanos, también sufren por el ataque de los contaminantes. El número de enfermos con irritación de las mucosas y la conjuntiva aumentaba en la ciudad de una manera alarmante.

Los carros que emitían el humo negro eran camiones, ómnibus, jeeps, con chapas tanto estatales como particulares, todos contaminaban el ambiente de la ciudad sin preocuparles ni la poca visibilidad en la vía, ni los efectos que estos traían sobre la salud.

Las sustancias que forman los contaminantes del aire producidos por el transporte automotor son , en su mayoría, monóxido y dióxido de carbono y nitrógeno, partículas de polvo en suspensión, plomo, más la parte del combustible que no se ha quemado completamente.

Los contaminantes del escape de los carros puede eliminarse al hacer una combustión lo más completa posible. Esto se puede lograr recirculando los gases del tanque de combustible, el carburador y el cárter. Otro modo de eliminar el molesto humo negro es transformando los productos de escape en sustancias no nocivas por medio de convertidores catalíticos. También se usan otros tipos de filtros para eliminar las partículas sólidas.

Por suerte, en sus indagaciones, Alí se enteró que en esos días había sido aprobada una nueva ley que regulaba la limpieza del aire. En la ley se incluían severas penas a quienes permitieran que el humo negro continuara contaminando la ciudad. También supo que los defensores del medio ambiente se preparaban para derrotar a los bandidos de la Entropía. Los mecánicos de los talleres, alertados por Alí, le explicaban a los conductores cómo afinar sus carros. De ese modo, ayudaron a evitar que la ciudad fuera invadida por el humo negro.

¿ Y en la tuya?